lunes, 22 de agosto de 2016

"UNA NOVIA DE SHANGHAI" SE ESTRENA EL 29 DE SEPTIEMBRE

(Información de prensa) Una novia de Shanghai (Argentina / China, 2016), de Mauro Andrizzi, llega a las salas cinematográficas el próximo 29 de septiembre. El filme, protagonizado por Lorena Damonte, Jiao Jian, Hu Chen-gwei y Sun Yu-han, cuenta con música de Moreno Veloso y Daniel Melingo.


Dos slackers que sobreviven como pueden en las calles de Shanghai tienen algunos problemas cuando un fantasma los contrata para cruzar la ciudad cargando un ataúd robado de un cementerio, para poder unir a una pareja de amantes más allá de la muerte. Historia de amor, con un fantasma enamorado como uno de los personajes protagónicos. Película callejera, sinfonía de ciudad con el exotismo de Shanghai de fondo. 


La experiencia de filmar en Shangai 
por Mauro Andrizzi 
Pude filmar una película en China. El grupo Swatch me dio la posibilidad de desarrollar un proyecto en Shanghai, invitándome allá por seis meses a un hotel histórico en el corazón de la ciudad. El proyecto que yo había presentado era filmar un largo de ficción, hablado en Chino mandarín, y trabajar con técnicos y actores chinos. Si bien había ido a Shanghai previamente, ya había pasado mucho tiempo, y la ciudad cambia muy rápido. Entonces, el desafío era filmar en una mega ciudad que apenas conocía, en un idioma que no hablo, y armar equipo sorteando la barrera del idioma. En seis meses tenía que buscar las locaciones, los actores, los técnicos, presupuestar una y otra vez, reescribir el guión todo el tiempo, y finalmente filmarlo. Y volver a Buenos Aires para hacer la post producción. Viajé a Shanghai el 1° de mayo con un guión bajo el brazo, y con el apoyo de un grupo de productores argentinos que se la jugaron por el proyecto desde el inicio: Pablo Salomón, Juan Solanas, Gustavo Burochowicz, Carlos Abboud y Fabián Nielsen. 


La barrera idiomática con el Chino mandarín es una auténtica cordillera. Hice un intensivo antes de irme, para entender los fundamentos más básicos del idioma, pero allá realmente me sirvió para muy poco. Así que la comunicación a veces era en inglés. Pero como la gran mayoría de chinos que conocí no hablaba otro idioma que no fuese chino (mandarín y diversos dialectos), ya en la etapa de producción me comunicaba a través de una traductora. Y si no, señalando y haciendo gestos también me hacía entender. El resto, la comida, los horarios, costumbres, y hasta la polución ambiental es todo tolerable y se asimila rápidamente. 


Me contaron que era común que en los rodajes en ciudades gigantes como Shanghai, todo el equipo duerma en un mismo hotel. Aunque todos vivan y tengan su casa en la ciudad donde se filma, de todas formas conviven durante el rodaje en un hotel para evitar los larguísimos traslados y embotellamientos constantes. Nosotros no convivimos, y tuvimos suerte con los problemas de traslado. El azar nos favoreció en general, salvo en algunos días del rodaje en que hubo un tifón. Y filmamos igual. En Shanghai en todas las estaciones cae una lluvia finita muy agradable, pero que complica un poco para filmar. Tampoco filmamos, como suelen filmar en China, con muchos asistentes. Trabajan con el asistente del asistente del asistente. Así que en este proyecto los “cabeza de equipo” tuvieron que trabajar bastante más de lo usual. Los actores, por su parte tenían que ser graciosos y empáticos, por el tono que yo buscaba. 


Conocí a varios, inclusive participantes del American Idol de allá: Chinese Idol. Hasta que finalmente conocí a Hugo (ese es su nombre para cuando interactúa con personas no chinas), y trabaje con él. Y a Johnny (también, ese es su nombre para interactuar con personas no chinas), el actor que hace de su compañero de aventuras en la película, lo conocí a través de Hugo. Hacía diez años que no se veían, y Hugo lo convenció de viajar a Shanghai desde su casa que quedaba en una ciudad a 500 kilómetros, para filmar el proyecto del loquito argentino. Preparando una escena, le dije a Johnny que como su personaje amaba el dinero, iba a tener una fantasía con que le llueve plata del cielo. Había que bañarlo en billetes. Era fácil de solucionar porque en China tienen los billetes de mentira que queman en rituales para que los muertos tengan dinero y prosperidad en la vida después de la muerte. Entonces mi plan era comprar muchos de esos billetes para tirarle por la cabeza a Johnny, pero para mi sorpresa él no quería hacerlo. Me dijo que ese dinero era dinero de los muertos, y que él tenía la creencia que si tocaba esos billetes de mínima le iba a ir mal en los negocios, y como castigo máximo, se podía llegar a morir. Así que había que hacerlo con billetes de verdad, con yuanes. Y con muchos yuanes. Entonces Johnny me preguntó cuántos necesitábamos para hacer la escena, qué monto teníamos que tirar al aire para que cayera sobre él como lluvia de billetes. Calculé a ojo unos cien mil yuanes. Me dijo entonces que el día de esa escena, él iba a ir al banco, sacar todos esos billetes, y que los íbamos a usar para filmar y después al final del día los volvía a depositar en su cuenta. Y así hicimos, le llovieron sus cien mil yuanes sobre su cuerpo, en un cuartito mínimo de un hotel de trabajadores migrantes. La muerte es tabú en todo el mundo, y en China el tabú está muy presente en la gente mas tradicionalista. Y como nosotros andábamos cargando una ataúd por toda la ciudad, nos pasaban cosas como que nos paraban por la calle para decirnos que era de mala suerte andar cargando un muerto de un lado a otro. Y en una locación hotel necesitábamos que un recepcionista dijera que un viejito se había muerto en una de las habitaciones, y no hubo forma que dijera la palabra “muerto” porque no le gustaba la idea que alguien se muriera en su hotel, ni siquiera en la ficción. Así que terminamos negociando que dijera una palabra que significa algo así como “nos dejó”, una metáfora no muy indirecta de la muerte. 


Dijo la crítica: 
David Obarrio (catálogo del BAFICI 2016): Estos dos pícaros deambulan por una ciudad extraña, sin hogar ni familia, y se ganan la vida mientras fantasean con un golpe de suerte. 
Una novia de Shanghai tiene un tono de fábula, una comicidad distante llena de elegancia y la convicción cabal de que el cine es una aventura sin beneficio de inventario. Un salto al vacío en el que las imágenes nunca deben mostrar todo, pero deben ser capaces de sugerirlo y también lanzarse sobre el mundo y abarcar lo que se pueda, exhibiendo una determinación y una destreza que no siempre se está seguro de poseer. Tras el impactante comienzo del film, en el que parecen bullir cientos de historias y de tramas posibles, hermanadas por el hilo invisible con el que se teje el misterio de una gran urbe, el director encuentra a sus protagonistas, una pareja de buscavidas que practica la indolencia pero también la ilusión de los desesperados: la “película asiática” de Andrizzi es también el relato de un sueño imposible en el que los muertos hacen andar a los vivos.


Diego Lerer (Micropsia): La película tiene momentos cómicos y otros líricos en medio de un recorrido por distintas zonas de Shanghai y alrededores. En los viajes de los protagonistas uno es testigo de una ciudad y de un país que cambia radicalmente en las apariencias pero que aún se mantiene apegado a ciertos mitos y tradiciones. Así, mientras un fantasma los guía y unas mujeres se suman a su recorrido pasan sus días los simpáticos y torpes protagonistas. Y así, también, transcurre esta celebración romántica y casi nostálgica en medio de una ciudad que hoy parece dedicada a convertirse en una postal de sí misma, con sus recién casados en permanente plan selfie, más preocupados en ver cómo lucen en las fotos que en eso que antiguamente llamaban “eternidad”. 


Oscar Cuervo (La Otra): Los truhanes protagónicos imaginan que del otro lado del mundo, en Latinoamérica, en países de cuatro sílabas como Guatemala, Venezuela o Bolivia (?), la gente vive en estado de perpetua felicidad. Andrizzi sueña a unos chinos que sueñan ingenuamente que la felicidad está en sus antípodas, los hace acarrear un ataúd por barrios bajos y subirlo en un container para que dos amantes ya muertos se reencuentren en el trasmundo; se cruzan con un anciano que evoca un pasado apócrifo, con mujeres vestidas de novia que posan para la foto con transeúntes desconocidos, con masajistas ciegas que no son tales, los lanza a la busca de un tesoro que remite al maletín radiante de Kiss me deadly, juega con el imaginario desbordado del cine oriental reciente, cita a Bowie y Leos Carax, desbarata los planes chapuceros de sus anti-héroes, pero no los hace renunciar a la fe de que el amor vence al odio. Una novia en Shanghai juega a imaginar una improbable historia de amor del trasmundo posibilitada por sujetos que no creen en el más allá porque recibieron una educación materialista. A pesar de dejar a la vista su voluntad de fabulación, la película nunca cae en el cinismo y logra que la emoción romántica luzca genuina. Y, como quien no quiere la cosa, Andrizzi filma los paisajes más bellos y desolados que el cine ¿argentino? haya logrado en mucho tiempo. 


Mauro Andrizzi: Nació en Mar del Plata en 1980. Estudió guión en la ENERC (Buenos Aires), y en 2006 fundó su productora Mono Films. Dirigió los largometrajes Mono (2007), Iraqi Short Films (2008), En el futuro (2010), Accidentes gloriosos (2011) y Una novia de Shanghai (2016).

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