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miércoles, 7 de mayo de 2014

PAPELES SUELTOS: SARDINAS BRASEADAS AL LIMÓN

Una vez al año, desde hace más años de los que puedan acordarse, los pescadores de la isla de Procida bajan hasta la costa, acompañados por sus mujeres, para agradecerle y pedirle al mar por los frutos que han de quitarle durante los próximos doce meses. 
Cuando la primera noche ciega descarga su manto sobre los Campos Flégreos, de cara al punto dónde las corrientes del Tirreno se funden y confunden con las del Mediterráneo, los pescadores y sus mujeres encienden una gran fogata, se acomodan en círculo alrededor del fuego, apuran unas sardinas braseadas al limón con un bicchiere de vino tinto caliente, porque hace mucho frío. Se toman de las manos, cierran los ojos y dejan ir la mirada hasta el horizonte incierto de las aguas. Y en un napolitano antiguo, cerrado, murmuran esta letanía que, en castellano, dice (más o menos) así: 

Que las lluvias de abril laven tu rostro, limpiando cualquier rastro que hayamos olvidado, en nombre del Amor. 
Que los soles de agosto curtan tu piel. Y mantengan tu sangre, siempre, en el punto justo de hervor. 
Que los vientos de diciembre preñen nuestras velas, para no quedar varados frente al cabo de la mala distancia. 
Y hasta el día en que volvamos a vernos, que tu Dios resguarde este pedazo de mi alma sobre tu regazo. 

Salud. Y buen viaje.

viernes, 23 de noviembre de 2012

MEMORIE DELL’ETERNAUTA TOUR – INTERMEZZO A LA FELTRINELLI

Via de’Cerretani. En la entrada principal dedicada a Florencia (ver  http://labitacorademaneco.blogspot.com.ar/2012/10/memorie-delleternauta-tour-cuarta.html) ya habíamos hablado de la centralidad de esta calle, que une la estación de trenes de Santa Maria Novella con el omnipresente Duomo. Camino poblado por bares históricos, iglesias, negocios de alta gama y comercios familiares con tanta historia encima como la ciudad. Recorrerla sin apuro es abrirse paso a través de todas las actividades desarrolladas por el hombre desde que el hombre se alzó en dos patas. Esas actividades incluyen, por supuesto, la escritura y la lectura. Y uno de los 104 puntos neurálgicos para la actividad librera italiana se encuentra asentado aquí: La Feltrinelli (http://www.lafeltrinelli.it/fcom/it/home/pages/puntivendita/negozi/trova/toscana/la-Feltrinelli-Librerie-Firenze.html).


Memorie... en La Feltrinelli de Florencia

Ya habíamos entrado a un local de La Feltrinelli en Nápoles y a otro en Roma. Pero en éste, la experiencia fue distinta, mucho más plena. Y ello se debió a la exhibición privilegiada que le habían dado al Memorie dell’Eternauta en el sector dedicado a las historietas y las novelas gráficas. La razón, me dirá el encargado del sector cuyo nombre no logro recordar (perdón por ello), se debe a que esta sucursal florentina adhiere estrictamente a la política empresarial de venta masiva de los best-sellers exitosos, apoyo irrestricto a los grandes clásicos de la literatura y el pensamiento libertario; y la promoción de aquellos textos de naturaleza política que ayuden a comprender el rol que la izquierda progresista debería tener en el mundo contemporáneo (punto al que adscribiría Memorie…, según sus palabras).


Filosofía empresarial que sigue a pie juntillas los lineamientos impresos por Giangiacomo Feltrinelli, fundador de la casa editorial que lleva su nombre en 1954. Nacido en Milán el 19 de junio de 1926, Giangiacomo formó parte del cuerpo de partisanos que luchó contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y, tras el fin de la contienda, se afilió al Partido Comunista Italiano. Convencido de la importancia formativa e informativa del libro, en 1948 creó la Biblioteca Feltrinelli, que rápidamente devendría en Fundación Feltrinelli. Se labró su propia estatura mítica al publicar por vez primera dos de las obras literarias más importantes del mundo: El gatopardo (1958), de Giuseppe Tomassi di Lampedusa; y Doctor Zhivago (1957), de Boris Pasternak, sacada de contrabando de la Unión Soviética (en donde estaba prohibida) y publicada en Italia tanto en ruso como en italiano. Como si todo esto fuera poco, en 1972 tomó una excelente foto de Korda e inmortalizó la mirada del Che Guevara en un póster reproducido hasta el infinito.


Guerrillero heroico. El ojo de Feltrinelli inmortalizó la mirada del Che

A nivel personal y desde el catálogo elegido, Feltrinelli apoyaba a las juventudes contestatarias; y las juventudes contestatarias lo abrazaron a él tanto como a sus libros. Por haber editado a Pasternak, este hijo de la burguesía milanesa más acomodada fue expulsado del PC italiano, hecho que lo llevó a cerrar filas con los movimientos revolucionarios de la izquierda más extrema. En 1964 viajó a Cuba y se entrevistó con Fidel Castro. En el ’67, estuvo en Bolivia intentando liberar al Che Guevara, pero fue arrestado y puesto a disposición de los servicios de inteligencia estadounidenses. En 1969 pasó a la clandestinidad, tomando contacto con las fuerzas subversivas de Sudamérica y Checoslovaquia. Y un año después, fundó el partido GAP (Gruppi d’Azione Partigiana).


Giangiacomo Feltrinelli y Fidel Castro

Por su activismo político, Feltrinelli venía siendo constantemente monitoreado desde los ’50 por el Mossad, los servicios italianos, la Logia P2 y la CIA, que lo consideraba “un elemento notablemente peligroso para las instituciones democráticas.” El 14 de marzo de 1974, fue encontrado muerto al pie de un poste de alta tensión en la pequeña localidad de Segrete, muy cerca de Milán. La historia oficial asegura que su muerte se debió a la mala manipulación de los explosivos que intentaba colocar al pie de una columna para volar la torre. Casi cuarenta años después, la desclasificación de las pericias médico-legales originales estarían abonando la teoría de un homicidio político disfrazado de atentado fallido, ya que hablan de algunas heridas presentes en el cuerpo que podrían llegar a ser incompatibles con las producidas por la explosión del aparato operado por Feltrinelli.


Feltrinelli: Tabaco, ajedrez y pensamiento revolucionario

Casi cuarenta años después y aún a pesar de su tamaño (tercer grupo editorial italiano después de Rizzoli y Mondadori), La Feltrinelli es una especie de rara avis de la industria, haciendo equilibrio entre los manuales de estilo de las grandes corporaciones mundiales y las empresas familiares que continúan la visión/misión de su fundador. El grupo, que incluye a la editorial (que acaba de adquirir un importante porcentaje de la española Anagrama) y una cadena de modernas megalibrerías, vende todo aquello que guarde relación directa e indirecta con el papel impreso, la cultura y el entretenimiento. Pero los libros, aseguran, sigue siendo su norte principal. Es que tratamos de ser fieles al espíritu con que nació la empresa, reafirmará el encargado del sector historietas mientras hablamos de Hugo Pratt y la disponibilidad de las obras de Mattotti y Pazienza; y por ello nos parece que Memorie dell’Eternauta es un libro importante.
Nos fuimos de La Feltrinelli con el pecho hinchado, abriéndonos camino hasta la Biblioteca delle Oblate, donde nos esperaban para una presentación. Pensando, como Giangiacomo Feltrinelli, que de un libro también puede germinar una revolución.

Próxima parada: Turín, campo de batalla final entre la Luz y la Oscuridad.
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lunes, 29 de octubre de 2012

MEMORIE DELL’ETERNAUTA TOUR – CUARTA ESTACION: FLORENCIA

Los taxistas son iguales en todas partes del mundo. Lo sé porque mi padre fue taxista. Y la de los taxistas es una raza que suele cebarse con los turistas. Son expertos en lo que hace al tránsito y las leyes no escritas del fluido automotor por los cascos urbanos, dependiendo del día, la hora y las condiciones climático-emocionales de la ciudad y sus habitantes. Y ejercen su poder sobre los pasajeros sin que se les mueva una pestaña. Siempre van a llevar al turista a destino, pero el viaje incluirá unas vueltas de más, lo sepamos o no. En este sentido, nuestra experiencia taximetrera en Roma había sido algo abrumadora; y cansados de los paseos involuntarios, decidimos tomar el toro por las astas al arribar a la estación de trenes de Florencia.



“¿Estamos muy lejos de esta dirección?”, fue lo primero que le preguntamos al espigado carabinieri que contestó nuestro saludo. “No”, nos dijo antes de remitirnos a la parada oficial de taxis de la gloriosa Stazione Di Santa Maria Novella. “Es muy cerca”, nos confirmó el taxista apenas subimos al auto. Y así, orgullosos por haber torcido el brazo de la mafia del transporte urbano, desandamos los quince minutos de distancia que nos separaban del hotel donde estaríamos alojados. Ensoberbecidos por el justo final de nuestro acto de heroica resistencia, después de dejar las valijas en la habitación salimos a calmar el hambre que nos generaran las casi cinco horas de viaje que habíamos dejado atrás, al salir de Roma. Y cuán grande sería nuestra sorpresa al descubrir, a tres cuadras de nuestro alojamiento, la estructura de la estación de trenes en donde había comenzado nuestra aventura.



Stazione di Santa Maria Novella

Humillados y cabizbajos, decidimos no dejarnos vencer por las circunstancias y disfrutar del bellísimo capolavoro del racionalismo italiano, asentado en los años ’30 en pleno centro florentino como monumento a los postulados funcionales y prácticos de la depuración arquitectónica promovida por Le Corbusier. Una obra enfrentada al triunfalismo fascista impuesto por Mussolini, en donde Mario Monicelli ambientó parte de su Amici miei (1975), con Ugo Tognazzi y Philippe Noiret. Un largo bloque compacto, de identidad horizontal (para no competir con el verticalismo de la cercana iglesia de Santa Maria Novella) que resulta ser la primera imagen que la ciudad ofrece a los más de 160 mil pasajeros diarios que escupen los trenes de primera y segunda clase. Un largo bloque compacto, de identidad horizontal, que resultó ser la última imagen que la ciudad ofreció a los miles de ciudadanos arrestados y deportados a los campos de exterminio nazis el 8 de marzo de 1944.




Il Duomo

Con el estómago lleno, desandamos nuestros pasos a lo largo de la Via de’Cerretani, la calle que desemboca directamente en el Duomo di Firenze, primer nombre de la Basílica Catedral Metropolitana de Santa Maria del Fiore, consagrada el 25 de marzo de 1436. Inabarcable desde todo punto de vista, la monumentalidad de la obra fue cuna del calendario gregoriano, escenario de las lecturas públicas de la Divina Comedia y hogar del concilio de reunificación de la Iglesia latina con la bizantina, entre otros hechos históricos. Uno de los edificios más importantes de la cristiandad, se impone sobre el escenario florentino con la magnificencia de sus rasgos góticos y renacentistas, articulando la metafórica Santísima Trinidad de Iglesia, Campanario y Baptisterio, el edificio más antiguo de toda la ciudad que, de acuerdo con la leyenda echada a rodar por el Dante, habría sido un templo romano dedicado al dios Marte. Síntesis del cambio epocal entre el Medioevo y el Renacimiento, símbolo de la riqueza y el poder detentado por la ciudad capital de la Toscana entre los siglos XIII y XV.



Riqueza y poder que cristalizaron como nunca en las manos de la influyente familia Medici, banqueros, poetas, filósofos, aportantes de tres papas a la Iglesia católica, responsables por la construcción de la Galería degli Uffizi y el Palacio Medici; y mecenas de Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Botticelli y Donatello, lo que equivale a decir que sus arcas fueron las responsables financieras de que el Renacimiento terminara siendo lo que fue. Un movimiento cultural que retomó y renovó las artes y las ciencias (naturales, políticas y humanas), priorizando la búsqueda intelectual del conocimiento y el progreso por sobre el mandato de los dogmas, apelando a la razón científica para explicar aquello que venía siendo atribuido a la voluntad mística de Dios. Un cambio de paradigmas a la hora de concebir al Hombre y el Mundo, sustituyendo al teocentrismo (Dios como centro del Universo) por el antropocentrismo (el Hombre como medida de las cosas; y la ética como mediador moral de la condición humana). El comienzo de la expansión global de la cultura europea tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo.


Una de las ciudades más bellas del planeta, Florencia exhibe su linaje cultural en museos y calles, en palacios y plazas, en fuentes y monumentos. Caminar por Florencia es adentrarse en el Renacimiento, descubrir en el trazado urbano los siete círculos del Infierno, sentir en el cuerpo los efectos prácticos de la teoría política a la hora de concebir el ejercicio del poder. No en vano es la ciudad que formó (y exiló) al Dante y a Maquiavelo, dos de los pocos hombres que han visto sus nombres volverse calificativos capaces de definir y expresar algunas de las cualidades humanas más bajas (o más altas, según cómo se lo mire). Lo único que Florencia exige de sus visitantes es que abandonen el prejuicio (nunca la esperanza) a la hora de aprehender. Y a la hora de aprehender, nada mejor que dejarse llevar por los meandros de El Príncipe ante un almuerzo ligero en el Caffè Le Giubbe Rosse, fundado en 1897, en una de las mesas que supo cobijar el nacimiento de todas las vanguardias literarias, incluidas el Futurismo de Marinetti y el Hermetismo de Quasimodo y Ungaretti. O apurando un aperitivo en la sofisticada atmósfera del Caffè Astra al Duomo, mientras se intenta descifrar las alegorías y el simbolismo oculto en la poesía épica de la Divina Comedia.



Iglesia de Santa Maria Maggiore

Suficiente movimiento para el primero de los cuatro días (tres noches) que íbamos a pasar en Florencia. Volvimos sobre nuestros pasos, por la otra acera de la Via de’Cerretani que tan gentilmente nos llevara hasta el Duomo, con la intención de llegar al hotel. Intención que se vio demorada por la aparición de la Iglesia de Santa Maria Maggiore, una de las más antiguas de la ciudad y una de las primeras dedicadas a la  Madonna (la Virgen María, no la reina del pop), apropiación católica de una antiquísima iglesia pagana lombarda del siglo VIII.



Los techos de Florencia, desde una de nuestras ventanas

Nos tocó en suerte la posibilidad de dormir en una auténtica joya del centro histórico, un hotel boutique ubicado dentro de dos palacios renacentistas: El Palazzo Venturi y el Palazzo Mondragone. Enclavado en plena Via de’Banchi, una serpenteante calle abierta en 1324 que debe su nombre a la instalación en el lugar de los primeros bancos y entidades financieras de la ciudad, el hotel es una sucesión laberíntica de habitaciones manieristas con techos altos y poca luz, que albergaron a José y Elisa Bonaparte, hermanos de Napoleón; y supieron encender el fuego de la pasión secreta (a voces) entre el Gran Duque de la Toscana (y notorio alquimista y maestro esotérico), Francesco I de Medici, y quien terminaría siendo su segunda esposa, la hermosa noble veneciana Bianca Cappello. Según la leyenda, tras el asesinato por envenenamiento de Francesco y Bianca, el fantasma de la pálida dama de blanco suele aparecérsele a los habitantes transitorios de los distintos cuartos, en las noches sin luz de pegajoso silencio. Nosotros no tuvimos esa suerte, tal vez porque el resplandor del Duomo se colaba por nuestra ventana, tal vez porque el olor a humedad era, a veces, realmente insoportable.


El segundo día amaneció con un descubrimiento que cortó mi respiración y cambió mi concepción sobre el universo del libro impreso, de la vida misma. Babele. Más que una librería, más que una galería de arte, más que un centro cultural, Babele (http://www.babelefirenze.com) es un espacio que adoptaría como casa sin dudarlo un segundo. De obtener el permiso de sus dueños, claro, mañana mismo me estaría mudando a ese territorio de placer delimitado por la belleza del arte de la edición. Fundada en 1978 como librería, a partir de la década del ’90 comenzó la metamorfosis que la llevaría a especializarse en ediciones limitadas, copias originales realizadas por los propios autores, facsímiles, cuadros, esculturas, bocetos, objetos únicos, rarezas de todo tipo, color y lugar. Con un sólo norte reconocido: El exquisito refinamiento de la experiencia sensorial más sublime. Sacar a la luz el valor artesanal tras la emoción de descubrir que el universo puede caber entre las manos. Federico Fellini, Jacques de Loustal, Hugo Pratt, Lorenzo Mattotti, Moebius, José Muñoz y Lou Reed son sólo algunas de las firmas que escogieron estas paredes para dejar volar sus obras más exclusivas y cuidadas. Y con buena música y mejor atención.



Afiche de una muestra de José Muñoz en Babele

Con el alma repleta, la necesidad de llenar el estómago pasó a primer plano. Y qué mejor, entonces, que saciarse en uno de los lugares más característicos de la Plaza del Mercado Central, cultores de los sabores típicos y característicos de la Toscana: La Trattoria ZàZà. Enclavada desde 1977 en las instalaciones de una histórica taberna que se encontraba (¡cuándo no!) en el interior de un vero palazzo fiorentino, el amplio restaurante combina salones en distintos niveles, todos ellos vestidos con rústica elegancia y cálido ambiente de hogar. Paredes de ladrillo, techos con vigas, muebles antiguos y grandes mesas de madera, en espacios internos y externos que combinan cierta (ruidosa) intimidad con una distendida mirada panorámica al mundanal movimiento de la Plaza y sus artesanos del cuero, el metal, el papel y los mosaicos. Como alimentarse frugalmente en un sofisticado mercado de pulgas, pero sin las pulgas.



Trattoria Zà Zà

Gucci. Salvatore Ferragamo. Dos nombres-marcas asociados al mundo de la moda y, por consiguiente, unidos casi indisolublemente a la imagen icónica de Milán, capital italiana (y mundial) del fashion style más elitista. Sin embargo, ambas tienen sus raíces en la ciudad de Florencia. Gucci fue fundada aquí en 1921 por Guccio Gucci (1881-1953) y, desde sus modestos inicios manufacturando artículos de cuero llegó a transformarse en la marca de lujo más importante (a nivel ventas) de toda Italia. Orfebre zapatero desde sus precoces nueve años, Salvatore Ferragamo (1898-1960) revolucionó la industria del calzado mientras trabajaba en Hollywood; y a la hora de radicarse en Italia, eligió Florencia en 1927. Dos años después inauguró su taller en la Via Mannelli, desde donde salieron las obras de arte que vistieron los pies de Marilyn Monroe y Eva Perón, entre otros iconos femeninos que dieron forma al inconsciente colectivo del siglo XX.



Piazza Santa Trinita, lugar en donde se encuentra el Palazzo Spini-Ferroni, sede del Museo Salvatore Ferragamo

Y si el mundo de la moda guarda tan estrecha relación con Florencia es porque desde esta ciudad se irradió al mundo el canon de belleza femenina renacentista, centrada en la armonía estética y la proporción que Botticelli definió en El nacimiento de Venus. Piel blanca, mejillas sonrojadas, senos firmes y bien torneados, cadera redondeada, hombros y cintura estrecha, manos y pies delgados y pequeños, abundante cabellera rubia, frente libre, cuello alargado, ojos grandes, dientes blancos, labios rojos y bien delineados. Una sutil fusión de elegancia y delicadeza, vestida con la piel del deseo y desvestida con la promesa del placer prohibido. El prototipo de mujer que Milo Manara viene dibujando desde que es Milo Manara y dio rienda suelta al sensual grafismo deudor de su admirado Renacimiento.


Fachada de Sisley en Florencia (Via Roma y Via Dei Tosinghi)



Dibujo realizado especialmente por Milo Manara para Sisley

Por ese motivo a nadie sorprendió que Sisley, una de las marcas del grupo Benetton volcada a la ropa informal con detalles de alta costura, lanzara la colección Desiderio. Sisley by Milo Manara para la primavera-verano del 2011. Apuntalando la imagen de un ligero erotismo prêt-à-porter que asume al hombre y la mujer como sujeto consciente del deseo, Desiderio juega con los restos del imaginario transgresor que porta la línea Manara, imprimiendo sus clásicas imágenes (y un nuevo diseño “censurado”, dibujado expresamente para la colección) en miles de remeras, musculosas, shorts, minivestidos y zapatillas que las vidrieras de Sisley reprodujeron hasta el agotamiento por toda Italia, pero con especial énfasis en sus locales florentinos.



Al caer la tarde, empezamos a orientar nuestros pasos hacia la Biblioteca delle Oblate, centro cultural a orillas del Duomo en donde presentaríamos Memorie dell’Eternauta, en una velada organizada por 001 Edizioni y la Scuola Internazionale di Comics. Complejo de alto valor histórico y arquitectónico, sus claustros, patios y terrazas sirven hoy como sede a un museo histórico de Florencia, al Instituto de Paleontología, la Academia La Colombraria, el Instituto del Resurgimiento y la Biblioteca Central de Florencia, centro de divulgación formativo e informativo, de cultura y conocimiento, que garantiza el acceso público a todo tipo de material impreso y multimedia. Construido entre principios del siglo XIV y mediados del XV, el edificio albergó originariamente a la Congregación de las Oblatas del Hospital de Santa Maria Nuova, orden laica fundada a fines del siglo XIII por el banquero Folco Portinari (padre de Beatrice, gran amor y musa inspiradora del Dante) para cobijar a las piadosas mujeres que decidieran ofrecer su vida a la asistencia y cuidado de los enfermos internados en el hospital más antiguo de la ciudad. Recién en 1936, cuando las enfermeras fueron transferidas a un nuevo nosocomio, toda la estructura pasó a manos de la Comuna de Florencia, su actual propietario.


A las 21:00 horas, arropado por el esplendor de una noche con luna llena, acompañado por Grazia Asta y su gentil equipo de colaboradores, tomé asiento frente al auditorio para hablarles en un lento castellano sobre los significados metafóricos de El Eternauta, las vivencias personales de sus autores y sus familias, los mensajes que semejante epopeya podría legar al mundo y los hombres de hoy en día, si es que algo así puede llegar a desprenderse de la lectura de una historieta. Parecería ser que sí, por las permanentes preguntas y contribuciones que surgieron del público, atando las vivencias de Juan Salvo y los suyos a las experiencias históricas y presentes del italiano medio, tan invadido por los Ellos como los argentinos. Una velada inolvidable que culminó con una visita guiada por algunas instalaciones de la Biblioteca y una gélida cerveza en el bar de la terraza, música ambiente en vivo y privilegiada vista al Duomo incluida.



Firmando autógrafos después de la charla

Nuestro último día completo en Florencia debería haber sido, también, nuestro único día en Bolonia, uno de los ejes culturales más importantes de Italia, sede de uno de los movimientos editoriales más innovadores de los últimos tiempos, si todo aquello que aseveran resulta cierto. Allí, entre las calles por donde los partisanos ofrecieron la mayor resistencia contra los fascistas durante la Segunda Guerra mundial, debería haberme encontrado con Paolo Parisi, autor del monumental Coltrane (ver http://labitacorademaneco.blogspot.com.ar/2012/07/bienvenidos-al-tren.html), que está trabajando en una biografía historietizada de Oesterheld, para presentar juntos Memorie dell’Eternauta. Pero no pudo ser. Por un evitable malentendido con mails que salieron pero no llegaron a tiempo, no viajamos a Bolonia, nos quedamos en Florencia. Mala suerte, porque ahora que conozco a Paolo añoro más que antes esa tarde que no fue. Pero Florencia nos trató con amable delicadeza durante esa jornada, guiando nuestros pasos por ambas orillas del río Arno, que baja desde los Apeninos para morir en Pisa, cortando a la ciudad con el mismo refinamiento que utilizaban los conspiradores reales al abrir los cuellos de sus opositores.



Florencia a orillas del Arno

De todos los puentes medievales sobre el Arno, el Ponte Vecchio es el más famoso, el más hermoso y el más mágico de todos. Puente de madera construido en el 996 por los romanos, destruido en 1117 por una inundación y reconstruido en piedra en 1345. Es el puente de piedra más antiguo de Europa; y cruzarlo sigue siendo una aventura casi imposible. Ineludible punto comercial y turístico de la ciudad, no hay hora en la cual no esté superpoblado por gente que lo recorre de una punta a la otra, admirando las joyas y las piezas de oro que se allí se venden; y por millones de parejas que encadenan sus candados por las rejas del puente, tirando las llaves al fondo del Arno para que su amor dure para siempre. O al menos logre ser eterno mientras dure.



Ponte Vecchio

Ya habíamos paseado por la Galería de la Academia, parada obligada para caer rendidos ante una de las obras maestras absolutas del Renacimiento, el David de Miguel Ángel al que (realmente) sólo le falta hablar. También habíamos recorrido la Piazza della Signoria (emplazamiento original del David) y los interiores del Palazzo Vecchio. Demasiado para nuestra hija, que quería corretear por las calles y no caminar los pasillos de los muesos. Por eso nos quedamos sin entrar a la imponente Galleria degli Uffizi, resignando para otro momento la vista de los Botticelli, Da Vinci, Giotto, Miguel Ángel, Rafael, Caravaggio, Rembrandt, Della Francesca y Durero que, más de una vez, admiramos en libros y catálogos. Eso sí, nos trajimos de recuerdo el Pinocho de peluche más feo de toda Italia, cuya belleza interior sólo pudo ser descubierta por una pequeña de tres años.



No hace falta aclarar que se trata del David, no?

Caminando, nos dimos de bruces con la Iglesia de Santa Margherita de’Cerchi, estancia de culto a donde peregrinan los seguidores del Dante por ser el lugar en donde contrajo matrimonio con Gemma Donati; y por ser el espacio sombrío en donde reposan los restos de Beatrice Portinari, amor platónico y musa eterna del Poeta Supremo. Recinto fuera del tiempo que corre para los humanos, su claustrofóbico silencio aún concentra las oleadas de su deseo nacido para no ser consumado, del desgarro espiritual que lo unió a una relación incondicional y secreta, idealizada y sin esperanzas, inmensa e inmortal, vencedora de los finitos límites terrenales.



Sepulcro de Beatrice Portinari

Con las sombras pisándonos los talones y el estómago reclamando su ración nocturna, enfilamos al Centro Histórico. Ya habíamos cenado allí antes; y nos pareció el lugar adecuado para despedirnos culinariamente de Florencia, a lo grande. Trattoria Marione. Via delle Spade 27. Nada de invenciones gourmet ni falsos nombres que pregonen una alcurnia fingida y hueca. Aquí las cosas son como son. Al pan pan y al vino vino. Platos simples, abundantes y habitados por los colores, sabores y olores naturales de la cucina toscana. Ambiente familiar en donde todos, cocineros, mozos y clientes, saben celebrar el rito arcaico de sentarse a la buena mesa. Ruido de platos, voces altas, vasos que se entrechocan, risas, felicidad y alegría, los condimentos básicos por los cuales vale la pena esperar lo que haya que esperar para conseguir un apretado lugar, haciendo cola en la puerta, entre bicicletas estacionadas y flores abiertas a los aromas de la bohemia artística que siempre dice presente. Y un ventanal-portón a las delicias de este mundo: Jamones crudos, quesos, aceitunas, aceites de oliva, pastas frescas, embutidos de cualquier naturaleza. ¿El Paraíso? Sí, o al menos un Paraíso sobre la Tierra.



De allí caminamos hasta la Piazza della Repubblica, la plaza más grande de Florencia, situada en una de sus zonas más antiguas e importantes. Nacida como sede del Foro Romano; expandida, remodelada y rodeada por bulevares circulares durante el Renacimiento, la plaza está dominada por el imponente Arco del Triunfo terminado en 1895 sobre su cara oeste, erigido en honor de la ciudad que fuera capital del Reino de Italia (antes de Roma) entre 1865 y 1871. Sobre una de sus alas, la plaza conserva en actividad a la antigua calesita (o carrusel o tiovivo) de la familia Picci, cuatro generaciones de artesanos que mantienen viva una tradición que el mundo civilizado está condenando, torpemente, a la extinción. Una maravilla de luces y colores, acunada con música clásica, en donde veinte caballos y un par de dorados carruajes reales siguen dando vueltas, transportando a chicos y grandes a la dorada edad de la inocencia. El sitio ideal, soñado y añorado por nuestra hija, que sólo aceptó descender al escuchar la angelical voz de Natalia Lopushankaya a un costado de la plaza. Dueña de un registro de insondable beatitud, que acompaña el melancólico acordeón de Anatloiy Grischuk, la interpretación de Lopushankaya traspasa la frontera de la emoción al entonar intimistas versiones de canciones populares, viejas canzonetas y famosas arias de ópera, como la inmortal Nessun Dorma de Puccini.



La calesita de la familia Picci y, al fondo, el Arco del Triunfo

Mañana deberemos dejar la ciudad. Ir (caminando) hasta la estación de trenes. Pero aquí y ahora el instante es (y seguirá siendo) permanente. Todavía es posible creer en la belleza y la felicidad, respirar su aire y sus misterios, embriagarse con un trago de vino capaz de sembrar poesía (Dante dixit). Que nadie duerma, Florencia está soñando.
Y nosotros somos la materia de sus sueños.

Próxima parada: Turín, campo de batalla final entre la Luz y la Oscuridad.
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jueves, 19 de enero de 2012

MEMORIE DELL’ETERNAUTA: “MENSAJE A LA CONSCIENCIA CIVIL Y DEMOCRÁTICA”

El pasado lunes 16 de enero, el sitio web italiano Quei bravi ragazzi de La Libreria del Fumetto (http://infofumetteria.blogspot.com/2012/01/storie-di-violenza.html), blog de la librería especializada 901 Comics Resort de Turín, publicó la siguiente crítica a Memorie dell’Eternauta:


Si existe un ensayo de veras interesante sobre la historia de una historieta, sin dudas es éste dedicado a El Eternauta, publicado por la editorial 001 Edizioni: Memorie dell’Eternauta.
Fernando Ariel García y Hernán Ostuni narran el proceso creativo y la vida editorial de la obra maestra de Oesterheld-Solano López; y de sus epígonos. Y lo hacen iluminando, sobre todo, la dimensión social y política de esta obra fundamental; más que un clásico de la historia artística del noveno arte, un mensaje a la consciencia civil y democrática de un país políticamente maltratado como la Argentina (que no es el único). También es un dramático testimonio del destino de uno de sus dos autores, Oesterheld, desaparecido por la dictadura militar. En honor a este gran hombre, un ejemplar de El Eternauta debería estar en todas las bibliotecas públicas (hace un tiempo, el bibliotecario de mi propio pequeño municipio, Collegno, pasó por la comiquería para verlo).
Una observación: Me ha sorprendido como las interpretaciones políticas evisceradas por los dos autores del ensayo, referidas al contexto histórico y geográfico de una Sudamérica depredada por un neocolonialismo de matriz norteamericana y multinacional, terminan por adaptarse perfectamente a la situación histórica actual; en donde no las naciones “en vías de desarrollo” sino íntegros estratos sociales de la población mundial, se han convertido en víctimas sacrificadas por un sistema global dominado por aquello que el sociólogo Luciano Gallino ha definido, acertadamente, como finanzcapitalismo o capitalismo financiero (1). Juan Salvo, Favalli y el obrero Franco, siguiendo las sugerencias surgidas de la lectura de este intenso ensayo, se han transformado ante mis ojos en resistentes indignados (2), obligados a salir a enfrentar la invasión y la violencia de los Ellos impersonales e invisibles del sistema financiero global. Una lucha entre los que piensan que pueden proclamar los derechos de la humanidad y la minoría privilegiada que quiere convertir a todos los otros en impersonales hombres-robot funcionales al sistema.
Al inicio de este siglo, la Argentina fue víctima de un empobrecimiento de la clase media y de un dramático default. Las recetas neoliberales, la destrucción del estado de bienestar, la precarización del trabajo y las privatizaciones de los servicios no fueron la solución, sino más bien las causas de ello. Y nosotros… diez años después?

Notas
(1)
En su libro Finanzcapitalismo. La civiltá del denaro in crisis (Capitalismo financiero. La civilización del dinero en crisis, Einaudi, 2011), Gallino define al finanzcapitalismo como una mega-máquina creada con el objetivo de maximizar la extracción de valores del ser humano y de los ecosistemas. Para el sociólogo, la grave crisis económica (pero también cultural y política) que está sacudiendo al mundo y particularmente a Europa, es la crisis de esta civilización-mundo dominada por el sistema financiero.
(2) En castellano en el original.

lunes, 12 de diciembre de 2011

MEMORIE DELL’ETERNAUTA TOUR – TERCERA ESTACION: ROMA

Una fusión de estilos. Con mirada preponderantemente futurista, pero sin resignar las estéticas (y éticas) de los años ’30, ’40 y ’50. Fascismo incluido, aunque las capas civilizatorias se le hayan ido sedimentando encima hasta enmascararlo. Así definen, los que saben, a la populosa y monumental Stazione Termini, la terminal de ferrocarril más importante de Roma y una de las primeras a escala italiana y europea. Entablada en la Piazza del Cinquecento, en pleno corazón de la ciudad, la terminal fue edificada en 1867 sobre una colina cercana a las Termas de Diocleciano (de ahí su nombre), modificada y reestructurada infinidad de veces, hasta la última ocasión (por ahora) con motivos del Jubileo del 2000.


La postal más típica de Roma: El Coliseo

Como la urbe que se derrama radialmente desde su centro, Termini sigue siendo aquello que siempre fue, pero al mismo tiempo ha ido dejando de serlo, asimilando las modificaciones que el Tiempo, la Historia y los Hombres le legaron a su paso. El continente puede verse distinto (y hasta muy distinto) de aquel que retratara Vittorio De Sica en Stazione Termini (1953), la película escrita a cuatro manos por Cesare Zavattini y Truman Capote; pero entre los largos pasillos habitados por negocios de todo tipo y color, uno todavía puede imaginar que siguen cocinándose historias de vida como la que protagonizaron Jennifer Jones y Montogomery Cliff en ese filme que los EE.UU. decidieron rebautizar (y exportar) como Indiscretion of an American Wife. Es que Termini sintetiza alguna de las mil caras que la Ciudad Eterna va a mostrarnos durante los cuatro apretados y apurados días que vendrán. La Roma clásica y la moderna. La bufa y la dramática. La bohemia y la burguesa. La sacra y la profana. La que me animo a definir con una palabra que, de antemano, sé que va a quedarle chica, muy chica: Multicultural.


A Federico Fellini, que hizo de Via Veneto el teatro de La Dolce Vita

Entre las 480 mil personas que arriban por día a sus andenes, llegamos mi esposa, mi hija y yo, desde Nápoles, con deseos de recorrer calles y bares, librerías y monumentos icónicos. Tuvimos el privilegio de alojarnos en un coqueto hotel ubicado a pasos de la esquina en donde Via Liguria desemboca en Via Veneto, la calle más famosa de Roma, inmortalizada por Federico Fellini en La Dolce Vita. Exactamente a la vuelta del Café de Paris, en donde vamos a cenar acompañados por la suave música de un piano y los fantasmas siempre a mano de Fellini, Mastroianni y las vertiginosas curvas de Anita Ekberg, símbolos de un lugar y un momento que se convirtió en espejo de las costumbres sociales y la intelectualidad de la época. Pero ahora es mediodía; y hasta que nos sentemos a la mesa invertiremos el tiempo buscando la perdida sonrisa de nuestra hija en los jardines (secretos y no tanto) de Villa Borghese; llenándonos de Coliseo, de Fontana di Trevi, de Piazza Spagna, de las vias laberínticas a orillas del sol taciturno que se desmaya sobre el Tíber, que avanza cortando la ciudad como el cuchillo de un amor despechado, mitad placer mitad dolor.


Fontana di Trevi

La ausencia de Carlos Trillo va a hacerse presente en estas jornadas, cubriéndolo todo ante la desazón de su partida tan inesperada. Vamos a enterarnos de su muerte en el lobby del hotel, el mismo hotel que él nos recomendara un par de años atrás. Por estar cerca (o relativamente cerca) de todo; y pegadito al Cica Cica Boom, oscuro bar de copas y mujeres que le inspirara el nombre de Cicca Dum Dum, protagonista de la aventura humorística y sexualmente explícita que su pluma escribiera para los dibujos de Jordi Bernet. Nos vamos a encontrar con la noticia a punto de irnos a dormir, casi de madrugada, con el sueño pospuesto ante la posibilidad online de ver cómo iban las cosas por la Argentina. El mail de una amiga, conciso y brutal, no dejó margen para la duda. Pero todas las malas noticias deberían venir así, de la mano de un amigo, trayendo algo de contenida contención para tanta emoción desnuda.



De Cica Cica Boom a Cicca Dum Dum

Esa mañana, entre discusiones familiares sin sentido y malhumores transitorios que se quedaron más tiempo del que debían, había ido hasta Radio Vaticana, emisora internacional de la Santa Sede, cuyas oficinas y estudios se encuentran, obviamente, en la Ciudad del Vaticano, la ciudad Estado de 44 hectáreas enclavada en perímetro romano. Autodefinida como “La Voz del Papa y de la Iglesia”, Radio Vaticana cumple su rol de herramienta preponderante y fundamental a la hora de difundir el (¿santo?) pensamiento católico apostólico romano oficial, que para eso el Papa Pio XI le encargó su creación a Guillermo Marconi (popularmente conocido como el inventor de la radio, aunque el mérito le corresponda a Nikola Tesla) en 1931, sólo dos años después de la fundación de la Ciudad del Vaticano.



Entablada en un despojado edificio a metros de la Plaza San Pedro, me esperaban las oficinas y el estudio de grabación del programa Pagine e Fogli, conducido por Laura de Luca. Armado temáticamente, el eje del programa gira sobre una idea fuerza y sus distintas acepciones de acuerdo al enfoque que se le otorgue desde el campo creativo y espiritual. Si bien fui entrevistado el 9 de mayo, la charla fue emitida recién el 5 de septiembre, en un envío enfocado a desentrañar los sentidos de la Responsabilidad. El audio, incluido algunos errores de traducción al italiano (ya lo dice el adagio: Traduttore, tradittore), puede escucharse y/o descargarse en http://www.radiovaticana.org/pef/Articolo.asp?c=517977. En una dinámica media hora, podrán seguir parte del Angelus del Papa Benedicto XVI, un par de reflexiones sobre la responsabilidad de la clase política y la comunidad internacional frente a las áreas caldeadas del globo; la canción Eroe (storia di Luigi delle Bicocche) del rapero italiano Caparezza, potentísimo retrato del trabajador precarizado y padre de familia. Después, antes del cierre, los casi diez minutos de entrevista.



Escudo y foto del Trastevere

Del Vaticano, enfocando al sur, salimos presurosos por perdernos entre las irregulares callejuelas medievales del Trastevere (literalmente, Más allá del Tíber), barrio de calles adoquinadas por donde corretearan Sergio Leone y Ennio Morricone hasta la edad escolar. Reducto de artistas trashumantes y bares aterrazados desde donde espiar la trasnochada bohemia juvenil con un rosso copetín en la mano, es más que recomendable dejarse llevar por los nobles aromas de sus comidas caseras, los monumentos históricos que forman parte del patrimonio cultural italiano, esos inabarcables mercados callejeros y su feria de antigüedades al aire libre. La vida a pleno, justo antes del mail nefasto.


Supersantos, segundo cd de Alessandro Manarino

Poesía típicamente italiana, acompañada por los compases del resto del mundo, especialmente los del tercer mundo. Así suena la búsqueda musical de Alessandro Manarino, el mejor exponente de la multiculturalidad romana a la que hacía referencia al principio. No casualmente, Manarino es hijo dilecto de San Lorenzo, histórico barrio de las afueras de Roma, rico en historias de luchas populares. Fundado por los trabajadores comunistas ferroviarios, San Lorenzo fue centro de la dignidad exhibida por la clase obrera como valor inquebrantable y no negociable. Sus habitantes fueron quienes hicieron frente a los miles de Camisas Negras que respondían a Benito Mussolini, frenando (momentáneamente) la triunfal Marcha sobre Roma de fines de octubre de 1922, que terminó poniendo al Partido Nacional Fascista en el Gobierno. Los mismos habitantes que fueron bombardeados por el ejército aliado el 19 de julio de 1943, tras un espurio acuerdo entre los EE.UU. y el Vaticano (aseveran los parroquianos) para acabar con el peligro rojo después de haber terminado con el régimen fascista.



Bombas sobre San Lorenzo

La devastación bélica sirvió de prólogo a la pobreza, que terminó mutando en marginalidad y criminalidad. El abandono planificado del barrio culminó un par de años atrás, cuando los adalides del diseño cool empezaron a apropiárselo hasta transformarlo en un lugar habitable y familiar, digno de ser vivido y disfrutado, paseando por los lugares en donde Roberto Rossellini dio a luz al neorrealismo italiano con Roma, ciudad abierta; o donde Pier Paolo Pasolini entonó la prédica marxista con su voz de poética sórdida y marginal. En ese luminoso enclave se encuentra la librería L’Eternauta (http://www.librerialeternauta.it/), bautizada así en honor a la resistencia que el barrio enarbola como símbolo. Y ahí llegué el 10 de mayo para presentar Memorie dell’Eternauta, absorto ante la pasión puesta por Massimo, uno de los dueños del lugar, al contarme estas (y otras) historias mientras viajábamos en auto arropados por la voz y el piano, jadeante y asordinado, de la Alta Sacerdotisa del Soul, Nina Simone.



Esta presentación fue, sin dudas, la más emotiva de toda la gira. Por la impronta del lugar, la permanentes referencias a Trillo; y la posibilidad de conocer a Carmelo Calderone, historietista y colaborador de 001 Edizioni; y a Valerio Bindi, arquitecto, ilustrador, animador e historietista pero, sobre todo, buena gente. Junto con Valerio; y ante la respetuosa y cómplice participación de los presentes, pudimos desandar los caminos (físicos y metafísicos) del Eternauta, oír las lecturas que este barrio en particular había hecho de la resistencia al invasor, entendiendo al invasor como metáfora de las huestes mussolinianas y berlusconianas que tuvieron enfrente, durante demasiados años.


“Me gusta ir a las presentaciones para volver a casa con un nuevo amigo para leer”. El regalo de Valerio Bindi para mí

La tristeza y la alegría se hicieron amigas, se dieron la mano y brindaron por la memoria de amigos nuevos y viejos, eternos todos. Hubo silencio, hubo risas y alguna que otra lágrima, hubo apretones de manos, hubo libros que se abrieron para no cerrarse nunca más, hubo duendes que saltaron de los estantes a las sillas y de las sillas a la noche. Se alzó la Luna y llegó la hora de volver al hotel, no sin antes brindar por el cumpleaños de un habitante de la librería, ese espacio de expresión donde el único límite viene puesto por el ejercicio de la libertad. Me esperaban las valijas y un futuro inmediato en Florencia. Pero prefiero estirar un poco más la partida. Quedarme dando vueltas por esta Roma íntima y crepuscular, iluminada por el fuego fatuo de la pasión, con un Standard de jazz en el oído, una copa en la mano y el tiempo bajo mis pies.

Próxima parada: Por las tierras del Dante (y Maquiavelo)
Entradas anteriores:
http://labitacorademaneco.blogspot.com/2011/09/memorie-delleternauta-tour-intermezzo.html
http://labitacorademaneco.blogspot.com/2011/07/memorie-delleternauta-tour-segunda.html
http://labitacorademaneco.blogspot.com/2011/06/memorie-delleternauta-tour-primera.html
http://labitacorademaneco.blogspot.com/2011/06/partir-de-manana-memorie-delleternauta.html

lunes, 19 de septiembre de 2011

MEMORIE DELL’ETERNAUTA TOUR – INTERMEZZO NAPOLETANO

No existen las casualidades ni las coincidencias. Aquello que a nosotros puede parecernos fruto del azar es, en realidad, producto de las fuerzas universales que conspiran a nuestro favor. Y si no es así, debería serlo. Estoy aquí, tranquilamente sentado en casa, empezando a golpear las teclas en busca de algún sentido, hurgando en mis recuerdos (intelectuales y emotivos) de esos hermosos días en Procida en los cuales todo estaba en el lugar correcto, en el momento indicado. Familia, amigos, tiempo invertido en viajes, comidas y charlas intercaladas, muchas historietas. Había estado armando en la cabeza cómo sería esta entrada, dedicada a la visita relámpago a Nápoles que hice para participar de una charla en el edificio central de la Universidad de Estudios de Nápoles “L’Orientale” (http://magazine.unior.it/ita), en el marco de las jornadas Un ambiente fatto a strisce (http://magazine.unior.it/ita/content/un-ambiente-fatto-strisce).


Estaba pensando en la figura de Loris Tassi, verdadero motor de esta instancia particular, recuperando la calidez de su trato personal, su solidez profesional para encarar el análisis del mundo circundante a través de las narraciones populares, su confeso amor hacia las historietas y la literatura argentinas y latinoamericanas. Estaba pensando en Loris Tassi cuando el timbre de calle me arrancó de ese estado de ensoñación consciente que es el momento puro de la escritura, ese instante fuera del tiempo y del espacio en donde todo es posible y probable. Dije que no existen las casualidades ni las coincidencias porque la razón del timbre era el arribo de la entrega postal que Loris me había enviado desde Nápoles. Tres maravillas editoriales que, por humana necedad, había dejado ir durante mi estancia en Italia. Tres maravillas editoriales que, por humana generosidad, Loris había buscado (y encontrado y despachado) para mí.



Fervor de Nápoles


Con el recuerdo hecho presente, con las memorias reconvertidas en elementos físicos que mis dedos estaban tocando en ese preciso momento, volví a sentarme frente al teclado, volví a sentarme en el vaporetto que me traía a Nápoles desde Procida, haciendo un alto en las jornadas situadas en la isla para continuarlas, por un día, en el territorio continental. Ya lo dije antes y voy a repetirlo ahora: Nápoles es adictiva. La dosis nunca alcanza. Siempre se quiere más. Y la certeza de caminar nuevamente por esas calles, de perderme un rato entre la descontrolada marea de gentes y autos que fluyen al ritmo del orden del caos, era (es) una de las sensaciones más potentes que pueda brindar este nivel de existencia.



Muelle Beverello, de dónde parten (y adonde llegan) los vaporettos que unen Procida y Nápoles


Loris me estaba esperando en el puerto. Nápoles estaba un poco más ansiosa y exaltada que los días anteriores. Tenía sus motivos: Era un día de huelga contra la administración Berlusconi, a favor de la libertad y los derechos ciudadanos. Iba a haber menos gente en la charla, me dijo Loris, porque los estudiantes también estaban marchando por las calles de la ciudad, peleando por mejores presupuestos para la educación, defendiendo la independencia ideológica de los centros de estudio. Mientras caminábamos las pocas cuadras que separan al puerto de la Universidad, me fui enterando del rol contestatario de “L’Orientale” en la sociedad de la que forma parte. Verdadera usina de pensamiento crítico, la universidad está instalada como férreo centro de resistencia contra los valores ideológicos y morales que definen al berlusconismo. Y en ese lugar, con ese contexto, íbamos a hablar de El Eternauta y los mensajes humanistas de la obra de Oesterheld y Solano López.



Por supuesto, decir que hablamos sólo de El Eternauta es minimizar los alcances de la conversación. Tanto Loris como su amigo Roberto Colonna (que tuvo la bondad de dedicarle unas líneas a nuestro Memorie dell’Eternauta. Ver http://labitacorademaneco.blogspot.com/2011/08/memorie-delleternauta-de-narracion-de.html) y los alumnos que participaron de la charla sin dejar de participar de la huelga, entienden y estudian a Oesterheld y su obra dentro del marco de la narración literaria. Durante las casi tres horas que duró la actividad (y la larga y abundante sobremesa que le siguió en un bar cercano), HGO formó parte del entramado creativo que reconoce en Borges, Bioy Casares y Cortázar a una especie de Santísima Trinidad de las letras argentinas. Un triunvirato que se completa y complementa con otras figuras tanto o más atractivas, necesarias e influyentes que los tres popes mencionados: Rodolfo Walsh, Roberto Arlt, Macedonio Fernández, entre otros. Porque más allá de los idearios que El Eternauta reconoce y pone en juego, también intentamos analizar el influjo ejercido por las lecturas de HGO en los autores que lo leyeron sin saber (o a sabiendas) de que estaban formándose como narradores. De Fontanarrosa a Piglia, la impronta oesterheldiana en la literatura argentina fue puesta en primerísimo primer plano; y quedó en claro que nada hubiera sido lo que fue sin la influencia decisiva de esa nevada mortal sobre Buenos Aires.



La primera novela de Roberto Arlt


Y así, entre recomendaciones literarias e historietísticas cruzadas, llegó la hora de volver a Procida. A esa altura, la dosis napolitana era claramente insuficiente para mi torrente sanguíneo, pero las jornadas proseguirían en la isla y allí debía estar. Mis compañeros de aventura me acompañaron hasta el muelle, para descubrir que el vaporetto se había marchado un poco antes de lo previsto. Nada grave, sólo una espera de una hora y media hasta que partiera el próximo. Nos saludamos, apelando a futuros encuentros en cualquier lado del océano. No sabía todavía que la espera por el vaporetto iba a demorarse algo más de lo esperado. No me importaba tanto, la verdad, ya que un par de Dylan Dog y una Julia (ver http://labitacorademaneco.blogspot.com/2011/06/la-formula-de-la-felicidad.html) iban a acompañarme en el mientras tanto.
A mis espaldas, Nápoles continuaba resistiendo la nevada berlusconiana. No lo vi, pero era obvio que Juan Salvo caminaba entre esa multitud.

Entradas anteriores:
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