jueves, 11 de agosto de 2022

DC LIGA DE SUPERMASCOTAS: FALSAS EXPECTATIVAS

DC Liga de Supermascotas. Director: Jared Stern. Voces (inglés): Dwayne Johnson (Krypto), Kevin Hart (Ace, el Batisabueso), Vanessa Bayer (PB), Natasha Lyonne (Merton), Diego Luna (Chip), Kate McKinnon (Lulu), Thomas Middleditch (Keith), Ben Schwartz (Mark), John Krasinski (Superman / Clark Kent), Keanu Reeves (Batman), Marc Maron (Lex Luthor), Olivia Wilde (Lois Lane), Jameela Jamil (Mujer Maravilla), Jemaine Clement (Aquaman), John Early (Flash), Daveed Diggs (Cyborg) y Dascha Polanco (Linterna Verde / Jessica Cruz). Participación especial de Alfred Molina (Jor-El), Lena Headey (Lara), Maya Erskine (Mercy Graves), Keith David (Can-El, padre de Krypto). Voces (castellano): Alfonso Herrera (Krypto), Alex Montiel (Ace, el Batisabueso), Mónica Huarte (PB), Verónica Toussaint (Merton), Víctor Ugarte (Chip), Michelle Rodríguez (Lulu), Meme Sáenz (Keith), Jirafita (Mark), Raúl Anaya (Superman / Clark Kent), Sergio Gutiérrez (Batman), Pepe Campa (Lex Luthor), Erica Edwards (Lois Lane), Jocelyn Robles (Mujer Maravilla), Javier Ibarreche (Aquaman), Andrés Navy (Flash), Moisés Iván Mora (Cyborg) y Linda Palma (Linterna Verde / Jessica Cruz). Participación especial de Octavio Rojas (Jor-El), Marisol Romero Durá (Mercy Graves) y Matías Lértora (Can-El). Guionistas: Jared Stern y John Whittington. Basado en personajes y situaciones creados para los cómics DC por Otto Binder, Curt Swan, Bill Finger, Sheldon Moldoff, Martin Naydel, Paul Kupperberg, Don Newton, Jerry Siegel, Joe Shuster, Bob Kane, William Moulton Marston, H.G. Peter, Mort Weisinger, Paul Norris, Robert Kanigher, Carmine Infantino, Marv Wolfman, George Pérez, Geoff Johns, Doug Mahnke, Ivan Reis, Ethan van Sciver, Paul Dini y Bruce Timm, entre otros. Warner Animation Group / DC Entertainment / Seven Bucks Productions. EE.UU., 2022. Estreno en la Argentina: 28 de julio de 2022.


Las expectativas son así. No están, pero de golpe aparecen, se instalan, crecen y generan una esperanza que antes no existía, unas ganas que parecían haberse retirado a mejores puertos. A veces, surgen por un dato, un pálpito o un nombre puntual. Por ninguna de esas variables o por la sumatoria de las tres. Lo importante es que lo llevan a uno a hacer cosas que, sin ese estímulo, no haría de ninguna manera.


Eso es lo que me pasó con la película animada DC Liga de Supermascotas (DC League of Super-Pets), aventura que (creía yo) buscaba violentar la memoria emotiva de los padres historietófilos para venderles cajitas felices a sus hijos. Hasta que, en las gacetillas de prensa, vi el nombre de Jared Stern en el doble rol de director y guionista. Ese nombre, uno de los responsables tras la maravillosa Lego Batman: La película, operó en mí el milagro de la expectativa. En un segundo, pasé de no querer verla ni regalada a pensar en pagar el precio de una entrada. O de dos, si es que iba con mi hija.


Las cosas empezaron más que bien. Relecturas del Superman de Christopher Reeve, juegos referenciales con la pata más bizarra (y profundamente creativa) de los cómics DC de la Edad de Plata, un diseño icónico y caricaturesco, ideal para explotar el género superheroico desde el humor satírico, mitológicamente reverencial y, al mismo tiempo, ingenuamente absurdo. El equilibrio perfecto entre la película infantil y las segundas lecturas para los adultos que crecimos con una Novaro entre las manos, preferentemente una que tuviera a Krypto y al Batisabueso como protagonistas.


Lamentablemente, con el paso de los minutos, el andamiaje argumental fue abandonando toda sutileza, cualquier apunte metanarrativo, hasta quedarse encapsulado en excusas bobaliconas, mensajes moralistas sobre la adopción de mascotas y resoluciones simplistas para complejos conflictos emocionales. Todo rosa y políticamente correcto, cosa de que el cierre permita la generación de una franquicia capaz de competirle de igual a igual a la patrulla de cachorros Paw Patrol. Nada que reclamar. Después de todo, las (falsas) expectativas me las generé yo solito. Si la van a ver, aguanten hasta el final.  
Fernando Ariel García

miércoles, 10 de agosto de 2022

SANDMAN: SUEÑO CUMPLIDO

Sandman. Directores: Mike Barker, Jamie Childs, Mairzee Almas, Andrés Baiz, Coralie Fargeat, Louise Hooper. Protagonistas: Tom Sturridge (Sueño, también conocido como Morfeo y Sandman), Kirby Howell-Baptiste (Muerte), Mason Alexander Park (Deseo), Donna Preston (Desesperación), Patton Oswalt (voz de Matthew el cuervo), Vivienne Acheampong (Lucienne), Sanjeev Bhaskar (Caín), Asim Chaudhry (Abel), Boyd Holbrook (El Corintio), Gwendoline Christie (Lucifer), Jenna Coleman (Johanna Constantine / Lady Johanna Constantine), David Thewlis (John Dee), Kyo Ra (Rose Walker), Eddie Karanja (Jed Walker), Razane Jammal (Lyta Hall), Lloyd Everitt (Hector Hall), Mark Hammill (voz de Merv Pumpkinhead), Nina Wadia, Dinita Gohil y Souad Faress (las tres brujas), entre otros. Participación especial de Ferdinand Kingsley (Hob Gadling), Sandra James-Young (Unity Kinkaid), Cassie Clare (Mazikeen), Stephen Fry (Gilbert), Claire Higgins (Mad Hettie), Munya Chawawa (Choronzon), Roger Allam (voz de Lord Azazel), Deborah Oyelade (Nada) y Ernest Kingsley Jnr (Kai'ckul), entre otros. Guionistas: Neil Gaiman, David S. Goyer y Allan Heinberg; Allan Heinberg; Jim Campolongo; Austin Guzman; Ameni Rozsa; Lauren Bello; Heather Bellson; Alexander Newman-Wise; Vanessa James Benton; Jay Franklin. Basado en personajes y situaciones creadas por Neil Gaiman, Sam Kieth, Mike Dringenberg, Sam Kieth, Michael Zulli y Kelley Jones para el cómic The Sandman (1987), incluyendo personajes creados por Len Wein, Bernie Wrightson, Paul Levitz, Néstor Redondo, Bob Haney, Jack Sparling, Joe Orlando, Mark Hanerfeld, Bill Draut, Alex Toth, Alan Moore, Rick Veitch, John Totleben, Gardner Fox, Mike Sekowsky; Roy Thomas, Ross Andru, Jerry Ordway, Joe Simon, Jack Kirby, Jamie Delano, John Ridgway y Richard Piers Rayner, entre otros, para diversos cómics publicados por DC. Diseñador de créditos finales: Dave McKean. Desarrolladores audiovisuales: Neil Gaiman, David S. Goyer y Allan Heinberg. Productores: Allan Heinberg, David S. Goyer, Neil Gaiman y Mike Barker. PurePop Inc. / The Blank Corporation / Phantom Four / DC Entertainment / Warner Bros. Television. EE.UU., 2022. Estreno en la Argentina: Disponible en Netflix desde el 5 de agosto de 2022.


La espera valió la pena. Cada uno de estos largos (larguísimos) 30 años de justificadas ansiedades y esperanzas tantas veces postergadas, han quedado zanjadas y definitivamente exorcizadas. Sandman (The Sandman) es la adaptación perfecta del definitivo y siempre sorprendente cómic parido por Neil Gaiman y un ejército de inigualables artistas gráficos. Saltar de la página impresa al mundo audiovisual no es tarea sencilla, pero aquí (desde el casting hasta el lenguaje narrativo, pasando por diálogos y algunos encuadres específicos) han tomado a la historieta como rigurosa y fidedigna estructura a seguir. Al menos, en estos diez capítulos de la primera temporada, que básicamente adaptan los dos arcos argumentales iniciales: Preludios y nocturnos y La casa de muñecas.


Que Neil Gaiman, creador y organizador de este expansivo universo, le haya puesto el cuerpo a esta serie de la manera que se lo puso, garantiza la calidad del resultado final. Y, en ese sentido, todo lo que uno esperaba encontrar en Sandman, dice presente de manera elegante, sofisticada, culta, refinada y entretenida. Está la aventura existencialista y metafísica, entretejida por el drama histórico y la literatura, el melodrama shakespereano, las leyendas medievales, el gótico británico, las mitologías y las religiones (monoteístas y politeístas), la filosofía y la magia, los cuentos de hadas y el relato fantástico, la ciencia y la ciencia-ficción. Una cosmología desplegada, siempre, en función de su influjo sobre la vida cotidiana de las personas de a pie, imagen y reflejo de los Eternos, la disfuncional familia conformada por los conceptos encarnados en personificaciones antropomórficas de Sueño, Muerte, Deseo, Delirio, Desesperación, Destino y Destrucción.


Por supuesto, para mantener el mismo nivel de apertura progresista que el cómic exhibió en la década del ’80, hubo que hacer cambios. Que fueron hechos, pero sin concesiones a cualquier tipo de posible tergiversación identitaria. Hay más personajes LGBTIQ+; una representación étnica mucho más inclusiva; y varios cambios de género, todo incorporado de manera natural y fluida en la trama. Si hasta la Johanna Constantine de Jenna Coleman se muestra más fiel al John Constantine original que las anteriores versiones interpretadas por Keanu Reeves y Matt Ryan. Lo que brilla por su ausencia es el enclave superheroico que sí tenía la historieta. Por exigencias de Warner y por la decisión de mantener lo más separada posible a esta serie del universo cinematográfico y televisivo de DC, no hay referencias a la Liga de la Justicia, al Cuarto Mundo, a Etrigán o a cualquier otra participación de coloridos paladines en pantimedias. De todas formas, los fanáticos sabrán encontrar (y disfrutar) las referencias al Sandman de Kirby y al Flash de Infantino que se exhiben entre bambalinas, como mero dato de color.


Pero (siempre hay un pero cuando uno se queja de lleno), tanto apego al material original ha terminado por extirpar de este Sandman uno de sus factores más importantes: La sorpresa. A diferencia de los cómics, que permanentemente abrían nuevos caminos, cada capítulo de la serie sólo busca reafirmar la potencia de los logros ya obtenidos en el campo primario. Y regocijarse con su exhibición. En lo particular, más allá del placer que me dio el volver a hollar terreno tan conocido por lo amado y admirado, me faltó la posibilidad de maravillarme al transitar la experiencia de esta obra de arte. Me hubiera gustado, la verdad, encontrar alguna vuelta de tuerca, alguna relectura, un puñadito de arena que me sorprendiera tanto como, estoy seguro, esta serie sorprenderá a quienes no conocen el cómic. A esperar la segunda temporada.
Fernando Ariel García

lunes, 8 de agosto de 2022

DEPREDADOR – LA PRESA: MÁS DE LO MISMO, PERO MEJOR

Depredador: La presa. Director: Dan Trachtenberg. Protagonistas: Amber Midthunder, Dakota Beavers, Dane DiLiegro, Michelle Thrush, Stormee Kipp, Julian Black Antelope y Bennett Taylor entre otros. Guionista: Patrick Aison, sobre una historia de Patrick Aison y Dan Trachtenberg. Basado en personajes y situaciones creadas por Jim Thomas y John Thomas para el film Depredador (1987). 20th Century Studios / Davis Entertainment / Lawrence Gordon Productions. EE.UU., 2022. Estreno en la Argentina: Disponible en Star+ desde el 5 de agosto de 2022.


Aunque al Depredador lo vistan de seda, Depredador se queda. Al menos, es lo que yo siento frente a una de las franquicias fantacientíficas más populares y exitosas nacidas en Hollywood. Más allá del sazón que le pongan, de los accesorios que le agreguen, todas las películas de la saga se me hicieron iguales, esquemáticas hasta la médula que el cazador alienígena suele exhibir cada vez que mata a su víctima.


Depredador: La presa (Prey) no le escapa a la norma. De hecho, se prende a ella como una garrapata, volviendo al escenario selvático, agreste y violento de la primera película. Y al igual que Schwarzenegger en esa ocasión, la guerrera Naru (Amber Midthunder) deberá emprender ahora su propia aventura. Extenuante desde lo físico, apremiante desde lo intelectual. Porque para que el cuerpo logre sobrevivir a los embates del inmisericorde alienígena, su cerebro deberá leer adecuadamente las características del oponente; y diseñar la estrategia ideal para salir victoriosa. Mientras libra, al mismo tiempo, otra batalla contra los prejuicios machistas de su propia gente, que no conciben que una mujer pueda ser una gran guerrera.


Especie de precuela con intenciones de reinicio de saga, La presa encuentra en Dan Trachtenberg al director ideal para solventar la empresa. Va al grano, no repite aquello que la platea ya sabe y subraya las características identitarias de la serie: El juego del gato y el ratón entre el Depredador y los habitantes del espacio terrestre que viene a utilizar como coto de caza: El corazón de la nación comanche, a principios de 1700. Por eso, se habla poco y se pelea mucho, se mata y se muere entre espasmos de adrenalina y un ritmo nervioso y cambiante. Precavido y lento cuando tiene que serlo, rápido y furioso cuando corresponde.


Nada nuevo bajo el sol, sólo que esta vez el entorno comanche viene expuesto como dato central, no como elemento de color nacido (sólo) por la necesidad de ser políticamente correctos. Aunque la cuestión de género parezca dialogar más con la coyuntura actual que con el presente histórico donde se desarrolla la trama. Desde lo simbólico (también desde lo concreto), que el 80 por ciento de los involucrados en la realización de la película, delante y detrás de cámara, pertenezcan al pueblo comanche, le agrega verdad al resultado final. Que (al menos en los EE.UU.) se exhiba en copias dobladas y subtituladas en comanche, termina de redondear un hecho histórico para las comunidades indígenas norteamericanas.


Con estas bases, La presa capitaliza la belleza inherente a la cosmogonía comanche. Sabe apoyarse en su cultura, en la tipología de sus relaciones, en el peso de sus creencias y mitos, a la hora de construir una aventura típica del Depredador, resignificando cada eslabón del relato mientras los va encadenando. Más de lo mismo, pero mejor.
Fernando Ariel García

viernes, 15 de julio de 2022

STRANGER THINGS 4: EL FIN DEL PRINCIPIO

Stranger Things - Temporada 4 (vol. 2). Directores: Los hermanos Duffer. Protagonistas: Winona Ryder, David Harbour, Finn Wolfhard, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Noah Schnapp, Sadie Sink, Natalia Dyer, Charlie Heaton, Joe Keery, Maya Hawke, Priah Ferguson, Cara Buono, Brett Gelman, Paul Reiser, Eduardo Franco, Joseph Quinn, Jamie Campbell Bower, Joe Chrest, Matthew Modine, Tom Wlaschiha y Sherman Augustus, entre otros. Guionistas: Los hermanos Duffer. 21 Laps Entertainment / Monkey Massacre. EE.UU., 2022. Estreno en la Argentina: Disponible en Netflix desde el 1º de julio de 2022.


Cuatro horas para dos episodios. Mucha acción, adrenalina a tope. Idas y vueltas argumentales, encuentros y reencuentros, confesiones que sabíamos todos menos los personajes. Gritos, llantos, explosiones, sangre, muertes (no sé si tan) sorpresivas. Nivel de producción hollywoodense, ritmo algo frenético y un montaje que te dejaba pegado al sillón. Y, como si todo esto fuera poco, la misma espada que Schwarzenegger levantó en Conan el bárbaro.


Aun así, creo que estos dos últimos episodios de la cuarta temporada de Stranger Things hubieran funcionado (mucho) mejor como los dos primeros de la quinta. ¿Por qué? Principalmente, porque no hay ninguna revelación que sacuda las perspectivas de lo que estamos viendo, como sí ocurrió en el volumen 1. Aquí, a pesar de los altos momentos emotivos que alcanzan los hermanos Duffer, todo me sonó a ratificación de lo ya contado, a mera reafirmación de lo ya explorado. Bonito, interesante e intenso, pero redundante. El anticlímax perfecto.


Lo de Once y Vecna funciona (y cómo), pero no suma ni profundiza la trama. La esperada reunión de los protagonistas cumple con todos los protocolos, pero no dignifica algunas de las historias paralelas que les tocaron en el reparto. La carta musical de Metallica está muy bien jugada, pero queda deslucida tras el pico narrativo que se había alcanzado con Kate Bush. Tal vez, las expectativas generadas por el final del volumen 1 dejaron la vara demasiado alta, sobre todo para un cierre estructurado como transición hacia el desenlace definitivo.


Habrá que confiar en los hermanos Duffer; y ver qué hacen con el abultado crédito que lograron amarrocar. Dicen que saben hacia dónde van; y que sólo nos resta presenciar el efecto dominó de las fichas que empezaron a caer y levantar velocidad. Terminado el principio, e incapaces de volver atrás, sólo les queda avanzar hacia el final. Esperemos que, en la última vuelta, no se pongan la Ferrari de sombrero.
Fernando Ariel García

martes, 5 de julio de 2022

THOR – AMOR Y TRUENO: OCHENTOSA COMEDIA ROMÁNTICA (SUPERHEROICA Y ROCANROLERA)

Thor: Amor y Trueno. Director: Taika Waititi. Protagonistas: Chris Hemsworth (Thor Odinson), Natalie Portman (Jane Foster / Poderosa Thor), Christian Bale (Gorr), Tessa Thompson (Rey Valkiria), Jaimie Alexander (Sif), Taika Waititi (Korg), Chris Pratt (Star-Lord), Dave Bautista (Drax), Bradley Cooper (voz de Rocket), Vin Diesel (voz de Groot), Karen Gillan (Nebula), Pom Klementieff (Mantis), Sean Gunn (Kraglin Obfontieri) y Russell Crowe (Zeus). Participación especial de Matt Damon, Sam Neill, Luke Hemsworth y Melissa McCarthy (actores asgardianos que interpretan a Loki, Odín, Thor y Hela), además de los hijos de Hemsworth, Portman, Bale y Waititi, que andan dando vueltas por ahí. Guionistas: Taika Waititi y Jennifer Kaytin Robinson, basado en personajes y situaciones creados para los cómics Marvel por Stan Lee, Larry Lieber, Jack Kirby y Jason Aaron, entre otros. Marvel Studios. EE.UU., 2022. Estreno en la Argentina: 7 de julio de 2022.


En la privada de prensa, por primera vez, oí hablar de la grieta asgardiana que divide a los fanáticos de Thor. Están los que bancan a muerte las dos primeras películas de la saga, Thor y Un mundo oscuro, por esa pátina teatral, ominosa y shakespereana que remite a la etapa clásica de Stan Lee y Jack Kirby. Y están los que defienden, a capa y espada, el abordaje lúdico y descontracturado que Taika Waititi le imprimió a la franquicia con Thor: Ragnarok. Al final de la proyección, todos se fueron más que contentos, hecho que parecería haber zanjado cualquier diferencia nimia entre las partes.


De todas formas, teniendo en cuenta que Waititi está detrás de las cámaras en Thor: Amor y Trueno (Thor: Love and Thunder), no está de más aclarar que esta aventura abraza y potencia el espíritu adolescente rocanrolero (Guns N’ Roses a tope), más especialmente el de la comedia romántica ochentosa, llena de desbordes hormonales, celos estúpidos, chistes descerebrados y aptos para toda la familia, sensiblería explícita y una carga dramática muy pesada, que necesita de toda la ligereza anteriormente mencionada para no volverse intragable.


Porque detrás de toda la parafernalia visual y desmedida con que aparece vestida esta épica superheroica, la película busca demostrar que el Amor es la fuerza que da definitivo sentido a la existencia. No a la vida como absoluto valor abstracto, sino a la vida mundana y cotidiana. A la mía, a la tuya, a la de esa banda conocida como los Guardianes de la Galaxia; a la de Thor, a la de Jane Foster, enferma de cáncer y transformada en la Poderosa Thor, e incluso a la de Gorr, el asesino intergaláctico de dioses que quiere cargarse a todos los panteones místicos del Universo Cinematográfico de Marvel, por una razón más que valedera.


Y donde reina el Amor, ya se sabe, en algún momento también aparece el dolor de su pérdida. Y en la conformación identitaria de nuestro ser, llegará el tiempo en que tengamos que decidir qué hacemos con ese vacío. Los protagonistas de la película nos muestran un par de opciones: Abrazar la venganza, hundirnos en la pena, levantar una barrera entre nuestros sentimientos y el mundo. Y reconvertir esa ausencia en otra forma de presencia del Amor como motor de la vida. Una tarea ciclópea que, pareciera, rinde los frutos menos amargos.


Es una película de Marvel, así que hay que quedarse hasta el final. Y me pareció a mí, que veo cosas donde no están, ¿o en el último tramo hay un fuerte guiño a la Turma da Mônica de Mauricio de Sousa?
Fernando Ariel García

jueves, 30 de junio de 2022

ALÍCIA Y EL ALCALDE: IDEAS PARA POLÍTICOS SIN IDEAS

Alícia y el Alcalde. Director: Nicolas Pariser. Protagonistas: Fabrice Luchini, Anaïs Demoustier, Nora Hamzawi, Maud Wyler y Thomas Chabrol, entre otros. Guionista: Nicolas Pariser. Francia / Bélgica, 2019. Bizibi Productions / Arte France Cinéma / Scope Pictures / Auvergne-Rhône-Alpes Cinéma / Les Films du 10 / Canal + / Ciné + / ARTE France. Estreno en la Argentina: 30 de junio de 2022.


Estamos en el sur de Francia. Más exactamente, en Lyon, la tercera ciudad más poblada del país. La urbe que supo ser bastión de la Resistencia a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, hace rato se ha reconvertido en moderno enclave comercial y financiero, hogar de un par de las principales grandes écoles de la Galia y dueña de un patrimonio histórico, cultural, gastronómico y arquitectónico sin igual. Se la ve ordenada y amigable, vivible y disfrutable, asentada en un presente estable y con vistas a un futuro promisorio.


Quién no está así es su alcalde, Paul Théraneau (un inmejorable Fabrice Luchini, como siempre), que se encuentra atravesando una crisis personal de proporciones inconmensurables. Se siente vacío de ideas, desmotivado hasta la médula, estancado en un temible punto muerto. Justo cuando la gestión le demanda visibilidad y movimiento; y su partido (socialista) le exige definiciones en cuanto a su posible futura candidatura presidencial.


El problema es que Théraneau se ha dado cuenta de que encarna uno de los signos políticos de estos tiempos. El encapsulamiento creciente de las dirigencias, abocadas a resolver sus rencillas de palacio en lugar de los problemas concretos de la calle. La vaguedad líquida de los progresismos, favorecedora del alarmante crecimiento de los extremismos. Y para intentar encauzar su futuro neblinoso, el alcalde sin ideas tiene una idea: Contratar a una filósofa como asesora, una outsider total que lo ayude a re-ingresar en los meandros pasionales de su vocación. Entra en escena la Alícia del título (impecable Anaïs Demoustier); y las cosas van a tomar un giro impensado.


Más interesante por los debates que plantea que por la conjugación cinematográfica que plasma, Alícia y el alcalde (Alice et le maire) pospone los valores narrativos de la imagen para potenciar los intereses discursivos de la propuesta, que son muchos, sumamente actuales y claramente urgentes. Porque la crisis personal del alcalde también puede ser entendida (y abordada) como una metáfora de la actual crisis planetaria de representación política. El divorcio entre los políticos y los ciudadanos. La distancia sideral que se sigue abriendo entre las agendas gubernamentales y las necesidades reales de la población. Como si la moderna praxis política, violentamente resumida en la lucha por el poder, se estuviera convirtiendo en el verdugo de las democracias. Y de ese desencanto sembrado entre las gentes de a pie, germinaran las tóxicas radicalizaciones que el film define como derechas y populismos.


La salida de esta encrucijada política, la película lo tiene claro, viene de la mano de la Política, entendida como herramienta de profunda transformación social. El problema; y la película también lo tiene claro, está en algunos de los políticos (y en algunas prácticas partidarias) a cargo de la administración de la cosa pública.
Fernando Ariel García

sábado, 25 de junio de 2022

ELVIS: DOS PARA TRIUNFAR

Elvis. Director: Baz Luhrmann. Protagonistas: Austin Butler (Elvis Presley), Tom Hanks (coronel Tom Parker), Olivia DeJonge (Priscilla Presley), Helen Thomson (Gladys Smith, madre de Elvis), Richard Roxburgh (Vernon Presley, padre de Elvis) y Nicholas Bell (senador James Oliver Eastland), entre otros. Participación especial de Kelvin Harrison Jr. (BB King), Xavier Samuel (Scotty Moore), David Wenham (Hank Snow), Kodi Smit-McPhee (Jimmie Rodgers Snow), Yola (Hermana Rosetta Tharpe), Alton Mason (Little Richard), Gary Clark Jr. (Arthur Crudup), Adam Dunn (Bill Black), Terepai Richmond (D.J. Fontana), Cle Morgan (Mahalia Jackson) y Shonka Dukureh (Willie Mae "Big Mama" Thorton). Guionistas: Baz Luhrmann y Sam Bromell, Baz Luhrmann y Craig Pearce; y Jeremy Doner, sobre una historia de Baz Luhrmann y Jeremy Doner. Música: Elliott Wheeler. Incluye las canciones Vegas (interpretada por Doja Cat), The King and I (Eminem y CeeLo Green), y versiones de los clásicos de Elvis y del rock’n’roll en general, interpretados por Austin Butler, Swae Lee y Diplo, Stuart Prince, Pnau, Kacey Musgraves, Nardo Wick, Måneskin, Stevie Nicks y Chris Isaak, Shonka Dukureh, Les Greene, Yola, Denzel Curry, Lenesha Randolph, Impala, Jazmine Sullivan, Jack White, Paravi y Nardo Wick. Historietista: Kelly Baigent. Australia / EE.UU., 2022. Bazmark Films / The Jackal Group. Estreno en la Argentina: 14 de julio de 2022.


Vamos a decirlo con todas las letras. Lo de Austin Butler es tremendo, descomunal. Como lo de Rami Malek con Freddie Mercury (y lo de Gwilym Lee como Brian May, no nos olvidemos), lo suyo es un verdadero calco de Elvis Presley. O, al menos, del Elvis Presley icónico que uno tiene archivado en algún rincón de la mente. Los gestos, las poses, la presencia, las miradas, la pelvis. Un combo perfecto porque, además, las canciones que canta las canta como uno se las oyó cantar a Elvis. Aplausos de pie.


Pero, a fuerza de ser sincero, más allá de todo lo bueno que aporta Butler, si no estuviera el coronel Tom Parker de Tom Hanks, esta Elvis de Baz Luhrmann sería (al menos para mí) la perfecta recreación de un perfecto recital del Elvis Presley perfecto. Nada más. Lo de Hanks, actoralmente hablando, pertenece a otra liga. Las sinuosidades de ese personaje amoroso y nefasto, paternal y abusivo, calculador y mefistofélico, son las especias que le dan voluptuosidad, picor, sutileza, cuerpo y punch a este banquete desaforado, servido con la exuberancia hollywoodense y el impacto visual de una ópera vanguardista.


Por el precio de una biografía, Luhrmann nos cuenta dos: la de Elvis y la de Tom Parker. Principalmente, porque la de ninguno de los dos tendría mucho sentido sin la fusión con el otro. Para conocer a este Elvis bicéfalo es necesario comprender (me parece) que el mito se conformó gracias a (y a pesar de) el talento innato de las dos partes. Uno puso el don musical, vocal e histriónico, el otro aportó las cualidades marketineras para que el mundo comprara la mercadería que ambos vendieron, a veces convencidos de lo que ofrecían y otras, a regañadientes.


Cada uno aportó lo suyo a este combo que sacudió y transformó la cultura popular estadounidense, irradiando su influencia al mundo todo y más. De la encarnación del pecado al quintaesencial chico americano que toda madre querría como yerno, la película arma meticulosamente el rompecabezas cuya última pieza es la del rockstar glorioso y decadente, panzón y atiborrado de pastillas, que ya era inmortal antes de morir. En el medio, su diálogo con la Historia real: la segregación racial, defendida a capa y espada por el senador James Oliver Eastland; los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy; el góspel, el rhythm and blues, Los Beatles y los Rolling Stones. Y destellos de felicidad junto con su esposa Priscilla y su pequeña hija Lisa Marie.


Como corresponde a una biopic musical (y a una película de Luhrmann), la banda de sonido es otra protagonista principal del film. Y, en ese sentido, Elvis aborda (y aggiorna) respetuosamente el legado del Rey. Cuando las secuencias muestran a Elvis en acción arriba de cualquier escenario, las canciones se ciñen al imaginario ya conocido y consolidado. Pero cuando visten las escenas de la vida cotidiana en Memphis, Graceland y Las Vegas, se permiten romper el canon y abrirse a fusiones y remixes con ritmos urbanos contemporáneos, detalle que suma a la hora de facetar las cualidades de un repertorio capaz de mantener intacto su clasicismo mientras revalida su vigencia. La vigencia de una historia de amores y desgarros, de triunfos y tragedias, del mito que sigue siendo y del hombre que, tal vez, pudo haber sido. No tiene escenas post-créditos, pero la película termina al final, no antes.

El joven Elvis Presley (Chaydon Jay), lector y fanático del Capitán Marvel Jr.  

Párrafo aparte para el mundo comiquero. La biopic de Luhrmann le dedica mucha atención (y peso específico dentro de la trama) a la fascinación de Elvis Aaron Presley por los cómics del Capitán Marvel Jr. a cargo del maestro (de pie, por favor) Mac Raboy. ¿O de dónde creen que salieron la capita corta y el símbolo del rayo que Elvis usaba como parte de su atuendo? Las menciones metafóricas a la Roca de la Eternidad están a lo largo del metraje, que incluso incluye un corto segmento cartoon del Capitán Marvel Jr. con los dibujos de Kelly Baigent (animadora que trabajó en La vida secreta de las mascotas, Titan A.E. y Anastasia, entre otros films). Lo que no entiendo (o sí) es por qué, siendo una película de Warner (dueña de DC Comics, los propietarios del Capitán Marvel Jr.), cuando el audio original en inglés habla del Captain Marvel Jr., el subtitulado en castellano lo traduce como Shazam. ¿Habrán pensado que le hacían propaganda a la competencia?
Fernando Ariel García