miércoles, 29 de junio de 2016

LA ILUSIÓN DE ESTAR CONTIGO: MADAME BOVERY

La ilusión de estar contigo. Directora: Anne Fontaine. Protagonistas: Fabrice Luchini, Gemma Arterton, Jason Flemyng, Isabelle Candelier, Mel Raido, Elsa Zylberstein, Edith Scob, Niels Schneider y Kacey Mottet Klein, entre otros. Guionistas: Pascal Bonitzer, Anne Fontaine, en base a la novela gráfica Gemma Bovery, de Posy Simmonds. Albertine Productions / Gaumont / France 2 Cinéma / Cinéfrance 1888. Francia, 2014. Estreno en la Argentina: 30 de junio de 2016. 

En estos tiempos en que el cine y el cómic están viviendo su amorío más fogoso, uno puede llegar a creer que el único resultado posible tiene que pasar por superhéroes más o menos oscuros, más o menos conflictuados, en largas películas saturadas de testosterona y movimiento acelerado. Pero no, por suerte de esta relación también puede surgir una obra preciosa e intimista, enfocada en las pequeñas grandes cosas que todavía siguen moviendo al mundo: El amor, la pasión, el aburrimiento, los ideales románticos, la conviviencia cotidiana, el adulterio como escape de la banalidad hueca y la incidencia de tanto tiempo muerto en una ciudad de provincia.




La ilusión de estar contigo (horripilante “traducción” del original Gemma Bovery) adapta la novela gráfica de Posy Simmonds, historietista británica que ya le diera al cine su Tamara Drewe, filmada por Stephen Frears para el lucimiento femenino de Gemma Arterton, que aquí presta su físico y su emoción a la Gemma Bovery del título. Relectura moderna del clásico inmortal de Flaubert, Madame Bovary, el cómic y el filme elaboran los paralelismos que pueden existir entre la vida y el arte, entre una mujer de carne y hueso y otra surgida del ideario masculino, entre el destino y los malentendidos nacidos al calor de las alienaciones generadas por las sociedades industriales.


Sátira de corte social que combina el humor con el drama, el erotismo con el misterio, el inaccesible aislacionismo del alma humana con la majestuosidad a cielo abierto de los bellos y bucólicos escenarios naturales de la Normandía francesa, el mismo enclave elegido por Flaubert para montar su literario retrato naturalista. Desde la ambigüedad que aporta la mirada voyeurista del ex parisino Martin Joubert (la máscara del doble galo de Francella, Fabrice Luchini), tan obsesionado con Gemma Bovery como con Emma Bovary, vamos a entrar de lleno en un mundo metaliterario donde las acciones parecen confluir de manera orgánica hacia la tragedia. 


¿Lo mejor de todo? Anne Fontaine elige no encerrarse en la lealtad inquebrantable al cómic (algo lógico en una ficción que elabora la infidelidad como signo de rebelión), alterando nimios detalles de la trama y renunciando a la reproducción sistemática de encuadres y tempos narrativos que sirvieron a Posy Simmonds para anudar la historia en secuencias impresas sobre el papel. Aquí manda el cine, la cámara que sabe cuándo y cómo moverse, qué mostrar y qué no, apoyándose en la poesía estilística del punto de vista y la voz interior, para arribar al mismo destino que la historieta. El gusto agridulce con que la existencia sazona nuestro corto paso por este mundo. 
Fernando Ariel García

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