martes, 28 de junio de 2016

DOS TIPOS PELIGROSOS: ARMA MORTAL REMIXADA

Dos tipos peligrosos. Director: Shane Black. Protagonistas: Russell Crowe, Ryan Gosling, Kim Basinger, Angourie Rice y Matt Bomer, entre otros. Guionistas: Shane Black, Anthony Bagarozzi. Misty Mountains / Bloom / Lipsync Productions. EE.UU., 2016. Estreno en la Argentina: 30 de junio de 2016. 

¿Cómo sintetizar tres décadas tan distintas (y tan complementarias) como los ’70, los ’80 y los 2000? Una (muy) buena respuesta a este interrogante es Dos tipos peligrosos (The Nice Guys), película con que Shane Black (Iron Man 3) alcanza la representación cinematográfica más acabada de su estilo, de su perspectiva narrativa hecha a base del entrecruzamiento de géneros. En este caso, una comedia policial de acción protagonizada por la (a)típica pareja despareja. 

Si suena muy parecido a la base de la saga Arma Mortal que entronizaran Mel Gibson y Danny Glover en el mundo analógico, no es casualidad. Blake fue el escritor de la primera parte, el que definió ese combo inolvidable de heroicidad y patetismo, apoyándose en un delicado equilibrio entre el espectáculo y la intriga, mechándolo todo con gags humorísticos (verbales y físicos) de timing perfecto y envidiable. 


Los dos tipos del título, Russell Crowe y Ryan Gosling, son tan distintos e iguales que (aunque no lo sepan y/o no quieran) nacieron para estar juntos, para protegerse las espaldas y terminar de conformar la familia que a ambos les falta, por diversos motivos. ¿Perdedores nostálgicos que sólo se mueven por plata? ¿Héroes románticos capaces de jugarse el pellejo por una causa noble? Si es que de verdad quieren acabar con la conspiración que está saliendo a la luz antes de ponerse a pensar en secuelas, en esta aventura van a tener que ser (y hacer) las dos cosas.


Con cinismo y amargura, con una mala leche no exenta de ternura y piedad, Black editorializa sobre nuestro presente al reírse de las miradas prospectivas con que se imaginaba el futuro desde el pasado. De ahí que la síntesis temporal de las tres décadas potencie el abanico de sensaciones que abre la película. En la ficción, estamos en 1977, en una Los Angeles marcada por el sexo, las drogas y la música disco. En la narrativa cinematográfica, recuperamos el discurso de los tanques ochentosos, pero con la imaginería visual moderna. Y en la percepción actual del espectador, terminamos de cerrar el proceso de creación de sentido que (valga la redundancia) da sentido a la experiencia final. 


Como si todo esto fuera poco, Dos tipos peligrosos prueba la existencia del cine porno con argumento y conciencia social. ¿Se puede pedir algo más? 
Fernando Ariel García

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