jueves, 19 de mayo de 2016

X-MEN. APOCALIPSIS: MEGALOMANÍA PARA PRINCIPIANTES

X-Men: Apocalipsis. Director: Bryan Singer. Protagonistas: James McAvoy (Charles Xavier /Profesor X), Michael Fassbender (Magneto), Jennifer Lawrence (Raven / Mystique), Oscar Isaac (En Sabah Nur / Apocalipsis), Nicholas Hoult (Hank McCoy / Bestia), Evan Peters (Peter Maximoff / Quicksilver), Sophie Turner (Jean Grey), Tye Sheridan (Scott Summers / Cíclope), Lucas Till (Alex Summers / Havok), Kodi Smit-McPhee (Kurt Wagner / Rondador Nocturno), Ben Hardy (Ángel), Alexandra Shipp (Ororo Munroe / Tormenta), Olivia Munn (Psylocke), Lana Condor (Jubilee), Rose Byrne (Moira Mactaggert), Josh Helman (coronel William Stryker) y Tómas Lemarquis (Caliban), entre otros. Participación especial de Hugh Jackman (Arma X / Logan), Stan Lee y Joanie Lee. Guionistas: Simon Kinberg, Bryan Singer, Michael Dougherty, Dan Harris, basado en personajes y situaciones del cómic Marvel, con especial referencias a las sagas firmadas por Stan Lee, Jack Kirby, Chris Claremont, Walter Simonson, Barry-Windsor Smith y Jim Lee. 20th Century Fox / Marvel Entertainment / TSG Entertainment / Bad Hat Harry Productions. EE.UU., 2016. Estreno en la Argentina: 19 de mayo de 2016.


Megalómano. Esa es la palabra justa para definir el plan de Apocalipsis, primer mutante de la historia que fuera considerado como un Dios por los antiguos egipcios; y que aquí despierta de su letargo justo a tiempo para reformatear el mundo a su imagen y semejanza. Y es la palabra justa para definir el plan de arquitectónica reconstrucción interna de la franquicia superheroica explotada por la 20th Century Fox. Una trilogía entera programada para desarmar y deshacer la sumatoria de errores acumulados en X-Men: La batalla final, estrenada hace una década y defenestrada (explícitamente) por Bryan Singer en uno de los pocos chistes que exhibe esta X-Men: Apocalipsis (X-Men: Apocalypse), que termina de acomodar los porotos para (esperemos) empezar a jugar a partir de la próxima entrega.


La película no es difícil de seguir ni de entender, pero sí es larga y, por momentos, se hace aún más larga. Incorpora escenas de delicadas sutilezas narrativas, exactas para explotar la emotividad a escala humana que el género también puede articular cuando cuenta con actores del calibre de Michael Fassbender. Y se derrama en la estética del exceso tan transitado por el discurso destructivo del cine catástrofe pochoclero en 3D, pensado para que los asientos se mueven al compás de lo que pasa en la pantalla. Como si ello alcanzara para generar empatía con el tránsito dramático de los personajes. 


Sumamente discursiva, a pesar de su despliegue visual, Apocalipsis ratifica el camino escogido por Primera generación (2011) y Días del futuro pasado (2014), el de la intervención retroactiva como eficaz mecanismo de relojería para establecer las relaciones personales entre mutantes. Ambientada en la década de los ’80, el marco de la Guerra Fría resulta netamente referencial; y poco impacta en la trama, que vuelve a centrarse en los modelos para armar la convivencia entre los diferentes, siempre mediadas por el peso de los prejuicios. ¿La utopía pacifista de la convivencia o la subordinación de los humanos al mandato del gen X? 


Sacar partido de los iconos establecidos. Sumar nuevas criaturas al gran panteón de paladines. Consolidar un legado sin dormirse en los laureles. Administrar tiempos, poderes y egos mientras se hace avanzar la historia. Hacerle un par de mimos a los fanáticos más fanáticos de los cómics. Cerrar viejas puertas y abrir nuevas tramas para su futuro desarrollo u olvido. Demasiados mandatos para una sola película. Que las más de dos horas y media de metraje puedan surfear entre estas bravías olas vuelve a hablar bien de Bryan Singer. Sobre todo por esas pequeñas escenas para Magneto, Quicksilver y Logan, donde el director se dedica a contar y no a explicar cómo encajan las cosas en este tetris endiablado en que se han convertido los X-Men.


Y conviene quedarse hasta después de los créditos finales. Parece una escena intrascendente y hasta burocrática, pero es la coda perfecta para esta épica trágica, presagio del siniestro (y entretenido) futuro que nos aguarda. 
Fernando Ariel García 

Marvelinks: 

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