martes, 17 de marzo de 2026

GEA: IMPERATIVO ÉTICO Y DEMOCRÁTICO CONTRA EL NEGACIONISMO

Gea7. Autor: Luca Enoch. Inspirado en el libro El vuelo (1995) de Horacio Verbitsky; y las películas Vidas al límite (Bringing Out the Dead, 1999) y Garage Olimpo (1999), de Martin Scorsese y Marco Bechis, respectivamente. Letrista: Renata Tuis. Portadista: Luca Enoch. Sergio Bonelli Editore. Italia, junio de 2002.


Para quienes no están al tanto de la premisa de este clásico bonelliano creado y realizado íntegramente por Luca Enoch, alcanza con decir que la protagonista, la adolescente huérfana Gea, es una especie de defensora mística de la Tierra. Como miembro de la antiquísima Casta de los Baluartes, pertenece a la tradición de mujeres empoderadas que fueron perseguidas y asesinadas como brujas, aunque su real misión haya sido luchar contra criaturas invasoras de otras dimensiones.


Junto con un enfoque moderno de la ciencia-ficción y la fantasía heroica, la serie deja muy en claro su oposición a las convenciones sociales hegemónicas, exhibiendo el alto compromiso social con las causas feministas e inclusivas. En cada una de sus historias, las criaturas mitológicas funcionan como clara metáfora de la marginación identitaria, económica, sexual, política, racial y el etcétera más amplio que se les pueda imaginar.


A diferencia de los episodios ya mencionados de Julia y Dampyr (aquí y aquí), esta aventura aborda tangencialmente la última Dictadura Militar argentina, enfocando específicamente la práctica castrence conocida como “vuelos de la muerte”. O sea, el método de exterminio que consistía en arrojar personas vivas al mar desde un avión en vuelo, con la intención de asesinar a los detenidos desaparecidos y eliminar las pruebas del delito. Clive, uno de los antagonistas de esta historia de Gea, ha sido instructor militar en la Escuela de las Américas, capacitando torturadores y genocidas argentinos para la “Lucha antisubverisva”.


Cumpliendo con sus tareas, Clive estuvo en la ESMA y participó de algunos vuelos de la muerte. La descripción de esta mecánica, eufemísticamente denominada “traslado”, Enoch la tomó del libro El vuelo, de Horacio Verbitsky. Sin regodeos morbosos, con una precisión no exenta de poesía, la historieta recrea el calvario de Rosa, detenida desaparecida inyectada con pentotal sódico antes de ser arrojada viva, desnuda y en estado de semiinconsciencia a las gélidas aguas del Río de la Plata.


Algunos años después, ya en el terreno de la ficción, Rosa se le aparece reiteradamente a Clive como un fantasma silencioso que lo lleva a la locura. Sin descuidar la trama principal, que claramente va para el lado de la continuidad interna de la serie, Enoch hace de Clive un espejo de Adolfo Scilingo, primer oficial de la Dictadura que admitió públicamente el terrorismo de Estado implantado en la Argentina entre 1976 y 1983, en una entrevista con Verbitsky que sirvió de base a El vuelo.


A partir de este íntimo arrepentimiento, es el propio Clive quien desmonta las mentiras difundidas por la Junta Militar, denuncia la inmoral lógica que justificaba el plan sistemático de exterminio; y condena la complicidad de los altos mandos de la Iglesia Católica durante (y después de) los años de plomo. También deja en crítica evidencia el pacto de silencio que mantenían (y siguen manteniendo) las autoridades militares sobre el destino de los desaparecidos, las apropiaciones de sus hijos y los recursos económicos saqueados. Demandas que siguen sonando fuerte (muy fuerte) en estos tiempos de auge de los discursos negacionistas y reivindicativos de nuestro Holocausto, fogoneados incluso por el binomio presidencial.


Cinco décadas después, el imperativo ético y democrático sigue siendo el mismo: Memoria, Verdad y Justicia.
Fernando Ariel García
a 7 días de los 50 años del Golpe de Estado

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