Gea
Nº 7.
Autor:
Luca
Enoch.
Inspirado
en el libro El vuelo (1995) de Horacio Verbitsky; y las películas
Vidas al límite (Bringing Out the Dead, 1999) y Garage Olimpo
(1999), de Martin Scorsese y Marco Bechis, respectivamente. Letrista:
Renata
Tuis.
Portadista: Luca
Enoch.
Sergio
Bonelli Editore.
Italia,
junio
de 2002.
Para
quienes no están al tanto de la premisa de este clásico bonelliano
creado y realizado íntegramente por Luca Enoch, alcanza con decir
que la protagonista, la adolescente huérfana Gea, es una especie de
defensora mística de la Tierra. Como miembro de la antiquísima
Casta de los Baluartes, pertenece a la tradición de mujeres
empoderadas que fueron perseguidas y asesinadas como brujas, aunque
su real misión haya sido luchar contra criaturas invasoras de otras
dimensiones.
Junto
con un enfoque moderno de la ciencia-ficción y la fantasía heroica,
la serie deja muy en claro su oposición a las convenciones sociales
hegemónicas, exhibiendo el alto compromiso social con las causas
feministas e inclusivas. En cada una de sus historias, las criaturas
mitológicas funcionan como clara metáfora de la marginación
identitaria, económica, sexual, política, racial y el etcétera más
amplio que se les pueda imaginar.
Algunos
años después, ya en el terreno de la ficción, Rosa se le aparece
reiteradamente a Clive como un fantasma silencioso que lo lleva a la
locura. Sin descuidar la trama principal, que claramente va para el
lado de la continuidad interna de la serie, Enoch hace de Clive un
espejo de Adolfo Scilingo, primer oficial de la Dictadura que admitió
públicamente el terrorismo de Estado implantado en la Argentina
entre 1976 y 1983, en una entrevista con Verbitsky que sirvió de
base a El vuelo.
A
partir de este íntimo arrepentimiento, es el propio Clive quien
desmonta las mentiras difundidas por la Junta Militar, denuncia la
inmoral lógica que justificaba el plan sistemático de exterminio; y
condena la complicidad de los altos mandos de la Iglesia Católica
durante (y después de) los años de plomo. También deja en crítica
evidencia el pacto de silencio que mantenían (y siguen manteniendo)
las autoridades militares sobre el destino de los desaparecidos, las
apropiaciones de sus hijos y los recursos económicos saqueados.
Demandas que siguen sonando fuerte (muy fuerte) en estos tiempos de
auge de los discursos negacionistas y reivindicativos de nuestro
Holocausto, fogoneados incluso por el binomio presidencial.
Cinco
décadas después, el imperativo ético y democrático sigue siendo
el mismo: Memoria, Verdad y Justicia.
Fernando
Ariel García
a
7 días de los 50 años del Golpe de Estado







No hay comentarios:
Publicar un comentario