miércoles, 31 de enero de 2024

QUANTUMANIA: UN MONTÓN DE NADA

Ant-Man and The Wasp: Quantumania. Director: Peyton Reed. Protagonistas: Paul Rudd (Scott Lang / Ant-Man), Evangeline Lilly (Hope Van Dyne / Wasp), Jonathan Majors (Kang / Immortus / Rama-Tut / Victor Timely), Michael Douglas (Dr. Hank Pym / Ant-Man), Michelle Pfeiffer (Janet Van Dyne / Wasp), Kathryn Newton (Cassie Lang), Corey Stoll (Darren Cross / M.O.D.O.K.), Katy O’Brian (Jentorra) y David Dastmalchian (Veb), entre otros. Participación especial de Bill Murray (Lord Krylar), Randall Park (Jimmy Woo), Tom Hiddleston (Loki) y Owen Wilson (Mobius M. Mobius). Guionista: Jeff Loveness. Basado en personajes y situaciones creados por Stan Lee, Jack Kirby, Ernie Hart, David Michelinie, Bob Layton, John Byrne, Tom DeFalco, Ron Frenz, Peter Sanderson, Rich Yanizeski, Scott Reid, Miguel Munera, Al Feldstein, Joe Maneely, Walter Simonson y Larry Lieber, entre otros, para los cómics Marvel. Marvel Studios. EE.UU., 2023. Estreno en la Argentina: 16 de febrero de 2023.


Hay producciones Marvel que me hacen replantear (muy seriamente) mi autoimpuesto deber de ponerme al día con el Universo Cinematográfico de Marvel. Y claramente, Ant-Man and The Wasp: Quantumania es una de ellas. Aburrida y larguísima, la presentación formal de Kang como próximo Thanos multiversal es, a mi modo de ver, todo aquello que no debería haber sido. Y la responsabilidad no parece ser de Jonathan Majors, que compone un Amo del Tiempo habitado por contradicciones e interesantes zonas grises, reconvertido aquí en el salvaje y sanguinario genocida que le impone la trama.


Apelando a un despliegue visual abrumador, hipercolorido y psicodélico, el film elige entrar por los ojos y hace gala de efectos visuales tan grandilocuentes como desangelados. La exploración del universo cuántico no ahorra excesos de ninguna naturaleza, pero termina reducido a una versión extendida de la escena de la taberna de Star Wars, llena de alienígenas multiformes e incapaces de generar expectativa, suspenso, miedo, adrenalina, risa y, mucho menos, cualquier nivel de empatía. Están ahí para llenar la pantalla con mucho movimiento y demasiado ruido. Y se nota.


Lo que manda es la cantidad. Como un acto de prepotencia económico-tecnológica, la película busca abarcarlo todo y, en consecuencia, termina apretando muy poco. No hay una vuelta de tuerca original, no se cae ninguna idea nueva o, al menos, interesante. No es más que un montón de nada, como cantaría el gran Adrián Otero. Si hasta se da el lujo de malgastar a un personaje como M.O.D.O.K. y a un actor como Bill Murray. Es difícil de creer en una aventura que pretende desandar la épica a través del humor, pero Marvel logró que comediantes reconocidos como Paul Rudd y Murray aparezcan opacos, deslucidos y (lo peor de todo) sin gracia.


Abrazando el costado space-opera de la ciencia-ficción, la tercera entrega de la saga de Ant-Man pareciera querer competir con la trilogía de los Guardianes de la Galaxia by James Gunn. Si hasta incluso desarrolla la idea de familia himenóptera entre hormigas y avispas, otorgándole mayor protagonismo a los primeros Ant-Man y Wasp (Michael Douglas y Michelle Pfeiffer) y promoviendo a la tercera generación superheroica (Kathryn Newton), dejándola a las puertas de los Young Avengers. En lo único que no falla es en su autopercepción de cine colonizador de masas. Como corresponde a un conquistador de la estirpe de Kang, vende espejitos de colores como si fuera oro. Por suerte, la escena post-créditos nos hace babear con la segunda temporada de Loki. Esa parece ir en serio.
Fernando Ariel García

martes, 30 de enero de 2024

JAQUE MATE: LA SUPER SUPER AVENTURA

Jaque Mate. Director: Jorge Nisco. Protagonistas: Adrián Suar, Maggie Civantos, José Eduardo Derbez, Tsahi Halevi, Mike Amigorena, Benjamín Amadeo, Charo López, Mariel Fernández, Diego Cremonesi y Fiorella Indelicato, entre otros. Guionista: Leandro Calderone. Patagonik Film Group / Amazon Studios / Digicine. Argentina, 2024. Estreno en la Argentina: 25 de enero de 2024.


Ya desde el afiche, el regreso de Adrián Suar al cine de acción exhibe un buscado parentesco con la última Misión: Imposible comandada por Tom Cruise. Y si bien ambas figuras comparten posición de privilegio en sus respectivas industrias (y algún grado de chuequera, es cierto), los parecidos entre Jaque Mate y la longeva saga hollywoodense se acaban ahí. Es más, me animaría a decir que Suar no tuvo como norte a Ethan Hunt, sino a nuestros inolvidables Tiburón, Delfín y Mojarrita.


Que no se tome este pensamiento como una despectiva valoración del material cinematográfico, por favor. Llegando a los 60, puedo decir que vi toda la saga de Los Superagentes a medida que las entregas iban desembarcando en las salas. Y recuerdo el impacto de ver el auto atravesando la marquesina del cine en la calle Lavalle, y la emoción que me invadía cuando se apagaban las luces y empezaban las persecuciones, los tiros y las explosiones. Las mismas sensaciones que reconocí en mi hija durante la función de prensa, con las butacas moviéndose en sincronizado 4D con los volantazos de los autos y las motos, el viento de los disparos silbándonos en la nuca y las gotas de agua salpicando nuestros rostros.


Lo hablamos cuando volvíamos caminando por la Avenida Rivadavia, con su risa fresca reproduciendo los chistes con inocente connotación sexual, su residual excitación ante la acción física y las canchereadas de salón, su apreciación del fantoche teatral que la juega de malo, su placer por reconocer en la trama algunos rinconcitos porteños por los que solemos pasear y, sobre todo, su orgullo por haber descubierto el golpe de efecto final apenas apareció esbozado en la trama.


Porque si algo le sobra a la película, es previsibilidad. Por decisión del director Jorge Nisco (o del propio Suar, no lo sé), la super super aventura no deja tópico transitado por recorrer, privilegiando las formas por sobre los contenidos. Pero como yo no parezco ser el público objetivo de Jaque Mate, no puedo decir que haya sido una decisión errada. Cine industrial ATP, típico de la oferta que llegaba a las carteleras de mi niñez durante las vacaciones de invierno, resulta ser un entretenimiento eficaz y seguro, sobre todo porque ha sido probado y ratificado hasta el cansancio. Sólo Benjamín Amadeo se animó a correr riesgos y, por eso, terminó sacándole varios cuerpos de ventaja al resto de los personajes. Y es algo que también me hizo notar mi hija. Si hay secuela, que parece ser el caso, ojalá vaya por ahí.
Fernando Ariel García

TOXIC DETECTIVE: MEJOR PREMISA QUE DESARROLLO

Toxic Detective (Colección Trouz Nº 1). Guion: Claudio Cerdán. Dibujos y portada: Sergio Carrera. Ilustraciones: Julián Totino Tedesco, Renato Guedes, Max Fiumara. Apartado teórico: Claudio Cerdán, Sergio Carrera. Primavera Revólver. Argentina, octubre de 2022.


El punto de partida para este policial con toques superheroicos me compró de inmediato. Ni sabía que existía la Sensibilidad Química Múltiple (SQM), enfermedad crónica que afecta al sistema neurológico, inmunológico y endocrino, obligando a quienes sufren ese síndrome a vivir alejados de un sinfín de elementos de uso cotidiano: conservantes, colorantes, acidulantes y transgénicos, entre muchos otros, además de la polución química del ambiente. Con este disparador, el español Claudio Cerdán (voz experimentada y galardonada de la novela negra hispana) y el argentino Sergio Carrera (fogueado en el cómic mainstream yanqui), armaron esta novela gráfica que dio a conocer en España la editorial Wild Lemon Books en 2021.


Con referencias que van desde El Eternauta a los policiales de Ed Brubaker y Sean Phillips, los autores construyeron un personaje más que interesante. Un hombre enfermo de SQM, obligado a subsistir en un eterno encierro pandémico, con los estragos psicológicos que semejante condición de aislamiento le termina imponiendo. A esta soledad obligada por cuestiones médico-sanitarias, le añadieron también una serie de condicionamientos socio-urbanos que determinan el entorno casi post-apocalíptico de esa anónima urbe contaminada, empeñada en fagocitarlo.


En dicho contexto, queda claro que el protagonista es una especie de fracasado Don Quijote, embriagado por la novela policial en vez de los relatos de caballería. Y será la desaparición de su virtual Dulcinea, también padeciente de SQM, la que ponga en marcha el enigma que dará sustento a la aventura. Obligado a ganar la calle, nuestro detective tóxico deberá rescatar su relación tóxica de entre los oscuros entramados que tejen la corrupción policial y el desinterés de una comunidad obsesionada con invisibilizar las necesidades del prójimo.


Más allá de la bienvenida ambigüedad que la obra pone en escena, el desarrollo de Toxic Detective no me terminó de convencer. Lo encontré demasiado previsible, abarrotado de clichés y urgido por llegar a un desenlace apresurado. Circunstancias que, a mi entender, no permiten capitalizar los innegables aciertos que la idea original exhibe a manos llenas, y que el diseño del protagonista reafirma sin condicionamientos. Me encantaría seguir descubriendo este universo. Creo en la belleza que supura tanta oscuridad.
Fernando Ariel García

jueves, 18 de enero de 2024

EL CONFORMISTA: RETRATO DE UN HOMBRE NORMAL

El conformista. Director: Bernardo Bertolucci. Protagonistas: Jean-Louis Trintignant, Stefania Sandrelli, Gastone Moschin, Dominique Sanda, Enzo Tarascio y Pierre Clémenti, entre otros. Guionista: Bernardo Bertolucci. Basado en la novela homónima de Alberto Moravia, publicada en 1951. Fotografía: Vittorio Storaro. Montaje: Franco Arcalli. Italia / Francia / Alemania (en ese entonces, Alemania Occidental o República Federal de Alemania), 1970. Estreno en la Argentina (copia remasterizada en 4K): 28 de septiembre de 2023.


Comportamiento normal, apariencia normal, trabajo normal, casa normal, matrimonio normal, familia normal, amigos normales, sentimientos normales, pensamientos normales. En resumen, la vida normal de un hombre normal. Pero, ¿qué es, exactamente, una vida normal? ¿Y qué implica, en detalle, ser un hombre normal? A Marcello Clerici, protagonista de El conformista (Il conformista), su percepción ultramontana de la normalidad lo lleva a ser un hombre gris, reprimido y anodino, solitario y silencioso, resignado a transcurrir siguiendo el vaivén de las olas sociales en boga. Un hombre invisible, capacitado para responder a los liderazgos pero incapaz de elegir por cuenta propia. Un nadie, subsumido en los mandatos políticos de las mayorías.


En la Italia de los años ‘30, eso implica que Marcello (un hierático y enorme Jean-Lois Trintignant) se exhiba como un fascista de fuste, orgulloso mussoliniano de la primera hora. Una máscara que nunca deseó y nunca buscó, que no siente como propia aunque la abrace con devoción y compromiso militante. Hay un trauma infantil que podría haber despertado ese deseo de perderse entre las multitudes, pero que de ninguna manera justifica la dedicación con que ha venido construyendo esta identidad desdibujada e impertérrita, líquida e inconsistente, que obtura su opción por el disfrute.


Cuando arranca este film basado en la homónima novela de Alberto Moravia, Marcello está en París para cumplir con dos obligaciones: su luna de miel y la misión que le ha encomendado la Policía Secreta de Mussolini, de la cual forma parte. Debe asesinar a su viejo mentor, un profesor de Filosofía y activista antifascista que el régimen quiere muerto. Desde ese primer minuto, mediante una serie de saltos temporales que van armando el rompecabezas interno de Marcello, el director Bernardo Bertolucci y el montajista Franco Arcalli componen un estudio psicológico (vestido de thriller) sobre la anomia individual y la alienación colectiva, la repetición acrítica de comportamientos ajenos, los peligros de la deshumanización intelectual de una persona.


Nada de este engranaje habría sido posible sin la fotografía de Vittorio Storaro. Su paleta de colores, sus encuadres y movimientos de cámara, maridan de manera sensible y orgánica con la estética que privilegia Bertolucci, arquitectura deslumbrante que combina la carga simbólica del expresionismo alemán y la grandilocuencia épica del arte fascista. Todo puesto al servicio de un diálogo platónico sobre la naturaleza ética del liderazgo mesiánico y su capacidad de contagio sobre las masas anonimizadas. Sobre todo cuando, en pos de la “normalidad”, la “gente de bien” termina empoderando y validando el ascenso de políticas violentas y antipopulares. Historia antigua, pero con un sabor contemporáneo que mete miedo.
Fernando Ariel García

martes, 16 de enero de 2024

QUÍROMON: CURIOSO, CREATIVO Y FELIZ

Quíromon (colección Los especiales de Toing!). Autor: Marko Torres. Comiks Debris. Argentina, enero de 2023.


La impronta pop del Batman de Adam West. El ritmo sincopado de Las Chicas Superpoderosas. El contenido intergeneracional de El laboratorio de Dexter. El minimalismo de Pocoyó. El humor físico de Buster Keaton. La inocencia avasalladora de El Chapulín Colorado. Podría seguir, pero creo que no es justo. El mayor logro de Quíromon no está en las referencias que uno pueda ir amontonando en estas líneas, sino en el disfrute de esos valores, eternos y universales, que Marko Torres logró sintetizar con mano maestra, dinamismo envidiable y tramas tan sencillas como redondas.


Si la internet no miente, Quíromon nació en 2009 en Chile, como una serie de cortos animados para la TV. De ahí saltó al cómic y, en 2013, RIL Editores publicó el álbum Quíromon: Héroe en entrenamiento, que parece ser el mismo que Comiks Debris presenta en nuestro país bajo el rótulo básico de Quíromon. Pero, ¿quién es este pequeño quiróptero con ínfulas heroicas y estilo moderno, chibi y altamente mercantilizable, capaz de hacer sentir a los Funko Pop como reliquias del bisabuelo?


Tan adorable como inepto, el superhéroe oficial de Ciudad Carrusel es un extraterrestre, hijo del héroe más grande que haya conocido la galaxia. Con su adictiva naturaleza optimista, cuenta con una extensa galería de compañeros y archienemigos abrumadoramente cute. O sea, capaces de despertar la ternura del lector apenas asomen su figura por la viñeta, sin importar la naturaleza de las acciones que vayan a llevar a cabo. Incluido el Ninja Kururo, otro clásico personaje del autor, que aquí hace valer el necesario cross-over que imponen las leyes del género.


Sin embargo, pensar a Quíromon como una obra para preescolares interesados en el multiverso superheroico, me parece, es minimizar la calidad de los contenidos articulados por Torres. Más allá del Presidente manejado como un títere, el juego de las anacrónicas sentencias moralizantes o las referencias a la pandemia, la ironía adulta nunca opaca el sentido lúdico que exhuman estas aventuras. Detrás de la autoconciencia de su naturaleza ficticia, de la exquisita ruptura de la cuarta pared, Quíromon le habla a los chicos en su propio lenguaje, los incentiva a interactuar con sus premisas y tomar partido. Se hace (super)fuerte al mostrarse tal cual es: Imperfecto. Pero, sobre todo, curioso, creativo y feliz. Es contagioso, por eso conviene leerlo en familia.
Fernando Ariel García

viernes, 12 de enero de 2024

YO, CIBORG: DEFINICIONES PARA SUPERAR LA AMBIGÜEDAD

Yo, Ciborg. Guiones: Alfredo Grassi. Dibujos y portada: Lucho Olivera. Deux Studio. Argentina, marzo de 2023.


La leí en la última mitad del ‘78, cuando apareció serializada en las páginas de Skorpio Nº 42 a 48 + Libro de Oro 4. La volví a leer en los ‘90, cuando Record la recopiló en un tomo. Y ayer terminé de leer la nueva edición en libro de Deux, un poco chiquita para mi gusto. También le entré un par de veces más a lo largo del tiempo, completa o por partes, porque es una historieta que me gusta y me atrapa desde siempre, y siempre como si fuera la primera vez. No sólo por el nivel artístico de Lucho Olivera (que por sí sólo es motivo más que válido y suficiente), sino por el poético hermetismo de la prosa de Alfredo Grassi.


No sé por qué, pero cada vez que me concentro en ese manojo de palabras justas y perfectas, inteligentes y sensibles, aristocráticas y populares, deliberadamente distantes, caigo vencido ante una oscuridad incierta que termina sintiéndose como una epifanía de la liberación. Será por su condición de aventura iniciática, a mitad de camino entre el Sgt. Kirk de Oesterheld-Pratt y las Crónicas marcianas de Bradbury, que termina reconvertida en un vertiginoso descenso a la conciencia de un hombre torturado por conocer su origen, por forjar su destino.

Portada original de Lucho Olivera para Skorpio Nº 43, no incluida en el libro de Deux

Es que en el núcleo ideológico de la trama de Yo, Ciborg, siempre termino encontrando una profunda y desangelada religiosidad. Un diálogo descarnado entre posiciones antagónicas y, a la vez, complementarias. Un territorio en disputa que problematiza los diferentes escenarios, mientras define la salida ética a ese agobiante laberinto existencial. Biología vs. tecnología, eternidad vs. finitud, razón vs. emoción, ciencia vs. fe, objetividad vs. subjetividad, historia vs. memoria, acción vs. reflexión. Un camino desbordante de preguntas, cuyas respuestas sirven para ir dejando atrás la ambigüedad que porta ese protagonista mitad hombre y mitad máquina.


R
eferenciándose en el Yo, Robot de Asimov, Grassi y Olivera firmaron este hipnótico ensayo sobre los valores que deberían definirnos como humanos (Libertad, Lealtad, Amistad, Amor), frente a las acciones opresoras y totalitarias que pretendan domesticar esa humanidad (anulación de la voluntad, manipulación del pensamiento, instalación de un sentido común hegemónico e indiscutible). La solución, según el ciborg errante, no pasaría por someter el hierro a la mente (o viceversa), ya que la lucha es tanto por el territorio como por el conocimiento, entendiendo al conocimiento como el necesario sentido crítico que nos permita separar la paja del trigo, distinguir entre lo real y lo falso. Si no, ¿qué vamos a hacer cuando nos toque descubrir que las verdades que teníamos en los puños, eran las mentiras que nos encerraban en la cárcel?
Fernando Ariel García

jueves, 11 de enero de 2024

ANACLETO: TERRIBLE OPERARIO DEL RECONTRAESPIONAJE

Anacleto: agente secreto. Director: Javier Ruiz Caldera. Protagonistas: Imanol Arias (Anacleto), Quim Gutiérez (Adolfo), Carlos Areces (Vázquez), Alexandra Jiménez (Katia), Rossy de Palma (madre de Katia), Emilio Gutiérrez Caba (Jefe) y Berto Romero (Martín), entre otros. Guionistas: Pablo Alén, Breixo Corral, Fernando Navarro. Basado en personajes y situaciones creados por Manuel Vázquez Gallego para el cómic Anacleto, agente secreto (1964), publicado por Editorial Bruguera. Productores: Axel Kuschevatzky, entre otros. España, 2015.


En este primer párrafo, me declaro fanático del irrepetible Manuel Vázquez, maestro en el manejo de la línea clara y la brocha gorda, todo junto pero nunca revuelto. Encuentro en sus historietas un juego entre la inocencia y la perversión que, lo confieso, me apasiona. Dice presente en el autorretrato irreverente, bohemio, marginal, provocador y grosero de sus últimas obras; pero también se me aparece en la ingenuidad infantil, pulcra y bondadosa de las aventuras paridas en sus primeros años. Y si muestro una debilidad especial por Anacleto, ello se debe a que mi primer contacto con semejante genio fue en un Mini Infancia de Bruguera dedicado al agente secreto más apto e inepto del noveno arte.


De ahí mi obsesión con Anacleto: agente secreto, film al que vengo buscando desde que me enteré de su existencia, en el lejano 2015. Y después de verlo, tengo que decir que mis expectativas quedaron ampliamente superadas. Si la idea original era plasmar un Superagente 86 filmado por Clint Eastwood, el resultado final es un 10 de 10. Y si esa no era la idea, entonces acabo de inventarme la mejor película de Anacleto que podía haber visto. Es que el director Javier Ruiz Caldera consigue pararse en el punto justo de equilibrio que necesitaba (y exigía) la inmortal creación de Vázquez para funcionar en el universo ficticio de la imagen real. Por un lado, explota los patrones típicos asociados a la comedia negra de enredos, reformulando cuanto lugar común se le presente en el camino. Y, por el otro, logra mantener el verosímil instalado por el moderno cine hollywoodense de acción.


En esta parodia a las películas y series de espías, abordada desde la crudeza visceral que impone el retrato realista de la violencia, Anacleto es un sesentón ya maduro, viudo y padre de un hijo, Adolfo, con el que no logra conectar del todo. Para colmo, la Agencia está en caída y una traición impensada pone su vida (y la de su familia) en manos de su sempiterno enemigo, Vázquez. Sí, es un abordaje crepuscular equivalente al del Dark Knight; y por eso mismo funciona tan bien como relectura nostálgica del material clásico y como botón de muestra para el desarrollo de una moderna franquicia.


Gran parte del mérito recae, obvio, en un Imanol Arias en estado de gracia. No sólo por el physique du rol, sino por la compleja sutileza de su composición. Antihéroe solitario y ético, poblado de contradicciones, su Anacleto es un hombre de acción que no se lleva bien con la retórica. Sabe exhibirse duro, implacable y letal como James Bond; peligroso, frío y eficiente como Ethan Hunt; entrañable y chapucero como Maxwell Smart. Todo junto pero nunca revuelto. Búsquenla.
Fernando Ariel García

miércoles, 10 de enero de 2024

INSTINTO MATERNAL: DOLOR Y CULPA

Instinto maternal. Director: Benoît Delhomme. Protagonistas: Anne Hathaway, Jessica Chastain, Josh Charles y Anders Danielsen Lie, entre otros. Guionista: Sarah Conradt. Basado en la novela Derrière la haine (2012), de Barbara Abel; y la película Duelles (Francia, 2018), dirigida por Olivier Masset-Depasse. Anton / Freckle Films / Mosaic / Versus Production. EE.UU., 2024. Estreno en la Argentina: 11 de enero de 2024.


Para una, el dolor es un estadío consciente de sufrimiento físico y emocional. No tiene que ver con la pérdida de la felicidad, aunque el regocijo por el transcurso de la vida se le vaya haciendo cada vez más inaccesible, universal y notorio. Es la pérdida de todo sentido, la imposibilidad de adaptarse a esa nueva y detestable realidad, la incapacidad de racionalizar la devastación existencial que se la acaba de llevar puesta, como si nada. Para la otra, el dolor está emparentado con la ansiedad, ese inmanejable maridaje entre el miedo, el temor y la inquietud que la ata a su pasado y a una salud psíquica fragmentada. Lo que tendrá que descubrir el espectador es, si para alguna de ellas, el dolor carga consigo la posibilidad de la sanación.


Para una, la culpa es el mecanismo inconsciente que la lleva a juzgar las conductas (propias y ajenas) con un férreo e intransigente código moral, que sólo concibe la expiación a través del castigo punitorio. Es también una expresión de la duda, de la insatisfacción que le provocan sus renunciamientos, de esa inseguridad que la inmoviliza entre la acción y la omisión. Es el vértigo que la define y la condena, la encierra y la libera, por espasmos y sin límites para la expresión física y verbal de la violencia. Para la otra, la culpa es un capital que define la dinámica de sus relaciones. Lo que tendrá que descubrir el espectador es, si para alguna de ellas, la culpa terminará abriendo la puerta de la locura.


Estamos en los años ‘60, en un suburbio de lo más coqueto y encantador de los EE.UU. Anne Hathaway y Jessica Chastain son dos amigas inquebrantables, casadas con buenos y trabajadores esposos, dueñas de casas idílicas y un pasar envidiable. Las dos son madres y sus únicos hijos son mejores amigos. La corporización del perfecto e impoluto sueño americano, que devendrá pesadilla cuando la ligustrina que une y separa ambos microclimas se convierta en la frontera decisiva del drama inconmensurable.


Thriller psicológico de raíz hitchcockiana y ramas cronenbergianas, Instinto maternal (Mothers’ Instinct) es la remake norteamericana de un policial francés basado en una exitosa novela negra. Extremadamente puntillosa en los aspectos formales, falla permanentemente a la hora de construir tensión y misterio, algo de inquietud en la platea. Distante ensayo sobre los efectos del dolor y la culpa, de la paranoia y la venganza, la propuesta de Benoît Delhomme arranca como una película de suspenso europea de los ‘60, pero termina como un film de acción yanqui de los ‘90. Tiene un grave problema de identidad, no supo / pudo / quiso asumirse como una u otra.
Fernando Ariel García