viernes, 20 de marzo de 2026

¿QUÉ QUERÉS SER CUANDO SEAS GRANDE?: INSISTIR CON LAS PREGUNTAS JUSTAS

¿Qué querés ser cuando seas grande? Guionista: Marcelo Pulido. Dibujantes: Ian Debiase, Lauri Fernández, Dante Ginevra, Sergio Ibáñez, Jok, José Massaroli, Fabián Mezquita, Ezequiel Rosingana, Marcos Vergara. Portadista: Dante Ginevra. Historieteca. Argentina, octubre de 2019.


¿Vieron El huevo de la serpiente? Sí, la película de Ingmar Bergman. Es lenta y densa, como todo el cine de Bergman, pero también es certera, intensa y profunda. Y honesta, demoledoramente honesta a la hora de retratar el proceso social que llevó a la destrucción de la democracia alemana y su reemplazo por el régimen totalitario nazi, en el Berlín de principios de los años ‘20. Lo más logrado que tiene el film de 1977, al menos para mí, sigue siendo esa mirada psicológica a la hora de traducir la naturalización de los discursos de odio, la violencia creciente, la indiferencia programada. El camino cotidiano que lleva a la convivencia (y, en algunos casos, connivencia) con el Holocausto elevado a la categoría de Política de Estado.


Cada vez que termino de (re)leer ¿Qué querés ser cuando seas grande?, me siento igual de conmovido, movilizado e interpelado. Porque la exquisita obra colectiva firmada por Marcelo Pulido y los nueve dibujantes (sabia y quirúrgicamente escogidos por el escritor/editor) hace lo mismo con la última Dictadura argentina. Elabora de manera narrativa el descarnado dominó de decisiones, elecciones, imposiciones socioculturales, cuestiones materiales y simbólicas que terminan por constituir un genocida en dónde antes había un niño con ganas de jugar, o una Madre de Plaza de Mayo en dónde sólo latía una simple ama de casa.


Los nueve relatos exponen los vuelos de la muerte, la desaparición metódica de opositores al régimen de facto, la apropiación de niños y niñas, la utilización política del Mundial ‘78 y otras expresiones articuladas del plan sistemático de exterminio aplicado por la Junta Militar. Pero lo mejor de todo es que lo hacen de manera tangencial, corriendo el énfasis del escenario macro al microclima, de los protagonistas directos y principales a la persona de a pie, aquella que tolera, calla, silencia, justifica. Sin aventurar respuestas ni justificativos, sólo insistiendo con las preguntas justas.


Lo más logrado que tiene la historieta de 2019, al menos para mí, sigue siendo esa mirada psicológica a la hora de traducir la naturalización de los discursos de odio, la violencia creciente, la indiferencia programada. El camino cotidiano que lleva a la convivencia (y, en algunos casos, connivencia) con el Holocausto elevado a la categoría de Política de Estado. El de hace 50 años, claro. Y el que está pasando ahora, de nuevo, delante de nuestras narices.
Fernando Ariel García
a 4 días de los 50 años del Golpe de Estado

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