domingo, 22 de marzo de 2026

BUSCAVIDAS: LA ARGENTINA ENTRE CONSIGNAS

Buscavidas. Guionista: Carlos Trillo. Dibujante: Alberto Breccia. Sector Editorial / Doeyo Editor. Argentina, julio de 2024.


No te metás. Mirá para otro lado. Algo habrán hecho.
La santísima trinidad del solemne rezo impuesto por la última Dictadura hizo estragos en el cuerpo social. Tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, los tres salmos definieron la filosofía de a pie del argentino medio. Colaboracionista, una parte de la sociedad vitoreaba ese mantra como herramienta de control masivo. Atemorizada, otra parte terminó incorporando las consignas como resguardo diario y vital. La cultura del miedo desparramada por la Junta Militar se había mostrado exitosa. El terrorismo de Estado y la aniquilación de ciudadanos pasaba delante de los ojos de un país, aunque ese país no lo viera. Por conveniencia, elección o genuino desconocimiento.


Buscavidas, la historieta que Carlos Trillo y Alberto Breccia realizaron entre 1981 y 1982, galvanizó los alcances de ese proceso de ceguera inducida; y lo hizo justo cuando la Dictadura entraba en su debacle final, signada sobremanera por la experiencia trágica de la Guerra de Malvinas. Para radiografiar la materialidad de ese denso estado de asfixia, los autores recurrieron a las armas del Grand Guignol, teatro del terror naturalista que se mueve con soltura entre la sátira grotesca, la exageración simbólica, el humor negro, la ironía triste y la radicalización del pesimismo existencial. El registro justo para que el lector no quedara atragantado de espanto ante tanto desprecio por el otro, tanta matanza salvaje, tanta truculencia inconcebible.


Desde su propia estructura narrativa, cada episodio de la serie pivotea entre lo que pasa en la trama principal y aquello que ningún personaje parece percibir en los arrabales del relato. Y lo más loco de todo es que en ambas orillas de ese silencioso río que grita su caudal, suceden cosas similares. Robos, secuestros, violaciones, asesinatos, engaños, venganzas, huidas, entrega a los intereses foráneos, impunidad. Carteles que dicen Sí y No, aunque nunca aclaren a qué Sí y a qué No. Signos de pregunta sin respuesta. Dictadores bananeros y censores desnudos. Represores escondidos entre la gente. Gente que golpea, tortura, mutila, mata. Gente que va presa. Gente que ablanda gente para extraer una confesión o una historia, que viene a ser lo mismo.


Cabalgando a lomos de estas dos realidades coexistentes, encontramos al protagonista, el anónimo buscavidas del título. En el habla popular argentina, un buscavidas es esa persona sin profesión ni oficio que se la pasa procurando distintas tareas y actividades que le permitan ganarse el pan de cada día. En la desaforada Buenos Aires del cómic, el Buscavidas de Trillo y Breccia es una criatura de literalidad aberrante y obscena. Incansable coleccionador de vidas ajenas y segadas, exquisito sommelier de angustias oscuras, proverbial catador de culpas inmundas. Alguien que no participa pero observa,
alimentándose con las desgracias que recopila, cataloga, desmenuza y colecciona, encerrándolas en biblioratos tal como la Dictadura encerraba a sus prisioneros en los centros clandestinos de detención.


Bola sebácea inabarcable y fofa, el Buscavidas se derrama sobre estas páginas como la síntesis perfecta de una sociedad inconsciente, paralizada, anestesiada y/o cómplice. Voyeurista serial que se enseñorea sobre calles y parques, bares y villas miseria. Tipo mediocre y mezquino, sin amigos ni enemigos, cómodo en su postura carroñera de encontrar en el afuera aquello que no se anima a buscar adentro: Mentira, traición, celos, asco, daño, sordidez, egoísmo, pobreza, maltrato, envidia, perversión, hambre. Mediante una seguidilla de cuentos cortos, Trillo y Breccia van rindiendo cuentas del desamparo general, acumulando cuestiones íntimas que escenifican las aristas más depravadas y escabrosas de esa banal y cruel sistematización de la maldad, la naturaleza amarga y aberrante de esa Argentina marcial, la desproporción de las fuerzas entre el Estado opresor y el pueblo sojuzgado. Disney y los hermanos Grimm. Hitler y Videla.


Con su imagen cetácea y abismal, el Buscavidas remite a una Moby Dick de cabotaje, moviéndose por zonas liberadas para cazar anécdotas, que es otra forma de cazar personas. Pero en realidad, el periplo citadino del protagonista es un despiadado descenso al inconsciente colectivo de una generación en zozobra. Su viaje condensa el giro epocal de una nación en tránsito del desasosiego a la esperanza, de las tinieblas a la luz, de la Dictadura a la Democracia. Las primeras trece estaciones, publicadas en la Argentina por SuperHumor entre noviembre de 1981 y diciembre de 1982, explicitan lo implícito del horror que se estaba viviendo. La última, dada a conocer en la revista italiana L’Eternauta en diciembre de 1985 (y en nuestro país en el libro Breccia Negro 2.0 en mayo de 2006) representa la toma de consciencia, tan brutal como definitiva, de ese horror que había sido el Proceso.


Y como dice el dicho, el que busca encuentra. Al llegar al negocio de antigüedades que remite al martirio de la familia Oesterheld, Buscavidas enfrenta el corazón de las tinieblas. La comprobación irreversible de los desaparecidos cierra su viaje al fondo de la degradación humana. Lo obliga a comprender que ya no tiene margen para quedarse al margen, que debe involucrarse para poder darle un sentido sanador a tanto sinsentido demencial. Termina su era de la neutralidad y arranca su etapa de compromiso ciudadano para establecer el consenso de Memoria, Verdad y Justicia que el país, sus muertos y sus vivos, reclaman y necesitan. Sin vuelta atrás, la recuperación de la empatía le restituye su adormecida humanidad. Para siempre. 


Una tarde-noche de hace muchos años, en los pasillos de la Feria del Libro, Trillo me dijo que no se acordaba cuándo había escrito este último episodio de Buscavidas. Podía haberlo hecho con los otros, durante los años de plomo; o en la primavera alfonsinista, a pedido del Viejo Breccia o los editores italianos de la historieta. Por el final, le parecía que debía haberlo hecho en Democracia. Y suena lógico. La historieta argentina que mejor representó el efecto de la cultura del miedo sobre la Argentina de esos años, merecía exorcizar las consignas de la Dictadura con la consigna de la Democracia reverdecida. Por eso, Trillo y Breccia cerraron la historia del Buscavidas con esa frase que no les pertenecía porque ya le pertenecía a todo el pueblo argentino: Nunca Más.
Texto publicado originalmente como prólogo a la edición integral de Buscavidas.
Fernando Ariel García
a 2 días de los 50 años del Golpe de Estado

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