lunes, 23 de marzo de 2026

PINTURAS DE GUERRA: LA ÚNICA LUCHA QUE SE PIERDE ES LA QUE SE ABANDONA

Pinturas de guerra. Autor: Ángel de la Calle. Prologuista: Paco Ignacio Taibo II. Reino de Cordelia. España, abril de 2017. Existe edición argentina a cargo de Evaristo Editorial.


Vanguardia artística y activismo político. Dictaduras militares latinoamericanas y grupos revolucionarios de América Latina. Persecución internacional a cargo del Plan Cóndor y exilio parisino de los perseguidos. Atravesando estos mundos laterales, honrando postulados estéticos y éticos de Julio Cortázar y Philip K. Dick, Ángel de la Calle nos lleva de ronda por la realidad de los años de plomo y por la percepción de esa realidad. El condimento ucrónico de Pinturas de guerra es uno de los elementos que afirman, reafirman y confirman la veracidad documental del horror que el autor hispano exhibe con dolorosa belleza y honda poesía.


Un joven español, que responde al nombre de Ángel de la Calle, llega al París de principios de los ’80 en busca de información. Quiere escribir un libro sobre la actriz estadounidense Jean Seberg, musa y rostro de la nouvelle vague, precursora del compromiso artístico en la lucha por los derechos civiles y muerta en extrañísimas circunstancias, llena de elementos dudosos que huelen a servicios secretos. Abocado a esta tarea, De la Calle se desplaza por la ciudad rayuela, donde conoce a una serie de personajes reales e imaginarios que corporizan las piezas en juego de este damero, cuyo tablero se pateó en la Cuba de Fidel y el Che. De un lado, las fichas oscuras y siniestras, representadas por las dictaduras del cono sur americano y los agentes de la CIA, la Escuela de las Américas y la organización de extrema derecha francesa OAS. Y enfrente, los peones cargados de idealismo y esperanza: montoneros, tupamaros y rodrieguistas, sobrevivientes de la matanza de Tlatelolco, protagonistas del mítico mayo del 68.


Moviendo las piezas, el relato va consustanciando dos de sus ejes centrales. Uno: El exilio. La expatriación forzosa o voluntaria por persecución, amenazas o peligro de muerte. Y, sobre todo, la sensación de dislocamiento espacio-temporal que ello conlleva. Una impresión que la historieta traduce incorporando múltiples referencias ficticias y reales, en armónica comunión intelectual y simbólica: Los cómics de Marvel, la historieta de autor, la ilustración periodística, la pintura de caballete, las artes performativas, la prensa revolucionaria, la cultura popular y la crítica elitista, por nombrar las que aparecen a simple vista. Y dos: el mandato oesterheldiano de la resistencia. O mejor dicho, las resistencias nacidas al calor solidario de la contracultura artística. Directas y pasivas, de baja o alta intensidad, oficial o clandestina.


A mi modo de ver, Pinturas de guerra es un fresco completo y demoledor, por momentos (al principio y al final) insoportable de atravesar por el descarnado retrato que hace de los torturadores y de la psiquis humana que representa lo peor que tenemos para ofrecer. Y entremedio, por el análisis inmersivo y empático con que aborda la naturaleza de la juventud setentista políticamente comprometida. De sus convicciones y sus contradicciones. De la idea del arte como arma con la cual salir a ganar las calles antes de tomar el poder. De las luchas por la liberación, la igualdad y la justicia social. De las batallas que se ganan y de las que se pierden. Y de aquellas que se ganen aunque se pierdan. Porque al final, hoy más que nunca, la única lucha que se pierde es la que se abandona.
Fernando Ariel García
a 1 día de los 50 años del Golpe de Estado

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