Wildwood:
El bosque salvaje.
Director: Travis
Knight. Voces:
Peyton
Elizabeth Lee (Prue McKeel), Jacob Tremblay (Curtis Mehlberg), Carey
Mulligan (Alexandra), Mahershala Ali (Brendan), Awkwafina (Septima),
Amandla Stenberg (Niamh), Tom Waits (Maksim), Charlie Day (Dmitri),
Angela Bassett (General), Richard E. Grant (Búho Rey), Jake Johnson
(Sr. McKeel), Maya Erskine (Sra. McKeel), Tantoo Cardinal (Ifigenia)
y Rob Delaney (Samuel), entre otros. Guionista:
Chris
Butler. Basado en la homónima novela (2011), de Colin Meloy y Carson
Ellis. Laika. EE.UU., 2026. Estreno
en la Argentina: 29
de octubre de 2026.
Stop
Motion. Así se llama la técnica de animación que se hace
(literalmente) cuadro a cuadro, fotografiando las marionetas, parando
todo para modificar ligeramente entornos, cuerpos y gestos de muñecos
y maquetas; mover la cámara (si así lo requiere la toma) y volver a
tomar una fotografía, antes de repetirlo todo otra vez. Y después
de ver esta maravilla que es Wildwood: El bosque salvaje (Wildwood),
se entiende por qué los estudios Laika invirtieron 16 años en su
producción y realización.
Pero
no es la asombrosa proeza técnica (hecha a mano, nada de IA) lo que
hace de Wildwood un film hermoso y apabullante, tierno y cruel, no
recomendado para chicos muy chicos. Lo es, también pero sobre todo,
por las emociones que despierta en el espectador y las preguntas que
responde con respuestas que uno comprende y comparte, abrazando la
incomodidad que genera y los planteamientos existenciales que
moviliza.
El
film es violento y sangriento, sin contemplaciones. Y honorable y
amoroso, sin esconder la basura debajo de la alfombra. La historia
aborda el fin de la infancia y lo pone a dialogar con el adiós a la
inocencia. De este intercambio entre transiciones cronológicas y
procesos psicológicos-emocionales, Wildwood se detiene en la madurez
como síntesis del gozo, el dolor, los miedos y los reproches, antes de
sumergirse en el profundo océano de los dilemas morales más
complejos. Y en el amor verdadero como redención última, aunque el
pecado nunca se extinga porque allí late el corazón de la virtud
tan ansiada.
Fernando
Ariel García







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