Concrete
Celebrates Earth Day. Autores:
Paul
Chadwick, Charles Vess, Moebius, Jed Hotchkiss, Lovern Kindziersky.
Bill Spicer. Portadista: Paul Chadwick. Editor: Randy Stradley. Dark
Horse Comics. EE.UU., abril de 1990.
Polución
medioambiental. Pureza del aire, la tierra y las aguas. Protección
de la biodiversidad. Conservación de los recursos naturales. Control
de sustancias tóxicas. Eliminación del plomo en la nafta.
Regulación de agroquímicos. Disminución del consumo de plástico.
Transición hacia energías limpias y renovables. Plantado masivo de
árboles. Erradicación de los basurales a cielo abierto. Reducción,
reutilización, reciclaje y recuperación de los residuos sólidos
urbanos. Moda circular y sostenible. Calentamiento global.
Disminución de las emisiones de carbono. Educación ecológica en
las escuelas. Cambio de hábitos individuales y colectivos, hogareños
y empresariales.
Algunas
de las premisas que, desde 1969, los grupos conservacionistas y
ecologistas vienen batallando en desigualdad política y económica
contra los profetas del capitalismo salvaje. Aún así, de a poco,
horadando la piedra como el agua, han logrado instalar el tema en la
agenda global, concientizar a gran parte de la población y sancionar
leyes específicas, mayoritariamente denominadas “verdes” en
referencia al color dominante en la naturaleza. En 1970, uno de los
popes publicitarios de Madison Avenue, Julian Koenig, elaboró la
síntesis perfecta para esta necesidad de armonía entre el accionar
del ser humano y su impacto en el entorno. Lo llamó Día de la
Tierra; y la organización no gubernamental que adoptó su nombre
estableció el 22 de abril como la fecha indicada para la
conmemoración internacional.
Historietas
ecologistas hubo, hay y (por suerte) habrá en abundancia cada vez
mayor. Pero, en lo particular, la que más me gusta es Concrete.
Creada por el estadounidense Paul Chadwick y publicada a partir de
1986 por Dark Horse, Concrete desarrolla la historia de un hombre
atrapado en un indestructible cuerpo de concreto, que lo mantiene
sensorialmente aislado del exterior. Y es desde esa obligada carencia
que Chadwick comunica la importancia de todo aquello que, como
especie, parecemos estar empeñados en arruinar y destruir.
Sumándose
a las celebraciones del Día de la Tierra de 1990 (19 años antes de
que la ONU adoptara al 22 de abril como Día Internacional de la
Madre Tierra), Chadwick produjo este sensible y directo Concrete
Celebrates Earth Day, dedicado a abordar la mayoría de los tópicos
que listé en el primer párrafo. Y lo hizo contando con la
extraordinaria colaboración de Charles Vess y Moebius. El primero,
ilustrando de manera bella y bucólica unos pensamientos del
filósofo Henry David Thoreau. El segundo, regalándonos un
metafórico episodio mudo de la saga que terminaría siendo conocida
como El mundo de Edena.
A
casi cuatro décadas de su publicación, el cómic mantiene
(lamentablemente) la visceral relevancia de su lectura, urgido
sobremanera por los falsos dilemas que ahora mismo esgrimen los
distintos gobiernos de ultraderecha, dirigidos por la inagotable
avaricia del Mercado. En esas pocas páginas del ayer, Chadwick, Vess
y Moebius desarticulan, con contundencia sólida y (chiste obvio)
concreta, las actuales falacias discursivas destinadas a deslegitimar
la lucha ecologista. Maridando la militancia política con la
narrativa secuencial, el cómic denuncia el negacionismo climático,
el saqueo extractivista, el desmantelamiento de las regulaciones, la
prioridad dada a los combustibles fósiles, el fomento de la cultura
consumista, la intervención estadounidense en otros países.
Con
tanta agua pasada por debajo del puente, duele (mucho) darse cuenta
de lo bien que estábamos cuando estábamos mal, comparado con lo mal
que estamos y lo peor que vamos a estar si no frenamos esta locura
demencial, en las calles y en las urnas. Un día como hoy, viene bien
recordar la frase nacida en el seno de la población indígena
norteamericana, reproducida por Concrete en boca de Thoreau: “No
heredamos la Tierra de nuestros antepasados, la tomamos prestada de
nuestros hijos”.
Fernando
Ariel García


































