Buscavidas.
Guionista: Carlos Trillo. Dibujante: Alberto Breccia. Sector Editorial / Doeyo
Editor. Argentina, julio de 2024.
La santísima
trinidad del solemne rezo impuesto por la última Dictadura hizo estragos en el
cuerpo social. Tras el golpe militar del 24 de marzo de 1976, los tres salmos
definieron la filosofía de a pie del argentino medio. Colaboracionista, una
parte de la sociedad vitoreaba ese mantra como herramienta de control masivo.
Atemorizada, otra parte terminó incorporando las consignas como resguardo diario
y vital. La cultura del miedo desparramada por la Junta Militar se había
mostrado exitosa. El terrorismo de Estado y la aniquilación de ciudadanos
pasaba delante de los ojos de un país, aunque ese país no lo viera. Por
conveniencia, elección o genuino desconocimiento.
Desde su propia
estructura narrativa, cada episodio de la serie pivotea entre lo que pasa en la
trama principal y aquello que ningún personaje parece percibir en los arrabales
del relato. Y lo más loco de todo es que en ambas orillas de ese silencioso río
que grita su caudal, suceden cosas similares. Robos, secuestros, violaciones,
asesinatos, engaños, venganzas, huidas, entrega a los intereses foráneos,
impunidad. Carteles que dicen Sí y No, aunque nunca aclaren a qué Sí y a qué
No. Signos de pregunta sin respuesta. Dictadores bananeros y censores desnudos.
Represores escondidos entre la gente. Gente que golpea, tortura, mutila, mata.
Gente que va presa. Gente que ablanda gente para extraer una confesión o una
historia, que viene a ser lo mismo.
Bola sebácea
inabarcable y fofa, el Buscavidas se derrama sobre estas páginas como la
síntesis perfecta de una sociedad inconsciente, paralizada, anestesiada y/o
cómplice. Voyeurista serial que se enseñorea sobre calles y parques, bares y
villas miseria. Tipo mediocre y mezquino, sin amigos ni enemigos, cómodo en su
postura carroñera de encontrar en el afuera aquello que no se anima a buscar
adentro: Mentira, traición, celos, asco, daño, sordidez, egoísmo, pobreza,
maltrato, envidia, perversión, hambre. Mediante una seguidilla de cuentos
cortos, Trillo y Breccia van rindiendo cuentas del desamparo general,
acumulando cuestiones íntimas que escenifican las aristas más depravadas y
escabrosas de esa banal y cruel sistematización de la maldad, la naturaleza
amarga y aberrante de esa Argentina marcial, la desproporción de las fuerzas
entre el Estado opresor y el pueblo sojuzgado. Disney y los hermanos Grimm.
Hitler y Videla.
Y como dice el
dicho, el que busca encuentra. Al llegar al negocio de antigüedades que remite
al martirio de la familia Oesterheld, Buscavidas enfrenta el corazón de las
tinieblas. La comprobación irreversible de los desaparecidos cierra su viaje al
fondo de la degradación humana. Lo obliga a comprender que ya no tiene margen
para quedarse al margen, que debe involucrarse para poder darle un sentido
sanador a tanto sinsentido demencial. Termina su era de la neutralidad y
arranca su etapa de compromiso ciudadano para establecer el consenso de
Memoria, Verdad y Justicia que el país, sus muertos y sus vivos, reclaman y
necesitan. Sin vuelta atrás, la recuperación de la empatía le restituye su
adormecida humanidad. Para siempre.
Una tarde-noche
de hace muchos años, en los pasillos de la Feria del Libro, Trillo me dijo que
no se acordaba cuándo había escrito este último episodio de Buscavidas. Podía haberlo hecho con los
otros, durante los años de plomo; o en la primavera alfonsinista, a pedido del
Viejo Breccia o los editores italianos de la historieta. Por el final, le
parecía que debía haberlo hecho en Democracia. Y suena lógico. La historieta
argentina que mejor representó el efecto de la cultura del miedo sobre la
Argentina de esos años, merecía exorcizar las consignas de la Dictadura con la
consigna de la Democracia reverdecida. Por eso, Trillo y Breccia cerraron la
historia del Buscavidas con esa frase que no les pertenecía porque ya le
pertenecía a todo el pueblo argentino: Nunca Más.
Texto publicado
originalmente como prólogo a la edición integral de Buscavidas.
Fernando Ariel
García
a 2 días de los 50 años del Golpe
de Estado






































