Sacrificio:
los elegidos.
Director: Romain
Gavras. Protagonistas:
Chris
Evans, Anya Taylor-Joy, Vincent Cassell, Sam Richardson, Charli Xcx,
Yung Lean y Jade Croot, entre otros. Con la participación de John
Malkovich y Salma Hayek Pinault.
Guionistas:
Romain
Gavras, Will Arbery. Mid March Media / Film4 / Rocket Science /
Iconoclast / Gucci / Heretic Films / Netflix. Bulgaria / Chipre /
Francia / Grecia / Italia / Reino Unido / EE.UU.,
2025.
Estreno en la Argentina: 5
de noviembre
de 2026.
Hay
una tira de la Mafalda de Quino que es emblemática (¿cuál no lo
es?). Citándola de memoria, recuerdo a Susanita exhibiendo ante sus
amigos cuánto la aqueja el doloroso y vulnerado presente que viven
los pobres. Por eso propone que, en su vida adulta, se junten
alrededor de alguna fundación benéfica para organizar pomposos
banquetes con todas las delicias imaginables. En ese acto, por
supuesto, juntarán los fondos necesarios para organizarles las ollas
populares a esa paupérrima runfla de muertos de hambre.
En
tres o cuatro cuadritos, Quino sintetizó la crítica y el mensaje
que al cineasta Romain Gavras (hijo de Costa-Gavras) le llevó
bastante tiempo de metraje. La vacuidad del dinero, la banalidad de
la fama y la vanidad del poder, base de la hipocresía y la falsa
moral que tiñe el corazón y los bolsillos de las fortunas
multiconcentradas. Aquí, el reino de las apariencias dice presente
en una isla griega en el medio de la nada. Dentro de una mina, los
multimillonarios mandamases del mundo se autocelebran con una
exclusiva gala benéfica que busca generar consciencia sobre el
cambio climático antes de instalar un nuevo esquema de minería marítima.
Los
mismos que están destruyendo el mundo son los que se juntan para
alertar sobre la inminente destrucción del mundo. Para qué cambiar
sus modelos económicos, sus políticas extractivistas, su desinterés
hacia el futuro de las mayorías, si pueden fomentar el cambio para
que nada cambie. En sus manos está el control de las narrativas, la
trascendencia inmediata de las imágenes que instalan la mentira como
verdad. Modernismo de pacotilla, compromiso de paspartú con el que
lavan sus propias consciencias. Hasta que aparece un grupo
ecoterrorista y las cosas cambian. Para peor.
La
premisa es tan sencilla como contundente. Dejar de sacrificar a la
Tierra para salvar a la minoritaria élite económico-financiera; y
sacrificar a tres representantes de ese grupo para salvar a la
Tierra. En una desequilibrada épica demencial, Gavras elabora la
denuncia sin minimizar el impacto de la protesta violenta.
Exacerbando los excesos, navega entre el drama y la comedia, apela al
kitsch y lo bizarro, al drama martirológico y la tragedia griega.
Refiere a Juana de Arco y a la hipervalorada imaginería
performática.
Para
escenificar esta estética y cruel batalla entre la Revolución y los
sistemas de creencias (religiosos, ideológicos, financieros,
filosóficos), se apoya en el cinismo y juega unas fichas certeras al sarcasmo. Se le anima a la fantasmagoría
onírica y la sienta en la mesa de la realpolitik. Como espectador,
uno entiende hacia dónde quiere ir esta pesadilla pop sobre el
significado de la fe reconvertida en fanatismo, pero siente que no
termina de llegar. Que las intenciones no plasman de manera
contundente en la pantalla. Porque, tal vez, están más cerca de la
farsa discursiva que de la respuesta funcional y concreta.
Sacrificio: los elegidos (Sacrifice) es un verdadero banquete visual, con todas
las delicias imaginables. Resta saber qué va a hacer con los fondos
recaudados.
Fernando
Ariel García

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