martes, 8 de agosto de 2023

EL COLIBRÍ: AVANZAR PARA QUEDARSE EN EL MISMO LUGAR

El colibrí. Directora: Francesca Archibugi. Protagonistas: Pierfrancesco Favino, Kasia Smutniak, Bérénice Bejo, Laura Morante, Sergio Albelli, Alessandro Tedeschi, Benedetta Porcaroli, Massimo Ceccherini, Fotini Peluso, Francesco Centorame, Pietro Ragusa, Valeria Cavalli, Nanni Moretti, Rausy Giangarè, Niccolò Profeti, Elisa Fossati, Lorenzo Mellini, Matilda Grace Marini, Marlo DiCrasto. Guionistas: Francesca Archibugi, Laura Paolucci, Francesco Piccolo. Basado en la novela Il colibrì (2019), de Sandro Veronesi. Fandango Produzione / RAI Cinema / Les films des Tournelles / Orange Studio. Italia / Francia, 2022. Estreno en la Argentina: 10 de agosto de 2023.


De las selvas húmedas a los desiertos, de los bosques templados a las montañas más altas. El colibrí no sólo tiene la adaptabilidad necesaria para acostumbrarse a cualquier hábitat, sino que cumple un papel importantísimo en el proceso de polinización, fundamental para el mantenimiento de la vida sobre la tierra. Además, es la única ave capaz de volar en todas las direcciones: derecha, izquierda, adelante y atrás. Y, cuando lo desea, puede quedarse suspendido en el aire, utilizando el veloz movimiento de sus alas para permanecer quieto.


A Marco Carrera (un impresionante Pierfrancesco Favino), le dicen “colibrí” desde su adolescencia. Lo hacían en referencia a su físico menudo, aunque el espectador descubrirá que el apodo cierra más con su naturaleza identitaria que con su actual imagen externa. Va del mar a Roma, de Roma a Florencia; y de Florencia vuelve al mar. Con la misma eficacia, se desempeña como médico oculista profesional o tahúr vocacional. Y cuando se lo propone, se encarga de fecundar las relaciones intrafamiliares. Para ello, alterna las pieles de atento esposo, padre presente y abuelo cariñoso; la de hijo atento y hermano tolerante. Pero si algo lo identifica con el pájaro pequeñito, es su capacidad para avanzar manteniéndose siempre en el mismo lugar.


A saltos temporales, que van de los ‘70 hasta el futuro cercano, vamos a verlo transitar de la juventud a la madurez y la vejez, desarrollarse en lo personal y en lo profesional, en lo físico y lo psicológico. Pero detenido en el mismo lugar emocional, desde ese trascendental instante en que, siendo niño, quedó perdidamente enamorado de su vecina. Una tarde de sol y playa, de palabras y silencios que determinaron las pasiones y los miedos que vinieron, los encuentros y las pérdidas que se fueron jalonando con el paso del tiempo. Ese amor absoluto, platónico y epistolar, sufrido y reverenciado, siempre irresuelto y preservado del desgaste real, puede ser leído como un ejemplo de resiliencia o como la cumbre de su cobardía. El recuerdo de lo que fue y la nostalgia por lo que pudo haber sido.


Sentida reflexión sobre la fragilidad del ser humano, El colibrí (Il colibrì) avanza sobre la verdad y la mentira, la libertad y la dependencia, el deseo y la postergación, la esperanza y la frustración, la tensión entre felicidad y fidelidad en la vida conyugal. Sin abrir juicios morales sobre los personajes, explora las inclemencias que traen la vida y la muerte, la salud y la enfermedad. Jugando fuerte, con intensidad y sorpresa, la película termina asumiéndose como un ensayo sobre el poder de las elecciones personales, una vez que el cuerpo y el corazón ya pagaron las facturas de los acontecimientos; y la onda expansiva de los años se está llevando las pocas opciones restantes.
Fernando Ariel García