jueves, 9 de febrero de 2017

"EN PRESENCIA DEL DIABLO" SE ESTRENA EN LA ARGENTINA EL 16 DE MARZO

(Información de prensa) Pecados capitales, El exorcista y La llamada, todo en una sola película. Después de Invasión Zombie, llega un nuevo éxito del cine coreano: En presencia del Diablo (Goksung, 2016), de Na Hong-Jin, protagonizada por Hwang Jung-min, Kwak Do-won, Chun Woo-hee, Jo Han-cheol, Jun Kunimura y Jang So-yeon.


La vida de un pueblo coreano se ve alterada por una serie de asesinatos salvajes y misteriosos que azota a esta pequeña comunidad rural. Los rumores y las supersticiones se propagan a causa de la presencia, desde hace poco tiempo, de un anciano extranjero que vive como un ermitaño. Ante la incompetencia de la policía para encontrar al asesino y sin tener una explicación racional, algunos habitantes del pueblo buscan a un chamán. Jong-Gu, un policía cuya familia está directamente amenazada, también cree que se trata de crímenes sobrenaturales. 


Con este thriller policíaco y sobrenatural, Na Hong-jin se confirma, tras sus grandes éxitos The Chaser (2008) y The Yellow Sea (2010), como uno de los directores más interesantes del panorama actual coreano. 


Lo folclórico y la tradición religiosa coreana, junto a referencias bíblicas católicas, aparecen desde el primer fotograma de la película. Na Hong-jin crea una atmósfera de lo más inquietante, gracias al entorno rural, entre montañas, rodeado por un extenso bosque y la áspera climatología de lluvias torrenciales incesantes. La fuerza de la naturaleza se impone ante los problemas mundanos, pero todo cambia cuando estos trascienden lo terrenal para convertirse en algo puramente espiritual. Su mirada tras la cámara actúa cómplice con la figura del diablo. Nos hace partícipes de la insoportable presión psicológica de sus víctimas y nos convierte, junto a ellos, en aquellos que tiran del sedal. 


Fuera de Europa, donde más se ha desarrollado esta corriente de cine negro, es sin duda en Corea del Sur, hasta el punto de que en los últimos años se habla del neo-noir coreano como uno de los movimientos cinematográficos más distintivos. Nombres ya consagrados como Chan-wook Park y Joon-ho Bong han trabajado en él, destacando respectivamente Old Boy (Oldeuboi) y Crónica de un asesino en serie (Salinui chueok), ambas de 2003. 


Ahora nos situamos en un pequeño pueblo entre montañas en el que la superstición más pretérita es aún hoy omnipresente. El tono sombrío al que nos acostumbró con sus anteriores filmes el realizador surcoreano sigue intacto, pero en esta ocasión en un marco alejado de las ciudad e incidiendo con mayor profundidad en las aristas psicológicas del melodrama. La relación alienada entre lo demoníaco o desconocido y los habitantes del pueblo es el fuerte de una cinta que retrata los procesos de locura de un modo singular y cifrado en una suerte de rituales desatados y espeluznantes.

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