martes, 14 de abril de 2026

TENIENTE LINYERA: NO LOS HEMOS DE OLVIDAR

Teniente Linyera. Director: Fabián Benítez. Protagonistas: Gonzalo Giménez, Marianella Baratucci, Lautaro Aguilar, Loren Acuña, Enrique Bogado, Mauricio Paniagua, Cristian Salguero, Flavio Franco, Fabián Benítez, Daniel Ramírez, Andrés Dutra, Mariano Silva. Guionista: Jonathan Del Giorgio. Sobre una idea original de Fabián Benítez. La Cuna Producciones / Blasé / Actores de Villa. Argentina, 2025. Estreno en la Argentina: 2 de abril de 2026.


Coincidiendo con el 44º aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas,Teniente Linyera al fin se pudo estrenar comercialmente en la cartelera local. Más allá de lo que piense sobre la película de Fabián Benítez, celebro que la obra pueda llegar al público con su propuesta concientizadora, su mensaje reivindicatorio de los colimbas que fueron a pelear y a morir en el frío distante del Atlántico Sur. Por una causa justa. Y por una criminal apuesta política de la última Dictadura, jugada con tanta negligencia como desaprensión por la vida de sus ciudadanos.


Basada en hechos reales que el propio Benítez fue recabando en su Misiones natal, el film va y viene en el tiempo, alternando el presente y el pasado de un joven como tantos que, a sus 18 años, fue llevado a las islas. Hay acciones en el campo de combate, pocas pero definitorias, porque lo importante pasa por su experiencia en la posguerra. Durante la larga desmalvinización que imposibilitó la reinserción de muchos (muchísimos) veteranos excombatientes en sus previos entornos familiares cotidianos, que determinó el injusto abandono social al que fueron sometidos durante demasiado tiempo. No los hemos de olvidar, sostiene la película. Y me permito sumarme a ese imperativo moral y ético.


Dejando lo importante de lado; y metiéndome estrictamente en lo cinematográfico, Teniente Linyera está hecha con un presupuesto acotado pero capitalizado con excelencia. Está filmado y actuado con carnadura real, con conocimiento de causa y mucho respeto. Denuncia con altura y sin golpes bajos, enuncia realidades conocidas y difíciles de tragar, por el estrago que ya causó el desamparo y la larga falta de atención institucional. Tiene una carga emocional tan potente como empática, pero que queda encapsulada dentro de la pantalla.


Al menos en mi experiencia personal, porque nada de todo lo que pasa en la trama me llegó a conmover. Supongo que por el ruido que me generaron la concatenación de algunos hechos, demasiado forzados a mi entender. Y la poca naturalidad de gran parte de los diálogos, más cercanos a la sentencia discursiva que a la sinceridad narrativa. Pude ver la verdad detrás de cada fotograma, sólo no me funcionó el verosímil.
Fernando Ariel García