Teniente
Linyera.
Director:
Fabián
Benítez.
Protagonistas: Gonzalo
Giménez, Marianella Baratucci, Lautaro Aguilar, Loren Acuña,
Enrique Bogado, Mauricio Paniagua, Cristian Salguero, Flavio Franco,
Fabián Benítez, Daniel Ramírez, Andrés Dutra, Mariano Silva.
Guionista:
Jonathan
Del Giorgio. Sobre una idea original de Fabián Benítez.
La
Cuna Producciones / Blasé / Actores de Villa. Argentina, 2025.
Estreno
en la Argentina: 2 de abril
de 2026.
Coincidiendo
con el 44º aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas,Teniente
Linyera al fin se pudo estrenar comercialmente en la cartelera local.
Más allá de lo que piense sobre la película de Fabián Benítez,
celebro que la obra pueda llegar al público con su propuesta
concientizadora, su mensaje reivindicatorio de los colimbas que
fueron a pelear y a morir en el frío distante del Atlántico Sur.
Por una causa justa. Y por una criminal apuesta política de la
última Dictadura, jugada con tanta negligencia como desaprensión
por la vida de sus ciudadanos.
Basada
en hechos reales que el propio Benítez fue recabando en su Misiones
natal, el film va y viene en el tiempo, alternando el presente y el
pasado de un joven como tantos que, a sus 18 años, fue llevado a las
islas. Hay acciones en el campo de combate, pocas pero definitorias,
porque lo importante pasa por su experiencia en la posguerra. Durante
la larga desmalvinización que imposibilitó la reinserción de
muchos (muchísimos) veteranos excombatientes en sus previos entornos
familiares cotidianos, que determinó el injusto abandono social al
que fueron sometidos durante demasiado tiempo. No los hemos de
olvidar, sostiene la película. Y me permito sumarme a ese imperativo moral y ético.
Dejando
lo importante de lado; y metiéndome estrictamente en lo
cinematográfico, Teniente Linyera está hecha con un presupuesto
acotado pero capitalizado con excelencia. Está filmado y actuado con
carnadura real, con conocimiento de causa y mucho respeto. Denuncia
con altura y sin golpes bajos, enuncia realidades conocidas y
difíciles de tragar, por el estrago que ya causó el desamparo y la
larga falta de atención institucional. Tiene una carga emocional tan
potente como empática, pero que queda encapsulada dentro de la
pantalla.
Al
menos en mi experiencia personal, porque nada de todo lo que pasa en
la trama me llegó a conmover. Supongo que por el ruido que me
generaron la concatenación de algunos hechos, demasiado forzados a
mi entender. Y la poca naturalidad de gran parte de los diálogos,
más cercanos a la sentencia discursiva que a la sinceridad
narrativa. Pude ver la verdad detrás de cada fotograma, sólo no me
funcionó el verosímil.
Fernando
Ariel García

