miércoles, 15 de abril de 2026

CASO 137: JE SUIS GRILLO

Caso 137. Director: Dominik Moll. Protagonistas: Léa Drucker, Jonathan Turnbull, Mathilde Roehrich, Guslagie Malanda, Stanislas Merhar, Sandra Colombo, Valentin Campagne, Mathilde Riu, Côme Peronnet, Solàn Machado-Graner, Théo Costa-Marini, Théo Navarro-Mussy y Florence Viala, entre otros. Guionistas: Dominik Moll, Gilles Marchand. Haut et Court / France 2 Cinéma. Francia, 2025. Estreno en la Argentina: 16 de abril de 2026.


Uso excesivo o innecesario de la fuerza. Empleo indebido del provisto armamento reglamentario o de armas portadas de manera irregular o clandestina. Abuso de autoridad. Acoso e intimidación físicos y verbales. Detenciones arbitrarias. Incumplimiento de los protocolos de actuación. Violación de los Derechos Humanos. Gatillo fácil. Podría seguir, pero creo que con estos ejemplos alcanza (y sobra) para entender que la violencia policial es un delito. Un crimen que, cuando cuenta con el aval (o la tolerancia) institucional, evidencia el sesgo antidemocrático de un Gobierno autoritario.


Y en este tiempo de renacer ultraderechista, la violencia policial se está transformando en moneda bastante corriente, situación estructural que afecta mayormente a trabajadores, estudiantes, jubilados, inmigrantes y cualquier otro sector movilizado por la protesta social. En el París de diciembre de 2018, como sucede en Caso 137 (Dossier 137), durante la álgida y masiva marcha de los Chalecos Amarillos sobre la Ciudad Luz; o en la Buenos Aires de marzo de 2025, en medio de la brutal represión a los manifestantes frente al Congreso de la Nación.


Los puntos de contacto entre la ficción y la realidad son bastante apabullantes. En la película de Dominik Moll, que unifica distintos hechos ocurridos en Francia entre 2018 y 2020, el joven Guillaume Girard recibe un disparo de bala de goma policial que le fractura la cabeza. En la Argentina libertaria, el fotoperiodista Pablo Grillo fue impactado en la cabeza por un cartucho de gas lacrimógeno, disparado de manera prohibida y letal por un miembro de la Gendarmería. A ambos lados de la pantalla, las víctimas inocentes deberán enfrentar un largo proceso de recuperación, mientras se llevan a cabo las investigaciones de rigor para castigar a los culpables y delimitar las responsabilidades jerárquicas y políticas que correspondan.


Avanzando sobre los postulados éticos y estéticos de Costa-Gavras y Sidney Lumet, Moll firma un riguroso thriller político en su versión administrativa. Atrapante por la articulación narrativa de sus contenidos, deslumbrante por el andamiaje narrativo que despliega sin perder el ritmo y elevando la tensión a pasos firmes y contenidos. Enfocado en la investigación interna de la IGPN, real organismo disciplinario interno de la Policía francesa, permite el lucimiento de Léa Drucker como la agente encargada de dilucidar (y probar) si se trata de un caso de violencia policial.


Cabalgando entre las exigencias externas y las resistencias internas, el film expone la resolución del incidente como un territorio en permanente tensión entre la búsqueda de la verdad (en una época donde la verdad dejó de existir como valor absoluto) y la opaca lealtad entre pares. Poniendo en primer plano las zonas grises que evidencian las reglas procedimentales, que pueden facilitar o entorpecer las indagaciones y condicionar sus futuros resultados.


¿Legítima defensa? ¿Exceso? ¿Corrupción? ¿Desligitimación y eliminación violenta de toda disidencia ideológica y política? ¿Imposición forzosa del discurso único elaborado por el Poder, obedecido por el Gobierno y defendido (con liberada saña y crueldad) por las fuerzas de seguridad? Discusiones de fondo que aparecen cruzadas e intervenidas por el discurso autojustificatorio de “Protección de la República”. Máscara estratégica que hace de la administración de Justicia una entelequia discursiva que protege a los victimarios y expulsa a las víctimas. Principalmente, cuando se trata de trabajadores, estudiantes, jubilados, inmigrantes y cualquier otro sector movilizado por la protesta social. Je suis Grillo.
Fernando Ariel García

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