miércoles, 13 de marzo de 2024

ECHO: LA ENUNCIACIÓN AL PODER

Echo. Directores: Sydney Freeland, Catriona McKenzie. Protagonistas: Alaqua Cox (Maya López / Echo), Chaske Spencer, Tantoo Cardinal, Devery Jacobs, Zahn McClarnon, Cody Lightning y Graham Greene, entre otros. Con Vincent D’Onofrio (Wilson Fisk / Kingpin). Participación especial de Charlie Cox (Matt Murdock / Daredevil) y Jeremy Renner (Clint Barton / Ronin, en material de archivo). Guionistas: Marion Dayre, Josh Feldman, Steven Paul Judd, Ken Kristensen, Rebecca Roanhorse, Bobby Wilson, Jason Gavin, Shoshannah Stern, Chantelle M. Wells, Amy Rardin, Ellen Morton. Basado en personajes y situaciones creados por David Mack, Joe Quesada, Stan Lee, John Romita y Bill Everett, entre otros, para los comics Marvel. Productores ejecutivos: Kevin Feige y Victoria Alonso, entre otros. Marvel Studios. EE.UU., 2024. Estreno en la Argentina: Disponible en Disney+ desde el 9 de enero de 2024.


Lo voy a decir de entrada. La serie me pareció un plomazo. Larga (a pesar de que son sólo cinco episodios), lenta, poco interesante y, por momentos, demasiado soporífera). La trama mística se ve venir desde el primer fotograma y el meollo familiar no llegó a involucrarme, quizá porque la química entre los actores pivotea entre lo exiguo y lo nulo. El entramado de imágenes de la apertura, junto con el tema musical que la viste a la perfección (Burning, del grupo indie rock Yeah Yeah Yeahs), promete todo lo que la serie debería haber tenido pero (para mí) no tuvo: Fuerza, empuje, reflexión, intensidad, curiosidad. Y un hálito lo suficientemente oscuro para deconstruir la luz sin necesidad de anularla.


Desde su premisa argumental, desanda y anda la historia personal de Maya López a partir de lo visto en Hawkeye. Básicamente, la exploración de sus raíces indígenas (la tribu Chocktaw) en Oklahoma, la tregua con su pasado nativo y citadino, el descubrimiento de su capacidad para hacer reverberar en sí misma el poder mágico que le legan sus ancestros mujeres. Pero para ser un ensayo sobre el trauma visto desde la perspectiva del policial negro, abusa del discurso sobre la rabia, la furia y la emocionalidad contenida; y del recurso visual de la acción ultraviolenta, sin generar fluidez narrativa entre ambos compartimentos estancos.


Soy de los que creen que lo mejor que Echo tiene para ofrecer pasa por el Kingpin de D’Onofrio y el cameo de Daredevil. Porque incorporan definitivamente la cancelada pata Netflix al Universo Cinematográfico de Marvel, incluye una nueva mención a los X-Men (sin necesidad de nombrarlos) y abre la puerta para el despegue de la carrera política del ¿alcalde de New York? Wilson Fisk. Pero también creo que, si todo lo secundario a la trama principal de Echo resulta más atractivo que el arco argumental de la propia protagonista, es porque ese arco argumental no funciona como debería.


Mi teoría (siempre personal, siempre intransferible) es que la corrección política de las formas volvió a primar sobre la calidad de los contenidos. Está buenísimo que una actriz descendiente de indígenas nativos, sorda y amputada, interprete a un personaje descendiente de indígenas nativos, sorda y amputada. Que una gran parte del equipo técnico sea descendiente de indígenas nativos y que la trama incorpore cultura e historia chocktaw. Que todos los involucrados, dentro y fuera de la ficción, hayan sido capacitados en lengua de señas; y que se hayan utilizado planos y enfoques que permitan incorporar la lengua de señas entre los personajes y para los espectadores. Todas decisiones que apuntan a una inclusión real y una representación fidedigna de las (mal llamadas) minorías.


Pero un hecho artístico es (o debería ser) algo más que la sumatoria de resoluciones técnicas puestas al servicio de convicciones inclaudicables. Per se, la presencia de estos valores no garantiza ningún resultado cualitativo para la serie o producción cultural en cuestión. Porque el logro creativo no depende de la inclusión o exclusión de estos valores, sino de la capacidad para articularlos dentro de los elementos constitutivos del relato. Y entre la enunciación y la praxis narrativa dentro del universo de la ficción, Marvel volvió a optar por la primera opción. Por eso, Echo terminó siendo el eco de lo que podría haber sido.
Fernando Ariel García

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