martes, 13 de septiembre de 2016

YO Y KAMINSKI: NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER

Yo y Kaminski. Director: Wolfgang Becker. Protagonistas: Daniel Brühl, Jesper Christensen, Amira Casar y Geraldine Chaplin, entre otros. Guionistas: Wolfgang Becker y Thomas Wendrich, basado en la homónima novela de Daniel Kehlmann. X-Filme / ED Productions / Potemkino. Alemania, 2015. Estreno en la Argentina: Septiembre de 2016, dentro del 16º Festival de Cine Alemán, con funciones en el Village Recoleta (16/09 a las 19:15 horas, 17/09 a las 21:30 horas) y en el Village Caballito (16/09 a las 21:30 horas, 19/09 a las 17:00 horas). 

Ha muerto Manuel Kaminski. El artista más importante, innovador y renovador del siglo XX ya es pasado, aunque la estatura de su obra continuará dialogando con nosotros en tiempo presente. Admirado por los más grandes entre los grandes, desde su tutor Matisse hasta su amigo Picasso, pasando por Warhol, los Beatles y cuanto icono vanguardista pueda todavía reconocer el campo de la cultura contemporánea, el pintor ciego que abrió los ojos y las mentes de varias generaciones se ha ido, rodeado del olvido de todos, dejándonos un legado invaluable e imperecedero. Una serie de autorretratos postreros que funcionan como retrato de cada humano que se atreva a verse reflejado en ellos. 


Manuel Kaminski no existe, por cierto. No es otra cosa que una invención de la filosofía con que mira el mundo de las relaciones humanas el escritor Daniel Kehlmann, apropiado aquí por el director Wolfgang Becker (el de Good Bye, Lenin!) y hecho carne por el maravilloso Jesper Christensen, habitado por los matices y las transiciones que sólo traen las experiencias de vida. Preso de la egocéntrica ambición del joven crítico de arte Sebastian Zöllner (compuesto con brutal honestidad por Daniel Brühl), autoerigido como biógrafo oficial del pintor, ambos personajes saldrán a la ruta, en busca de una parte decisiva (y aparentemente perdida) de la intimidad de Kaminski. ¿La razón de su genio? ¿El motor de su arte? ¿La causa de su silencio? Todo puede ser, todo puede pasar. Lo único cierto es que, a la intemperie y en el camino hacia la Libertad, las cosas y las gentes cobrarán su propia dinámica. 


Discurso crítico sobre la visión mercantilista del arte, Yo y Kaminski (Ich und Kaminski) también pinta de cuerpo entero la vacuidad del periodismo cultural centrado en la provocación esnobista y la capitalización efímera de cualquier escándalo. De ahí que el Yo del título rompa la regla lingüística y pase adelante del Kaminski, reflejando los estragos que causa en la percepción de Zöllner la fama parasitaria que tanto anhela. Además, Becker deconstruye varios estereotipos arraigados sobre la vejez y pinta un cuadro despiadado y respetuoso, no exento de cariño, sobre las arrugas, las cicatrices, las ausencias y los recuerdos que el tiempo pasado nos ha dejado como saldo del haber vivido. 


Gran parte de la tensión que genera el filme viene dada por la ceguera o supuesta ceguera de Kaminski. ¿Real o fingida? ¿Verdadera o impostada? ¿Castigo de la naturaleza o invento del marketing? Poco importa la respuesta; y Becker no se esfuerza en esclarecer la cuestión. Tal vez porque el tema principal no sea el de la ceguera sino el de la mirada. ¿Qué vemos y qué dejamos de ver cuando estamos mirando banalmente? Obsesionado con lo supuestamente trascendente, Zöllner no percibe el valor de los detalles que nacen y mueren a su alrededor. Enfocado en la imagen central que se le escapa, no presta atención a la belleza de las periferias que tiene a mano. Como esa importante amistad que está dejando pasar mientras se emperra en escribir un libro que no le va a importar a nadie. 
Ni siquiera a él. 
Fernando Ariel García

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