viernes, 7 de febrero de 2014

AMAPOLA NEGRA: INTERVALO LÚCIDO

Amapola Negra (Colección Continuará… Vol. II Nº 1). Guiones: Héctor Germán Oesterheld. Dibujos: Francisco Solano López. Portada: Francisco Solano López. 96 páginas en blanco y negro. Editorial La Página. ISBN: 978-987-503-634-5. Argentina, enero de 2014.

Puede verse en estos momentos, en el Centro Cultural Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires, una muestra fotográfica de Guido Chouela y David Sisso, Intervalo lúcido, poblada por imágenes en escala real de distintos actores argentinos en el momento en que estaban “entrando” en el personaje que, por cuestiones laborales, les había tocado habitar al momento de enfrentar la cámara. Y según los autores de las tomas, el nombre de la exposición remite directamente a un concepto proveniente de la medicina, el de intervalo lúcido, que define a ese instante, prácticamente inasible, que va y vuelve de la conciencia a la no conciencia. Tiene que ver, obviamente, con la búsqueda y con el encuentro, con la asunción de los distintos roles que vamos representando al interactuar con nuestros pares y con el entorno.


Y después de leer, sin prisas pero de un tirón, este Amapola Negra que Oesterheld y Solano López fueron serializando en la Hora Cero mensual (más un episodio especial en el Hora Cero Extra) entre julio de 1958 y septiembre de 1959, me doy cuenta de que uno de los pilares narrativos de la historieta (si no el pilar narrativo de la historieta) descansa en la exploración consciente (quiero creer) de ese estadío transitorio y naturalmente efímero. La convivencia forzada entre quien uno es y desea seguir siendo; y aquel que uno debe ser bajo el imperio de las circunstancias.


Circunstancia que resulta ser la cotidianeidad de un bombardero B17 en el teatro de operaciones de la Segunda Guerra mundial. Propicio caldo de cultivo para diversos miedos, rencillas, pánicos, dudas e incertezas que hacen mella tanto en la camaradería como en el más ciego verticalismo. La incomodidad de tener que acomodarse a la dinámica que propone (y exige) un contexto como el de la Guerra: Tensión, nervios, desgaste físico extremo y, sobre todo, el cansancio existencial que acumula la sucesión de combates, ese delgado hilo que separa la vida de la muerte.


La sucesión de historias (de misiones) narradas por HGO y Solano van cayendo como las bombas que suelta el Amapola Negra. Impactos certeros de pocas páginas, que dan de lleno en el blanco emocional al que apuntaron. Por supuesto, las esquirlas y la densa humareda se irán derramando de a poco hacia el centro intelectual del lector. Golpeando con el puño de la veracidad en la mandíbula, el estómago, el corazón, el raciocinio. Casi sin darnos cuenta habremos cumplimentado el rito de la empatía hacia la tripulación, haciendo nuestros cada uno de sus anhelos, cada una de sus esperanzas, cada una de sus frustraciones.


Esta visión crítica de la guerra, común a la perspectiva echada desde Ernie Pike (invitado especial en una de las aventuras de Amapola Negra), hace del bombardero la metáfora perfecta de las batallas (internas y externas) que envuelven a los personajes en medio de la insensatez generalizada. Entre el Hombre que desea retomar su vida anterior al avión y el mismo Hombre que asume la obligación moral de cumplimentar la misión que le ha sido encargada, aún cuando ello implique su muerte. Una tensión filosófica que Solano resume en primeros planos y panorámicas diminutas, dibujando el olor de la transpiración, la fragilidad del metal estallando, la explosión de adrenalina al enfrentar (por primera o última vez) lo absoluto, lo desconocido.


Hasta que Fierro se animó a compilarla en este primer tomo de la segunda tanda de la Colección Continuará…, la Amapola Negra era una historieta más referenciada que leída. Falta que ahora queda subsanada, aunque a esta edición le falten un par de páginas y esté (mal) impresa en un papel de mierda. Por fin, después de 55 años de planeo por el inconsciente colectivo, Amapola Negra logra llegar a Ítaca. Aterrizando justo en ese intervalo de lucidez que modifica de cuajo nuestra capacidad de percepción y comprensión. El tránsito que va de la mirada impersonal, poco comprometida y centrada en aspectos tácticos y tecnólogicos; al involucramiento personal, teñido por las subjetividades humanas que nos obligan a reconocernos en el otro. Otro que, hasta hace segundos, era sólo un enemigo; y ahora soy yo.
Fernando Ariel García

Links:
Dr. Fogg y otras historias (Colección Continuará... Vol. II Nº 2)
Tinta mortal (Colección Continuará... Vol. II Nº 3)

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