miércoles, 23 de febrero de 2022

ROBIN WOOD: ÉL ES LA AVENTURA

Robin Wood. Una vida de aventuras. Autores: Diego Accorsi, Julio Neveleff, Leandro Paolini Somers. Prólogo: Sebastián De Caro. 288 páginas. Editorial El Ateneo. Argentina, mayo de 2021.


Empecé a leer este libro con Robin Wood vivo. Y lo terminé, por demoras mías, con Robin Wood muerto. No es que este hecho modifique en algo la calidad del trabajo de Accorsi, Neveleff y Paolini Somers, pero sí impactó brutalmente en mi lectura. Sobre todo, en mi lectura emocional de esta biografía autorizada del autor de Nippur de Lagash, Dago, Pepe Sánchez, Savarese, Jackaroe y tantos otros personajes que me han ido acompañando a lo largo de mi vida, en distintos momentos, en diferentes lugares y con variada intensidad.


Si algo tenía Robin Wood, por las pocas veces que pude charlar con él, es una energía vital capaz de sobreponerse a todo, incluida la parca. Algo que fluye en estas páginas y se traspasa al lector. Se nota que Wood nunca había perdido su capacidad de asombro ante las cosas y las gentes; y se agradece (mucho) que haya tenido el don de traducirlo en palabras, planos y secuencias; y la generosidad de derramar su talento a manos llenas. A veces le habrá salido mejor; a veces, peor. Pero nunca se dejó nada guardado en los bolsillos. Y eso no habla sólo de un autor íntegro, sino de un hombre íntegro. Que vivió una vida de aventuras y aprendió a ganarse la vida contando aventuras capaces de modificar la vida de quienes las leían.


Porque si algo deja claro este Robin Wood. Una vida de aventuras es que Wood era, por sobre todas las cosas, un cuentacuentos inagotable. Lo suyo era casi atávico. Con sus palabras invocaba tiempos pasados, mundos remotos, la esquina del barrio. Al calor de las pasiones, cocinaba revoluciones, tejía amistadas y destejía amoríos imposibles. Se sentaba alrededor del fogón y, con su maestría habitual, disponía la mesa para darnos el banquete de la fantasía, el melodrama, la comedia de enredos. Algunos lo sabrán y otros no, pero en el fondo de su marmita mágica, mezclaba retazos de su historia personal, de las mujeres que amó, los lugares que visitó, los sueños que pudo (y supo) cumplir, las carencias que nunca terminó de superar.


El libro está pautado en dos partes, bastante distintas y muy complementarias. La primera, desanda en tercera persona la historia personal de Robin Wood. Los orígenes paraguayos, su sangre celta, el trabajo en el monte, las noches sin nada que comer, su pasión por la lectura y el descubrimiento de un oficio que abrazará como profesión. Las características de su estilo narrativo, su impacto en la industria mundial del cómic, su capacidad para escribirlo todo, bajo cientos de nombres distintos. Recurre al tono periodístico; y está muy bien que así lo haga. El discurso es lineal y cronológico, va de menos a mayor, como la figura biografiada; y pone cada cosa en su casillero correspondiente.


Pero que me perdonen Accorsi, Neveleff y Paolini Somers, la segunda parte se me hizo inmejorable e insuperable. Son diez capítulos que recogen las anécdotas de Robin Wood contadas en primera persona. El orden es caótico y algunos conceptos se repiten de manera innecesaria, pero el espíritu del autor late en cada palabra y brota en cada párrafo. Ahí aparecen las geolocalizaciones autobiográficas que han terminado tiñendo los destinos de Dennis Martin, de Tino, de Anders, de Helena, del inagotable Mojado. Los libros y las películas que le inspiraron tantos personajes y sagas, las charlas de café que le enseñaron la filosofía de vida que traspasó a sus criaturas. Sus peleas con la crítica, sus enojos con la industria. El amor incondicional a sus lectores. El amor incondicional de sus lectores.


Cierro este libro con mucha pena. Y con una enorme convicción. Si Robin Wood supo escribir la Aventura como nadie, es porque él fue (y seguirá siendo) la Aventura. Nuestra Aventura.
Fernando Ariel García

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