sábado, 18 de septiembre de 2021

REMINISCENCIA: TODO TIEMPO PASADO…

Reminiscencia. Directora: Lisa Joy. Protagonistas: Hugh Jackman, Rebecca Ferguson, Thandiwe Newton, Cliff Curtis, Marina de Tavira, Daniel Wu, Mojean Aria, Brett Cullen, Natalie Martinez y Angela Sarafyan, entre otros. Guionista: Lisa Joy. FilmNation Entertainment / Kilter Films / Michael De Luca Productions. EE.UU., 2021. Estreno en la Argentina: 19 de agosto de 2021.


La representación mental de una situación determinada, un hecho puntual, una sensación específica que haya ocurrido en el pasado. El recupero (natural o forzado) de los recuerdos que alguien atesora con nostalgia, con cariño, con dolor. La huella dactilar que la memoria imprime sobre cada personalidad humana. Los rastros estilísticos que visibilizan los registros artísticos, ideológicos, conceptuales, que toda obra le reconoce a sus influencias conscientes o inconscientes. Apenas algunas definiciones que los diccionarios lingüísticos, filosóficos, psicológicos, artísticos y médicos ofrecen sobre el vocablo “reminiscencia”.


Enunciaciones todas que le caen como anillo al dedo a Reminiscencia (Reminiscence), debut cinematográfico de Lisa Joy, una de las creadoras de la exitosa serie televisiva Westworld, que no es otra cosa que una reconstrucción de la homónima película de 1973. Y es que al ver el film protagonizado por el ex Wolverine Hugh Jackman, la mente se me fue llenando de gratos recuerdos de mi historial cinematográfico, como si esta nueva película fuera un notable (y largo) ejercicio de déja vu. En orden, nunca amontonadas o al tuntún, me fui poblando de imágenes de Blade Runner, El halcón maltés, Barrio Chino, Minority Report, Waterworld, El origen y alguna otra que ahora no recuerdo. Vaya uno a saber por qué, lo que contaba Joy no me parecía interesante o importante, lo que me mantuvo sentado en la butaca fue esa avalancha de emociones que me hacía pasear por otras épocas, otros cines y otras impresiones.


Novela negra vestida de ciencia-ficción distópica, Reminiscencia tiene una factura técnica impresionante, capaz de reconvertir a Miami en la pesadilla retrofuturista del más exquisito art-déco neonoir. Una ciudad explotada por la grieta socio-económica y permanentemente inundada por las aguas del Atlántico. Una urbe que vive de noche porque el calor del día es insoportable, sobre todo después de una guerra a la que se alude pero no se explicita; y a las consecuencias del cambio climático que se muestra como un sufrimiento extra y ya naturalizado.


Sobre esta escenografía, que Joy capitaliza en escenas de un sereno lirismo poético, la directora y guionista pareciera perderse en su propio laberinto metanarrativo sobre el sentido y los alcances de la memoria, el amor, la vida, la muerte, la soberbia, la avaricia y una larga lista de virtudes y pecados que definen la lucha de clases y el comportamiento de las personas. Pretenciosamente discursiva, enmarañada por la puesta vanguardista de un melodrama policial del Hollywood clásico, Reminiscencia termina siendo el lejano eco de su propio pasado, un tiempo (y un cine) que supo ser mejor.
Fernando Ariel García

sábado, 11 de septiembre de 2021

THE FOUR FIVES: ÚLTIMA FASE DEL DUELO

The Four Fives. Guion: Joe Quesada. Dibujos: John Romita Jr. Tintas: Scott Hanna. Color: Marte Gracia. Editores: Martin Biro, Annalise Bissa y Tom Brevoort. Marvel Comics. EE.UU., septiembre de 2021.


Bong! Bong! Bong! Bong! Bong!
Bong! Bong! Bong! Bong! Bong!
Bong! Bong! Bong! Bong! Bong!
Bong! Bong! Bong! Bong! Bong!


Cuatro tandas de cinco campanadas. Rito de honor que, al menos en los EE.UU., se hace para homenajear y recordar a los bomberos muertos en el cumplimiento de su deber. Pero la campana que tañe su lamento no es una campana cualquiera, es La Campana de la Esperanza, enclavada al frente de la Capilla histórica episcopal de San Pablo, en pleno distrito financiero de New York, justo enfrente de donde estaban las Torres Gemelas. Una ubicación que no es casual, ya que se trata de una ofrenda que Londres le regaló a la Gran Manzana en memoria de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001.


A veinte años del brutal acontecimiento que sacudió la conciencia del mundo, reformateó el concepto de terrorismo y ayudó a conformar un nuevo andamiaje legislativo global sobre las libertades individuales, Marvel toma esta liturgia y la hace historieta en un corto relato protagonizado por el Hombre-Araña y el Capitán América. Dos héroes, dos símbolos que, desde la soledad de las alturas, recogen testimonio y brindan sus respetos, acompañando ese otro acto simbólico que viene repitiéndose año tras año: El encendido de las dos torres lumínicas que, desde el el Memorial de las Torres en pleno corazón de la Zona Cero, se elevan hacia el cielo dibujando los contornos de aquello que supo ser.


Ocho páginas, prácticamente mudas, en las que no pasa nada y pasa de todo. Lo de Joe Quesada y John Romita Jr. va por el lado de la acción interna, eso que llamamos emoción contenida. Un repliegue hacia el ser íntimo, intentando abrazar ese dolor que no cesa con la idea de transformarlo en algo más, en algo mejor. ¿Esperanza? Puede ser. Cada golpe de la campana es un reconocimiento. A las víctimas. Y a los héroes de esas jornadas aciagas, que suelen ser los mismos héroes de otras jornadas similares, los héroes anónimos y verdaderos. Y cada campanada es, también, la reafirmación de una postura acrítica, dispuesta a tolerar el sufrimiento sin cuestionar la ofensiva militar que los EE.UU. desplegaron hasta hace 15 minutos sobre Afganistán, o el alineamiento irrestricto que Marvel (como empresa) adoptó hacia el discurso oficial de la administración Bush Jr.


Incluido en diferentes títulos regulares que Marvel publica este mes, The Four Fives funciona como una especie de secuela emocional al clásico The Amazing Spider-Man vol. 2 N° 36, historia que J. Michael Straczynski y John Romita Jr. publicaran en diciembre de 2001, intentando entender qué estaba pasando durante los ataques terroristas. Y si aquel cómic galvanizaba el ruido y la furia ante la inmediatez de la pérdida, esta historieta parece venir a cerrar el período de duelo, tramitando la aceptación de la muerte como parte del fenómeno natural que es la vida, abriéndose a una reflexión retrospectiva que favorezca la aparición de ese ansiado estado de calma que permita hacer las paces con la inevitabilidad de tamaña ausencia.


A veinte años del día que cambió al mundo (como suelen llamarlo los titulares periodísticos) lo único que humanamente puede hacerse es respetar el sentimiento de los sobrevivientes y de las familias de los muertos, acompañando en silencio cada ominoso golpe de campana. Ya habrá tiempo para levantar la voz más adelante. Ojalá Marvel también lo entienda así.
Fernando Ariel García

jueves, 2 de septiembre de 2021

SHANG-CHI: CELEBRACIÓN SUPERHEROICA DE LA CULTURA ORIENTAL

Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos. Director: Destin Daniel Cretton. Protagonistas: Simu Liu (Shang-Chi), Awkwafina (Katy), Tony Leung (Xu Wenwu / El Mandarín), Florian Munteanu (Razor Fist), Meng'er Zhang (Xialing), Fala Chen (Jiang Li), Michelle Yeoh (Ying Nan) y Andy Le (Death Dealer), entre otros. Participación especial de Benedict Wong (Wong), Ben Kingsley (Trevor Slattery), Tim Roth (Abominación) y Jade Xu (Viuda). Guionistas: Dave Callaham, Destin Daniel Cretton y Andrew Lanham, basados en personajes y situaciones creadas y desarrolladas por Steve Englehart, Jim Starlin, Doug Moench y Paul Gulacy, entre otros, para los cómics Marvel. Marvel Studios. EE.UU., 2021. Estreno en la Argentina: 2 de septiembre de 2021.


Lo que Pantera Negra implicó en términos de representación real y simbólica de la comunidad afroamericana dentro del Universo Cinematográfico de Marvel (UCM), Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos (Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings) viene a cumplimentarlo para los sinoestadounidenses, como se ha dado en llamar a los norteamericanos descendientes (total o parcialmente) de ciudadanos chinos. Tanto en la estructura formal como en los contenidos, la película de Destin Daniel Cretton busca afirmar y reafirmar los valores filosófico-culturales con que la tradición oriental ha contribuido al American Way of Life. Una forma de reconocimiento que se inscribe de lleno en la exigencia de multiculturalidad que impone el actual imperio de la corrección política. Que el malo de la historia sea un chino milenario y el bueno un chino americanizado de los EE.UU., es un dato irrelevante.


Por cuestiones de derechos, el linaje comiquero que unía a Shang-Chi con el demoníaco Dr. Fu-Manchú ha desaparecido de la historia (sólo se salvaron Razor Fist y Death Dealer). Aquí, el Maestro de Kung-Fu es el hijo de Xu Wenwu, líder inmortal de la organización clandestina de los Diez Anillos, especie de yakuza corporativa que ha estado detrás de todos los acontecimientos criminales de la historia de la humanidad. El drama filial, obvio, es el que guiará la trama hasta su eclosión final, un tanto grandilocuente en su deseo de amalgamar la mitología oriental con la imaginería fantástica de Game of Thrones. En el camino, demasiados flashbacks y mucho humor de sitcom, capitalizado por la impronta standupera de Awkwafina.


Argumentalmente, el film es tan pobre como previsible. Y teniendo un poco de mala leche, se podría resumir como un equilibrado cóctel entre Star Wars y Dragon Ball, acompañado por un cuenco de galletitas de la fortuna cuyas citas pretenden reducir siglos de sabiduría oriental en retórica comercial de occidente. Y si Shang-Chi se permite semejante debilidad es porque sabe que su fuerte está en las escenas de acción, coreografiadas con la vertiginosa precisión de una película de Jackie Chan y la poética visual de La casa de las dagas voladoras de Zhang Yimou, uno de los ejemplos más conocidos del cine wuxia, ese que hace de las artes marciales un efecto especial de espectacular adn.


Específicamente, la Fase 4 del UCM dice presente en la escena post-créditos, dejando más preguntas que respuestas. El resto son juegos referenciales de nula implicancia en la trama principal, pero que sirven para linkear al recién llegado Shang-Chi con el historial superheroico de la pata audiovisual de Marvel: El Mandarín falso que Ben Kingsley interpretó en Iron Man 3 y el corto All Hail The King (complemento del DVD de Thor: Un mundo oscuro); el Wong de la saga de Doctor Strange, la inesperada reaparición de la Abominación vista en El increíble Hulk y la invisible (e innecesaria) presencia de la anónima Viuda Negra que Jade Xu personificara en Black Widow.
Lo dije ayer, lo repito hoy. Me está gustando mucho (mucho) más el menú televisivo del UCM que su complemento cinematográfico.
Fernando Ariel García

miércoles, 1 de septiembre de 2021

LOKI: MULTIVERSO PARA PRINCIPIANTES

Loki. Directora: Kate Herron. Protagonistas: Tom Hiddleston (Loki, Loki Presidente), Owen Wilson (Mobius M. Mobius), Sophia Di Martino (Sylvie), Gugu Mbatha-Raw (Ravonna Renslayer), Wunmi Mosaku (Hunter B-15), Tara Strong (voz de Miss Minutes) y Jonathan Majors (Aquel que Permanece), entre otros. Participación especial de Jack Veal (Kid Loki), DeObia Oparei (Loki Fanfarrón), Richard E. Grant (Loki clásico), Jaimie Alexander (Sif) y Chris Hemsworth (voz de Thor sapo). Guionistas: Michael Waldron, Elissa Karasik, Bisha K. Ali, Eric Martin y Tom Kauffman, basados en personajes y situaciones creadas y desarrolladas por Stan Lee, Larry Lieber, Jack Kirby y Walter Simonson, entre otros, para los cómics Marvel. Productores: Kevin Feige y Tom Hiddleston, entre otros. Marvel Studios. EE.UU., 2021. Estreno en la Argentina: Disponible en Disney+ desde el 9 de junio de 2021.


Visto lo que está disponible de la Fase 4 del Universo Cinematográfico de Marvel (UCM), tres series completas y dos películas, el resultado es que me está gustando mucho (mucho) más el menú televisivo que la oferta cinematográfica. Me da la sensación de que, en la caja boba, la Casa de las Ideas se permite tomar el riesgo de elaborar y desarrollar, justamente, ideas; mientras que en la gran pantalla sólo se dedica a explotar las fórmulas ya (a)probadas por los consumidores del espectáculo más exitoso que ha parido el Hollywood contemporáneo.


Loki, cuarto eslabón de esta fase, me pareció un golazo, a la altura de WandaVision. Lo del mate escondido tras una pila de papeles es un lindo mimo para los argentinos, pero lo que realmente me mató es el formato elegido para contar el cuento. Esa onda kafkiana de atemporal thriller burocrático resulta ser el marco perfecto para abordar una historia centrada en la construcción de la identidad de una persona, sopesando la cantidad de variables posibles que se abren ante cada decisión que vamos tomando. Aquello que nos define viene a ser lo mismo que nos impide evolucionar hacia otros estadíos. ¿Mejores o peores? Lo interesante es que aquí todo deviene materia opinable.


Porque el centro neurálgico de la serie está puesto, me parece, sobre la dicotomía destino prefijado – libre albedrío, poniendo en duda los valores absolutos que ambas posiciones defienden denodadamente; y prestando atención al cono de sombras que se forma en la conjunción de esos opuestos que se atraen y se reniegan, se abrazan y se expulsan. ¿Será por esa cualidad contradictoria inherente a la raza humana? Quiero creer que sí. La exquisita labor interpretativa de Tom Hiddleston así me lo demuestra. La vulnerabilidad que le hace conocer a su Loki es realmente definitoria, y eso lo vuelve uno de los personajes más fuertes del UCM.


Por lo demás, la serie está pensada para explicarle al público masivo que no leyó ni leerá los cómics de Marvel, qué es el Multiverso. Conocimiento necesario (por lo que parece) para disfrutar a pleno de las próximas películas de Spider-Man, el Doctor Strange y Ant-Man. Y un concepto que los Zombies Marvel ya manejamos de taquito. Tal vez por eso, buscando evitarnos el aburrimiento producido por la repetición redundante, los seis episodios de Loki se muestren tan profusos en guiños para el comiquero iniciado. Aplausos de pie para el Loki clásico (hallazgo de Richard E. Grant) y los microsegundos del Thor sapo; y un chapeau! para el demente que metió al helicóptero de Thanos en el medio del kilombo. Detalles emotivos que a uno le siguen haciendo creer que la arquitectura faraónica del UCM todavía vale la pena.
Va a haber segunda temporada. Y eso está muy bien.
Fernando Ariel García

lunes, 23 de agosto de 2021

EL REINO: CRÍMENES Y PECADOS

El reino. Directores: Marcelo Piñeyro, Miguel Cohan. Protagonistas: Diego Peretti, Chino Darín, Nancy Dupláa, Joaquín Furriel, Peter Lanzani, Mercedes Morán, Vera Spinetta, Nico García, Sofía Gala y Alejandro Awada, entre otros. Participación especial de Daniel Fanego, Diego Gentile, Daniel Kuzniecka y Hernán Chiozza. Guionistas / Creadores: Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro. Tema de apertura: Sobre mi tumba, interpretado por Cazzu. K&S Films. Argentina, 2021. Estreno en la Argentina: Disponible en Netflix desde el 13 de agosto de 2021.


Desde que entró en la escena política en 1973, la Iglesia Católica Evangélica de los EE.UU. ha ido ocupando mayores espacios de poder en el Partido Republicano. De hecho, en las elecciones de 2016, uno de cada cuatro votantes se identificó como cristiano evangélico blanco; y el 81 por ciento de ellos votó por Donald Trump. En el Brasil, el empresario evangélico José Alencar llegó a la vicepresidencia en 2003, como compañero de fórmula de Lula Da Silva, cargo que mantuvo hasta 2010. Y en 2017, dos años antes de alcanzar la primera magistratura carioca, Jair Bolsonaro formalizó su vínculo con los evangélicos al bautizarse en las aguas del río Jordán.


Como puede verse, la relación entre política y evangelismo no es nueva ni ficticia. Y sobre esa base real y concreta, Claudia Piñeiro y Marcelo Piñeyro imaginaron El reino, ocho episodios que cuentan el desembarco de un carismático líder evangélico a la competencia electoral que decidirá al futuro presidente de la Argentina. Bajo las coordenadas del thriller político-religioso; y linkeando las actividades pastorales de esa iglesia en particular con los imaginarios de la meritocracia macrista y la marroquinería kirchnerista, la serie postula el avance local de una nueva derecha cuya agenda principal es la de una apabullante restauración conservadora.


Apoyado en actuaciones deslumbrantes de Peretti, Furriel, Morán y Lanzani, el mundo que presenta El reino tiene muy pocos grises. Hay algunas luces intermitentes pero, sobre todo y sobre todos, predomina la corrupción más abyecta e inhumana. Como en la mejor novela negra, el ramillete de sospechas iniciales terminará derivando en un puñado de certezas diametralmente opuestas a las que proyectaba la primera imagen. Principalmente, porque cada personaje carga, al menos, un crimen que ocultar y un pecado por expiar. Bajo el imperio de la posverdad y el canto de sirenas de las fake news, la serie se preocupa por dejar en claro que sus dardos críticos van dirigidos a las estructuras institucionales que manipulan a las personas que (por fe, convicción, ignorancia, necesidad o cualquier otro motivo), adscriben honestamente a los postulados que emanan de esas estructuras.


Casi llegando al final, entre las consabidas subtramas surge una de contenido más religioso que político. A mí me hizo algo de ruido, no porque carezca de interés (todo lo contrario), sino porque parece pertenecer a un registro diferente del que El reino había venido articulando. Más cerca de El código Da Vinci que de Todos los hombres del Presidente. Habrá que ver como coinciden o colisionan (en una segunda temporada) esos senderos que hoy sólo se bifurcan.
Fernando Ariel García

domingo, 8 de agosto de 2021

EL ESCUADRÓN SUICIDA: ODA CRÍTICA AL INTERVENCIONISMO YANQUI

El Escuadrón Suicida. Director: James Gunn. Protagonistas: Margot Robbie (Harley Quinn), Idris Elba (Bloodsport), John Cena (Peacemaker), Joel Kinnaman (coronel Rick Flag), Sylvester Stallone (voz de King Shark), Viola Davis (Amanda Waller), David Dastalmachian (Polka-Dot Man), Daniela Melchior (Ratcatcher II), Michael Rooker (Savant), Jai Courtney (Capitán Boomerang), Peter Capaldi (Thinker), Pete Davidson (Blackguard), Nathan Fillion (T.D.K.), Taika Waititi (Ratcatcher I), Steve Agee (John Economos, King Shark), Sean Gunn (Weasel, Calendar Man), Flula Borg (Javelin), Mayling NG (Mongal), Alice Braga (Sol Soria), Joaquín Cosío (Mayor General Mateo Suárez), Juan Diago Botto (Presidente General Silvio Luna) y Storm Reid (Tyla), entre otros. Participación especial de John Ostrander (Dr. Fitzgibbons), Natalia Safran (Kaleidoscope), Jared Leland Gore (Double Down) y Pom Klementieff (bailarina en La Gatita). Guion: James Gunn, basado en personajes y situaciones de los cómics de DC, especialmente los de Suicide Squad a cargo de John Ostrander (guion) y Luke McDonnell (dibujos). Productores: Zack Snyder, Deborah Snyder. Warner Bros. Entertainment / Atlas Entertainment / Peter Safrant. EE.UU., 2021. Estreno en la Argentina: 5 de agosto de 2021.


¿Qué puede salir de la fusión entre los Doce del patíbulo y la Bananas de Woody Allen? Si el encargado de resolver semejante alquimia es James Gunn, pues el resultado es esta gloriosa El Escuadrón Suicida (The Suicide Squad), que recupera la sensibilidad estética e intelectual del camp patentado por el Batman de Adam West, ostentando los valores de la ironía, el humor negro y la sobreactuación como contrapeso al brutal baño de sangre que maquilla una fuerte crítica al intervencionismo yanqui. Y si al combo le sumamos algunos argentinismos irresistibles (empanadas, fernet, un par de “boludos” oídos al pasar y hasta un guiño a la Mafalda de Quino), yo compro el paquete entero, sin dudar.


Todo lo que no anduvo en Escuadrón Suicida modelo 2016, aquí funciona como un relojito. La película es ligera pero no superficial, visualmente atractiva y sabe jugar el tempo de la comedia superheroica con precisión milimétrica. Cuando tiene que serlo, es vulgar sin ofender, hiperviolenta sin escandalizar, tonta sin menospreciar; y sensible sin empalagar. Gunn parte del mismo presupuesto que utilizó David Ayer: un grupo de villanos descartables, rejuntados por una organización secreta gubernamental estadounidense para realizar misiones ilegales de altísimo riesgo. Pero en vez de enfrentar a sus personajes contra fenómenos sobrenaturales, elige ceñirse al discurso político patentado por John Ostrander y Luke McDonnell en los fundamentales cómics ochentosos del Suicide Squad. Por esa razón, los deposita en medio de la bananera isla sudamericana de Corto Maltese (homenaje al gran Hugo), para poner fin a la dictadura del Presidente General Silvio Luna, interpretado por el argentino Juan Diego Botto, el mismo que antes de romperla en el Martín (Hache) de Aristarain había personificado al sordomudo Felipe en la nefasta Zorro de Duncan Regher.


Recreada en locaciones reales de Panamá y Puerto Rico, Corto Maltese resulta ser la sumatoria del vasto imaginario colonialista que los EE.UU. suelen esgrimir para justificar su accionar sobre América Latina. Una síntesis de lo peor de la Cuba castrista y lo más malo de la Venezuela chavista. Un estereotipo caricaturesco que le calza justo a la artificialidad burlona que el film propone y dispone. Esa construcción narrativa que hace de la exageración su principal virtud, equilibrando la cancha poniendo del lado gringo al gran hallazgo del film: el Peacemaker de John Cena, especie de Schwarzenegger descerebrado y extremista que, autojustificando su conducta criminal, defiende (y sostiene) la injerencia imperialista en América Latina.


El resto es la eficiente receta que Gunn ya probó (y aprobó) en las dos Guardianes de la Galaxia de Marvel: Aventura a gran escala, criaturas tan nefastas como queribles; y un sustrato emocional que la da sustento dramático al periplo interno de algunos personajes principales. En este caso específico, el impacto de los compartamientos paternos en el proceso de construcción de la personalidad de los hijos. Además de una banda sonora impecable, que incluye canciones de y por Johnny Cash, The Jim Carroll Band, Céu, Kansas, David Lee Roth y Pixies, entre otros.
Es cine de superhéroes, así que conviene quedarse hasta el final.
Fernando Ariel García

sábado, 7 de agosto de 2021

VIEJOS: PLANTAR RESPUESTAS EN LUGAR DE SEMBRAR PREGUNTAS

Viejos. Director: M. Night Shyamalan. Protagonistas: Gael García Bernal, Vicky Krieps, Rufus Sewell, Alex Wolff, Emun Elliott, Thomasin McKenzie, Embeth Davidtz, Abbey Lee, Nikki Amuka-Bird, Ken Leung, Eliza Scanlen, Aaron Pierre, Kathleen Chalfant, Gustaf Hammarsten, Francesca Eastwood y Matthew Shear, entre otros. Participación especial de M. Night Shyamalan. Guion: M. Night Shyamalan, basado en la novela gráfica Château de sable (2010), de Pierre Oscar Lévy (guion) y Frederik Peeters (dibujos). Perfect World Pictures / Blinding Edge Pictures. EE.UU., 2021. Estreno en la Argentina: 29 de julio de 2021.


Una oferta tentadora para un resort exclusivo. La oportunidad justa para relajarse en familia, mientras intentan resolver los problemas que afectan a la pareja y que, por razones obvias, ocultan a los ojos y oídos de sus pequeños hijos. Un lugar realmente paradisíaco, con una playa secreta, rodeada de peñascos, vista privilegiada y aguas cristalinas y tentadoras. Una jornada de ensueño que terminará convertida en un descenso a los infiernos. El propio, los ajenos y los inesperados.


A partir de la novela gráfica suiza Château de sable (de Pierre Oscar Lévy y Frederik Peeters), M. Night Shyamalan retoma algunas de sus obsesiones recurrentes, en particular la intromisión de lo extraordinario sobre lo cotidiano, prestando atención a las consecuencias que lo desconocido acarrea para la gente común. El entorno reconvertido en prisión inexpugnable, además, termina generando la aparición de grandezas y miserias en las personas menos esperadas, así como el enfrentamiento con el dolor, la pérdida y los efectos del paso del tiempo sobre los cuerpos y las mentes. Sobre todo porque, por razones que no sabemos si se van a conocer, esa playa hace que las personas envejezcan años en horas.

Portada de la edición anglosajona de la novela gráfica que inspiró al film

Lo mejor de Viejos (Old) está en la narración cinematográfica. Shyamalan sabe cómo instalar la incomodidad en el espectador, con escenas de una trivialidad pasmosa en dónde no pasa nada y la procesión va por dentro. Hay una cierta poesía en el tratamiento de las imágenes, en la escalada de los tiempos. La película entra por los ojos pero, cuando tiene que convencer al intelecto, el peso de las acumulaciones hace que la credibilidad arduamente conseguida se desplome a pedazos.


El problema del film está en la banalización brutal de las cuestiones que decididamente aborda. La aceptación de la vejez en una era que impone el valor hegemónico de la juventud, la comprensión de la finitud de la vida, la angustia que provoca la incerteza sobre el porvenir, le inevitable tensión entre lo importante y lo urgente, la relación humana con la enfermedad, el despertar sexual adolescente, el tránsito de cualquier crisis existencial.


Como en la historieta original, Viejos se preocupa (y ocupa) del desarrollo psicológico de los personajes abrumados, por la naturaleza de la situación y la seguidilla de preguntas trascendentales que se ven obligados a realizarse. Pero existe una gran, enorme diferencia entre la novela gráfica y la película, que dispara el dominó de yerros que marca la obra de Shyamalan. Allí donde Château de sable abría el juego metafísico a la libre interpretación del lector, Viejos pretende exponer las coordenadas científicas que expliquen los acontecimientos. Donde Lévy y Peeters sembraron preguntas filosóficas, Shyamalan plantó respuestas de índole fantástico y conspirativo. ¿El resultado? Una seguidilla de golpes de efecto, de vueltas de tuerca que traicionan la intención de la materia prima. No será esta una película que envejezca dignamente.
Fernando Ariel García