miércoles, 22 de mayo de 2019

INFIERNO GRANDE: LA LOBA SOLITARIA Y SU CACHORRO

Infierno grande. Director: Alberto Romero. Protagonistas: Guadalupe Docampo, Alberto Ajaka, Mario Alarcón, Héctor Bordoni, Chucho Fernández, Manuel Matzkin, Javier Pedersoli, Marta Haller y Eliana De Santis. Guión: Alberto Romero. Río Rojo Contenidos / Zioc SRL. Argentina, 2019. Estreno en la Argentina: 23 de mayo de 2019. 

Si allá por los ’80 fuiste lector de cómics, de aquellos que crecieron (y se formaron) trajinando páginas de Fierro, Skorpio, Cimoc y Zona 84 (por nombrar algunas), de entrada vas a sentir la pertenencia de Infierno grande a ese amplio universo sensorial y emotivo. No porque sea una adaptación de alguna de las series o unitarios que allí pudimos leer, sino por los puentes que su guionista y director, Alberto Romero, tiende de manera deliberada entre el séptimo arte y el noveno. Lenguaje narrativo, tratamiento de la imagen, características de los personajes, exploración de escenarios con un pie en la realidad y otro en el fantástico latinoamericano. Todo parece remitir a esas propuestas y todo está sólidamente construido desde esas propuestas, teniendo muy en claro las similitudes y las diferencias que se necesitan trabajar para obtener un resultado tan sólido, contundente, evocativo, provocativo, inteligente y atrapante como éste. 


Estamos en La Pampa, en un presente que se muestra detenido en el tiempo, frenado a la espera de un nuevo arranque. Hasta que María encuentra el impulso interno que necesita tomar para alejarse de ese marido violento, tan anacrónico como actual, que la ama de una manera tóxica, dañina. María está embarazada, a poco de parir; y ha decidido ser madre en el pueblo que la vio nacer. Un pueblo abandonado, derruido, más habitado por el deseo que por las posibilidades concretas. 


Western clásico con perspectiva de género, road movie preapocalíptica que coquetea con los códigos visuales de la aventura postapocalíptica. Metáfora mística y religiosa que plantea la necesidad metafísica de viajar al pasado (propio, no temporal) para sentar las raíces del anhelado futuro emancipatorio (propio y temporal). Como bien adelantó el propio Romero, hay algo de El Eternauta y El último recreo en este Infierno grande tan caminado. Pero, sobre todo, hay una impronta mítica que la hermana fuertemente con Alvar Mayor: La consustancial irrupción de la leyenda; el orgánico entramado entre lo natural y lo sobrenatural, que define el marco de credibilidad que la historia requiere para empatizar con el espectador. Y también un poco del Lone Wolf & Cub a la hora de avanzar en tu destino llevando de la mano al amor y la violencia, a la vida y la muerte. 


Sin ser perfecta, Infierno grande es una obra maestra del nuevo cine argentino. O, al menos, lo es para mí. Una joya que, creo, no merecería pasar desapercibida. Si piensan ir a verla, háganlo durante el primer fin de semana de exhibición. Será fundamental para que la película pueda seguir caminando y no muera a la vera de tanto avengers y aladinos que ocupan las pantallas. 
Fernando Ariel García

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