(Información de prensa) El demonio ha vuelto. Hellboy (EE.UU., 2019) se estrena en la Argentina el 11 de abril.
Dirigida por Neil Marshall, el relanzamiento de la saga basada en el cómic de Mike Mignola está protagonizado por David Stranger Things Harbour, Milla Jovovich y Ian McShane, entre otros.
Hellboy está de regreso y está que arde. Desde las páginas de las novelas gráficas de Mike Mignola, llega una historia llena de acción con el legendario mitad demonio y mitad superhéroe, llamado a la campiña inglesa para luchar contra un trío de gigantes alocados.
Allí descubre a La Reina Sangrienta, Nimue, una antigua hechicera resucitada, sedienta de venganza por una traición pasada.
De pronto, atrapado en un encuentro entre lo sobrenatural y lo humano, Hellboy ahora está empeñado en detener a Nimue sin provocar el fin del mundo.
(Información de prensa) ¿Alguien te defiende contra el poder del dinero? La guerra silenciosa (En guerre, Francia, 2018) se estrena en la Argentina el 18 de abril.
Dirigida por Stéphane Brizé, la película está protagonizada por Vincent Lindon, Jacques Borderie, Bruno Bourthol, Valérie Lamond, Guillaume Draux y Mélanie Rover.
Hace dos años, la fábrica Perrin, conocida en la industria automovilística y perteneciente al grupo alemán Schäfer, llegó a un acuerdo para que sus trabajadores aceptaran un importante recorte salarial con el fin de salvar la compañía y prometiendo a cambio proteger sus empleos durante al menos cinco años.
En la actualidad, y pese a haber obtenido grandes utilidades, la compañía ha tomado la decisión de cerrar.
Con el acuerdo incumplido, los 1.100 empleados, animados por Laurent Amédéo, se niegan a aceptar esta brutal determinación y harán todo lo posible para que la empresa respete lo acordado.
(Información de prensa) En el campamento de monjas La Brújula, dos adolescentes inquietas (Maria y Susana) nos divierten y emocionan con sus deseos, sueños, rebeldías y reggaeton.
Todo empieza a cambiar cuando una noche, un hombre muy particular (que resultará ser Dios), se le aparece a María movilizándola a través de las más emblemáticas canciones de Whitney Houston.
María lucha por saber cómo conectarse con Él y acude a las monjas del campamento: una novicia con dudas que quiere recuperar el tiempo perdido y una hilarante madre superiora muy fan de Dios (y de Whitney Houston).
La Llamada es una comedia musical sobre el paso de la adolescencia a la madurez, la amistad, el primer amor, el derecho a elegir ser uno mismo y la necesidad de encontrar el camino que más feliz nos hace.
La exitosa obra, escrita por “Los Javis”, Javier Ambrossi y Javier Calvo (creadores de la serie Paquita Salas y considerados “los nuevos Almodóvar”), estrenada en España hace más de 6 temporadas.
Es un suceso teatral que sigue llenando ininterrumpidamente año a año la sala del Teatro Lara de la Gran vía Madrileña; se convirtió en una obra de culto y ya cuenta con su propia versión cinematográfica que resultó ser la más taquillera y premiada del 2017 y una de las actuales tendencias de Netflix.
Y en mayo llega al Teatro del Globo de Buenos Aires la versión argentina de este particular campamento de monjas , con un elenco local conformado por Cande Molfese (María), Malena Narvay (Susana), Vivian El Jaber (Bernarda), Ana Gutiérrez (Milagros) y la participación especial de Carlos Casella (Dios).
A principios de la semana se llevó a cabo la fiesta de lanzamiento del musical. Julián Serrano enamorado capturó los mejores momentos de su novia, a su vez estuvieron presentes en la noche acompañando a sus amigos Sofi Morandi, el español Diego Domínguez, Kevsho, Agustin Casanova, Julieta Nair Calvo, Fernando Dente, Carolina Kopelioff, Dai Hernandez, Mica Suarez entre otros.
El final llegó de la mano del conjunto Agapornis quienes hicieron de la fiesta un final extraordinario a puro canto y baile en el Campamento La Brújula.
El reboot cinematográfico de Hellboy llega este jueves a la Argentina, con David Harbour (de Stranger Things) y Milla Jovovich, bajo la dirección de Neil Marshall y la producción ejecutiva del propio Mike Mignola, creador de la saga.
Si querés saber de qué hablamos cuando hablamos de Hellboy, entrá a este artículo que hoy publicó La Nación en su edición online.
¡Shazam! Director: David Sandberg. Protagonistas: Zachary Levi (Shazam), Asher Angel (Billy Batson), Mark Strong (Dr. Thaddeus Sivana), Jack Dylan Grazer y Adam Brody (Freddy Freeman), Grace Fulton y Michelle Borth (Mary Bromfield), Ian Chen y Ross Butler (Eugene Choi), Jovan Armand y D.J. Cotrona (Pedro Peña), Faithe Herman y Meagan Good (Darla Dudley), Djimon Hounsou (el Mago Shazam), Cooper Andrews (Victor Vasquez), Marta Milans (Rosa Vasquez) y John Glover (padre de Sivana), entre otros. Guión: Henry Gayden y Darren Lemke, basado en personajes creados por Bill Parker y C.C. Beck; y situaciones desarrolladas por Geoff Johns y Gary Frank para DC Comics. Warner Bros. / DC Entertainment / New Line Cinema / Seven Bucks Productions / The Safran Company. EE.UU., 2019. Estreno en la Argentina: 4 de abril de 2019.
No sé si a ustedes les pasa lo mismo. Pero desde que Marvel le encontró la vuelta al cine de superhéroes y definió el género para el contemporáneo adn hollywoodense, yo siento que DC anda como bola sin manija intentando encontrar un estilo y una perspectiva que le permita competir de igual a igual, porque hasta ahora viene corriendo de atrás a la Casa de las Ideas. Y ¡Shazam! (Shazam!) ejemplifica claramente esta crisis identitaria que tiene a la Distinguida Competencia atrapada en la pretenciosa lógica pat(h)ológica instaurada por Christopher Nolan en su trilogía batmaniana.
Primero y principal, el superhéroe que inauguró el nombre de Capitán Marvel allá por 1940, no puede ser llamado así en el film que protagoniza por razones obvias: Marvel ya es una marca cinematográfica con peso específico propio en el inconsciente colectivo de los espectadores; y DC no va a darle más relevancia de la que ya tiene. Sobre todo, cuando hace un mes le estrenaron una Capitana Marvel que está descosiendo las taquillas del mundo entero.
Segundo: Una vez que se decide a jugar en el terreno que Marvel mejor maneja, el de la comedia superheroica, lo hace sin respetar la propia premisa que intenta explotar. La idea central, citada durante el metraje, es la de hacer una Quisiera ser grande con Zachary Levi interpretando a Tom Hanks con superpoderes. Una interesante propuesta que garpa los mejores momentos de la película, con un Capi… Perdón, con un paladín de pantimedias rojas que se comporta como un adolescente sobreexitado. Básicamente, porque es un adolescente sobreexitado, metido en el cuerpo de un superhombre adulto. Lástima que Asher Angel componga al adolescente metido en el cuerpo de un adolescente como si fuera un adulto, dueño de las herramientas y la resolución necesarias para encauzar el conflicto familiar que lo moviliza.
Con todo esto (o a pesar de ello, no lo sé), David Sandberg logra una película entretenida, llena de clichés y fácil de ver. Un poco larga y bastante previsible, que sigue muy de cerca (escena intertítulos finales incluida) el arco argumental de Shazam! que Geoff Johns y Gary Frank firmaron en las páginas de Justice League entre 2012 y 2013. Un relato iniciático convencional, que cumple con el cometido de contar el origen del héroe. Y una aventura tan familiar como familiera, que permite inferir una secuela mucho más interesante y, esperemos, asumida en el rol que quiera ocupar. Hay que quedarse hasta el final.
Capitana Marvel. Directores: Anna Boden y Ryan Fleck. Protagonistas: Brie Larson (Carol Danvers / Capitana Marvel), Samuel L. Jackson (Nick Fury), Jude Law (Yon-Rogg), Ben Mendelsohn (Talos / Keller), Djimon Hounsou (Korath), Lee Pace (Ronan el Acusador), Gemma Chan (Minn-Erva), Annette Bening (Dra. Wendy Lawson), Clark Gregg (Phil Coulson), Lashana Lynch (Maria Rambeau), Akira Akbar (Monica Rambeau) y los gatos Reggie, Archie, Rizzo y Gonzo (Goose), entre otros. Participación especial de Stan Lee (Stan Lee), Chris Evans (Steve Rogers), Scarlett Johansson (Natasha Romanoff), Mark Ruffalo (Bruce Banner), Don Cheadle (James Rhodes) y Kelly Sue DeConnick (ciudadana anónima). Guión: Anna Boden, Ryan Fleck, Geneva Robertson-Dworet, Nicole Perlman y Meg LeFauve, basado en personajes creados y desarrollados por Stan Lee, Gene Colan, Don Heck, Jack Kirby, Roy Thomas, Neal Adams y Kelly Sue DeConnick, entre otros autores, para distintas revistas de Marvel Comics. Walt Disney Pictures / Marvel Studios / Animal Logic. EE.UU., 2019. Estreno en la Argentina: 7 de marzo de 2019.
Qué clara la tiene Marvel. Sabe que su marca es sinónimo de moderno cine superheroico gracias al dominio en el manejo de las variables que instaló como norma. Una combinación de acción terrenal, épica intergaláctica, comedia de enredos y personajes con mucho carisma. Todo en su medida y armoniosamente. Y si el cóctel le sigue rindiendo, es porque tiene el talento para amalgamar todo con el timing justo y necesario. Dentro de la pantalla y, ahora también, fuera de los cines. Ya lo hizo con la oscarizada Pantera Negra y el reclamo de inclusión igualitaria para los afroamericanos. Y alcanza el cénit con esta Capitana Marvel (Captain Marvel), alineada con los movimientos feministas globales y, no casualmente, estrenada en todo el mundo durante la semana marcada por la celebración del Día Internacional de la Mujer.
Una movida que tiene mucho de marketing (hay que decirlo) y mucho de contenido. Sobre todo por el enfrentamiento final entre la Capitana y su opresor patriarcal, resuelto por ella de una manera muy distinta a la que hubiera elegido un hombre con superpoderes. O a lo que se espera que elija un hombre con superpoderes en un film de género con tales características y tal discurso narrativo. Es esta secuencia la que establece una diferencia sustantiva con el resto de los filmes Marvel, ya que hasta ese momento el comportamiento de la Capitana había sido representativo del rol que la Casa de las Ideas hace jugar a los mejores exponentes de la raza humana; sin importar la variable de género que aquí sí importa. Y mucho.
Dejando el timing de lado, Marvel está corriendo el serio riesgo de comprar el producto que vende, quedándose en la repetición de la fórmula consagratoria. En ese sentido, Capitana Marvel es otra reescritura más de los conflictos explorados en Pantera Negra, que era otra reescritura de los conflictos explorados en Ant-Man. El Hombre Hormiga: un relato de iniciación signado por el deber y un dramático componente familiar, que termina generando un antagonista equivalente al héroe o la heroína de turno.
Un recurso remanido, ya transitado y aquí, además, demasiado estirado. Porque si la trama atrae menos que el homenaje a Stan Lee, la nostalgia noventera, las explicaciones retroactivas del actual Universo Cinematográfico y las referencias a la mitología impresa del personaje (de Mar-Vell a la primera Capitana afroamericana, pasando por el sorprendente replanteo de la insoslayable Guerra Kree-Skrull, algo que sólo captarán los comiqueros), es porque Capitana Marvel podría funcionar tranquilamente como un entremés sin mayores pretensiones que prologar Avengers: Endgame.
Que de eso se trata. Hay que quedarse hasta el final.
Cementerio de animales. Directores: Kevin Kölsch y Dennis Widmyer. Protagonistas: Jason Clarke, Amy Seimetz, Jeté Laurence, Hugo y Lucas Lavoie y John Lithgow, entre otros. Guión: Jeff Buhler y Matt Greenberg, basado en la novela homónima de Stephen King. Paramount Pictures / di Bonaventura Pictures / A Room 101, Inc. Production. EE.UU., 2019. Estreno en la Argentina: 4 de abril de 2019.
Leí la novela de Stephen King cuando salió editada en castellano; y vi su primera adaptación fílmica cuando se estrenó en cines. Nunca más abrí el libro, pero volví a ver la película (un par de veces) en la tele. Hace ya mucho. Así que no voy a decir que llegué virgen a esta nueva versión cinematográfica de Cementerio de animales (Pet Sematary), pero no tenía tan frescos los detalles que visten y jalonan la trama.
Aunque sí entré al cine con una gran diferencia; y los que sepan de qué va todo, entenderán más y mejor. Ahora soy padre; y como una parte importante del drama humano que se juega en la pantalla tiene que ver con la posibilidad de perder un hijo, el terror real se me presentó de manera insoportable, inaceptable ante la empatía provocada por lo que estaba transitando la familia protagonista y, en especial, el padre de esa estructura feliz y esperanzada en alcanzar una mejor calidad de vida en su nueva casa campestre, con un par de secretos ocultos en el patio del fondo.
Todo el primer tramo, donde los traumas individuales de los personajes se ven sacudidos por la injerencia de lo natural y lo sobrenatural en sus vidas cotidianas, me parece lo mejor del film. El debate de creencias y, sobre todo, la instalación del miedo como algo concreto y absoluto, está muy bien logrado y resuelto. Los anodinos (y al mismo tiempo, preciosos) instantes que van construyendo esa relación filial, tan común y tan única, hacen que la sombra de la ausencia pese emocionalmente con la leve hondura de una mortaja, incomodando con un dolor que no se puede explicar en palabras, porque no existen las palabras que permitan definir lo insondable de ese abismo.
Ahora bien (o mal), cuando lo sobrenatural ya marca el paso definitivo del film, la angustia desaparece como elemento catártico del público; y Cementerio de animales deja de meter miedo para empezar a buscar el susto fácil de la platea. Recurriendo a los trucos más remanidos que el cine de género tiene para ofrecer. Al exteriorizar las pesadillas latentes en el corazón de los protagonistas, el film pasa a ser pura impostura, un juego de máscaras anticlimático que prescinde de la emoción. Donde antes había un cuerpo vivo y en evolución constante, ahora queda un cadáver rígido y en proceso de descomposición. Una película muerta, justo en una película que debería transitar la línea que une y separa la vida de la muerte.
Si, como pareciera plantear el film, a veces es mejor dejar las cosas donde están, entonces no vendría mal aprender a dejar los libros en los estantes de las bibliotecas.