Slow
Horses (Temporada 6, episodios 1-6).
Director: Adam
Randall. Protagonistas:
Gary
Oldman, Kristin Scott Thomas, Jack Lowden, Hugo Weaving, Saskia
Reeves, Christopher Chung, Aimee-Ffion Edwards, Rosalind Eleazar,
Joanna Scanlan, Samuel West, Ruth Bradley, Tom Brooke, MyAnna Buring,
Harry Lloyd y Lenny Rush. Participación especial de Jonathan Pryce.
Guionistas:
Mick Herron, Gaby Chiappe, Maisie Parker, Ed Docx, Sophie Goodhart,
Mark Denton, Jonny Stockwood. Basado
en
las novelas En el país de los espías (Joe Country, 2020) y La Casa
de la Ciénaga (Slough House, 2021), sexta y séptima entregas de la
saga escrita por Mick Herron.
Tema
principal: Strange Game, co-escrito e interpretado por Mick Jagger.
See-Saw Films. Reino Unido,
2026.
Estreno en la Argentina: Disponible
en Apple TV desde el 16
de septiembre de 2026. Estrena
un capítulo por semana.
No
había visto las cinco temporadas anteriores de Slow Horses, pero
después de ver la sexta me dieron unas ganas tremendas de entrarle
en modo maratón. Sin muchos rodeos, la serie misma se encarga de
explicar lo necesario para entender y disfrutar de este juego de
espías cínico, traicionero y letal. Es cierto que para los
espectadores veteranos hay un par de sorpresas (regresos y
despedidas) que se tramitarán de otra manera emocional, pero los
novatos (como yo) saldrán con la panza llena y el corazón contento.
¿Quiénes
son los Slow Horses del título? Pues los agentes secretos del MI5
que la cagaron en alguna misión y, por eso, han sido “deportados”
a una oficina miserable, sucia y ruin, en algún lugar de Londres.
Como si ese fuera poco castigo, están bajo las órdenes de Jackson
Lamb (Gary Oldman), jefe despótico, maltratador, borrachín
empedernido, enemistado con la higiene y afecto a eructar y tirarse
pedos delante de sus subalternos.
También
es muy inteligente. Tanto como para darse cuenta de que las muertes
accidentales de dos Slow Horses nada tienen de accidental. Y que el
problema burocrático que los afecta está íntimamente relacionado
con la decadencia institucional y las luchas intestinas por el
control de la Agencia de Seguridad. O del presupuesto específico que
manejan. También aparecen algunos ajustes de cuenta con el pasado de
los protagonistas, porque tan importante como la trama policial en
sí, resulta el desarrollo psicológico de los personajes, facetados
con perfiles filosos como cuchillos y sórdido humor negro.
Fiel
a la tradición británica del género de espías, la escala de la
acción física se aleja del heroísmo altruista yanqui y la descarga
brutal de adrenalina, para abrazar el pesimismo melancólico y una
violencia profesional, tan rápida como sucia, tan cerebral como
efectiva. Manda la ambigüedad moral y un tono general bien sombrío,
características de un ecosistema que privilegia la duda y la
confusión. Acá no hay buenos y malos, salvadores y salvados,
vencedores y vencidos. Sólo hay intereses en pugna. Y
sobrevivientes. O animales heridos que quieren seguir vivos hasta la
próxima temporada, que ya está terminada. Así que sólo queda
esperar, sin bajar nunca la guardia.
Fernando
Ariel García

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