Clayface.
Director:
James
Watkins.
Protagonistas: Tom
Rhys Harries (Matt Hagen / Clayface), Naomi Ackie (Dra. Caitlyn
Corr), Max Minghella (John Borrelli), David Dencik (Markos Szabo),
Joshua James (Corey Bowery), Eddie Marsan (Frank Fitzpatrick), Joana
Ribeiro (Mia Torrez), Nancy Carroll (Hildie Love) y Rob Brydon (Vic
Chissler), entre otros. Guionistas:
Mike
Flanagan y Hossein Amini, sobre una historia de Flanagan. Basado en
personajes y situaciones creados por Bill Finger, Bob Kane, Jerry
Robinson, Sheldon Moldoff, Marv Wolfman y Michael Reeves para los
cómics y los dibujos animados de Batman, producidos por DC Comics y
Warner Bros. Productores: Matt Reeves, James Gunn, Peter Safran, Lynn
Harris. DC Studios / 6th & Idaho / Troll Court Entertainment /
The Safran Company. EE.UU.,
2026. Estreno en la Argentina: 22
de octubre de 2026.
De
acuerdo con el manual del género conocido como Terror Corporal o
Body Horror, Clayface logra el cometido de generar asco, repulsión
visceral, mucha incomodidad física y angustia psicológica. Queda
claro que el cuerpo humano es el auténtico artefacto monstruoso
puesto en marcha por esta ficción, que entiende y expresa la pérdida
del control sobre nuestro organismo no sólo como la traición más
cruel que pueda sufrir la propia identidad, sino como el elemento
narrativo principal desde donde sostener la exploración del dolor,
la pérdida, el (auto)rechazo y la vulnerabilidad.
Visualmente,
las violencias brutalmente ejercidas sobre los cuerpos, las
transformaciones extremas y desbocadas, la desfiguración grotesca
como sinónimo de degradación humana, están puestas dónde y cómo
tienen que estar puestas para construir el clima exacto de
perturbación que busca y alcanza. En el camino, aprovecha para tomar
nota sobre la salud mental, la vanidad, la obsesión, los estándares
de belleza, la sobrevaloración de la apariencia, los límites
morales de la ciencia y la corrupción policial.
Pero
(siempre hay uno, no?), con todo lo bueno que James Watkins consiguió
en el terror gótico (¿vieron La dama de negro?), me queda claro que
no es David Cronenberg. Por eso, todo lo que acabo de enumerar en los
dos párrafos anteriores, nunca llegó a traspasar mi epidermis de
espectador (muy) interesado. Debajo de tanta parafernalia retórica
(y una edición milimétricamente perfecta, hay que decirlo), sólo
encontré una típica historia de venganza, un thriller romanticón
que mezcla, de manera poco uniforme, La Bella y la Bestia, Pandillas
de Nueva York y La sustancia.
Vuelvo
a agradecer el cambio de registro entre proyecto y proyecto del nuevo universo cinematográfico de DC, aunque los resultados no siempre
acompañen. Aquí, donde más fallan (a mi entender) es en la figura
de Clayface, una fusión de las dos primeras versiones del
archienemigo de Batman en los cómics. Incapacitado para generar
empatía, la carga trágica alcanzada en el mítico episodio doble de
Batman: La serie animada, que el propio film cita como influencia
decisiva, no llega a construirse ni a comunicarse. Este Clayface
puede ser un grito desesperado en la noche de Ciudad Gótica, pero
nunca llegará a sintetizar el drama existencial de la pérdida del
yo en un puñado de arcilla. Seguirá siendo sólo barro nomás.
Fernando
Ariel García
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