miércoles, 14 de agosto de 2013

CAUSAS Y CONSECUENCIAS: LOS HIJOS DE LA REVOLUCIÓN

Causas y consecuencias. Director: Robert Redford. Protagonistas: Robert Redford, Shea LaBeouf, Susan Sarandon, Julie Christie, Nick Nolte, Sam Elliott, Chris Cooper, Brendan Gleeson, Terrence Howard, Richard Jenkins y Stanley Tucci, entre otros. Guionista: Lem Dobbs, en base al libro The Company You Keep de Neil Gordon. Voltage Pictures / Wildwood Enterprises / Brightlight Pictures / Kingsgate Films. EE.UU., 2012. 

¿El fin justifica los medios? ¿Tener la razón de nuestra parte legitima cualquier tipo de intervención sobre la realidad? ¿O, por el contrario, nos impone el respeto a límites mucho más estrictos e inquebrantables? ¿Se puede responder con ilegalidad y violencia a la ilegalidad y la violencia? ¿Se debe responder con ilegalidad y violencia a la ilegalidad y la violencia? En su regreso a las pantallas, delante y detrás de cámaras, Robert Redford se anima a exponer, replantear, inquirir, una seguidilla de preguntas difíciles de responder, porque en su íntima naturaleza (que no es otra que la íntima naturaleza humana) descansan infinitas respuestas posibles. Y todas ellas igual de valederas.


Causas y consecuencias (The Company You Keep, 2012) se ve y se siente como un thriller político de los ’70, principalmente porque tiene que ver con los ’70. O, mejor dicho, tiene que ver con el eco contemporáneo de las turbulencias políticas de los ’70; con los costos que hoy deben afrontar aquellos radicalizados activistas subversivos, sobre todo en la vida cotidiana de y con sus hijos. Un dato no menor, porque ningún hijo debería pagar las facturas pendientes de sus padres. Esta convicción es la que parece sustentar las decisiones actuales de las viejas facciones en pugna, interpretadas por un dream team encabezado por el propio Redford, Susan Sarandon, Julie Christie, el enorme Nick Nolte, Sam Elliott, Brendan Gleeson y Shea LaBeouf, joven y ambicioso periodista responsable de poner en marcha una cacería con final sensible e imaginable.


Reflexión de la acción colectiva a partir de las tamizadas experiencias personales, el filme toma partido aunque no emite juicios definitivos sobre ninguna postura, ya que aparece replanteandoselas de manera pemanente y perpetua. Reaccionaria por momentos, revolucionaria por otros. Reaccionaria y revolucionaria, a la vez, en contadas ocasiones, Causas y consecuencias explora las zonas grises que surgen de todos los balances personales, vengan de la extrema izquierda o del útero del FBI. Hecha una mirada, compleja e interesante por su multiplicidad simultánea, sobre las treguas y los pactos que las coyunturas terminan imponiendo sobre las personas, planteando el peligro inherente a la evaluación del ayer según los parámetros del hoy, la ¿conveniencia? de intentar juzgar el pasado con los valores del presente.


Cuestionadora de la ética (y no sólo de la periodística, también de la militante, la gubernamental, la corporativa, la política, la empresarial y la ciudadana), la película busca desmenuzar la distancia existente entre lo dicho y lo hecho, entre las intenciones y los métodos, apelando a cierta nostalgia melancólica para reivindicar el fervor revolucionario mientras condena su (aparente) ingenuidad, dando por sentado que hubiera sido posible actuar de manera distinta a la que se actuó, aún bajo las mismas circunstancias. Honesta en su planteo, pone en tela de juicio los ideales y la implicancia moral de los actos y sus consecuencias, directas e indirectas, para preguntarse qué ha hecho el paso del tiempo con todo ese material. Entendiendo que, en este mundo actual regido por el más salvaje sálvese quien pueda, nadie se salva.
Fenando Ariel García

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