lunes, 27 de septiembre de 2021

LA VAMPIRA DE BARCELONA: TERRORES PASADOS, HORRORES PRESENTES

La vampira de Barcelona. Director: Lluís Danés. Protagonistas: Roger Casamajor, Nora Navas, Bruna Cusí, Francesc Orella, Sergi López, Mario Gas, Núria Prims, Pablo Derqui, Anna Alarcón, Alejandra Howard y Albert Pla, entre otros. Guionistas: Lluís Arcarazo y María Jaén, basado en hechos reales. Brutal Media / Filmax / Televisió de Catalunya / TV3. España, 2020.


Barcelona, 1912. La desaparición de una niña en el barrio del Raval pone en vilo a la ciudad. Con el descontento social en escalada, la policía logra resolver el caso en apenas dos semanas. Enriqueta Martí Ripoll, mendiga de día y dama de la sociedad por las noches, es encontrada culpable del secuestro. La investigación posterior saca a la luz una historia tan escabrosa como terrorífica. Enriqueta era, en realidad, una proxeneta de niños para hombres de la clase acomodada catalana. En su casa se encontraron los restos de los chicos que había asesinado de manera brutal, junto con potes de grasa humana, sangre coagulada, cabellos, esqueletos de manos y huesos molidos. Materia prima con la que fabricaba una serie de cremas, pociones, pomadas, ungüentos y mantecas que vendía al público. Las calles, con una ayudita de la prensa sensacionalista, bautizó a la asesina con el escabroso mote de La vampira de Barcelona.


Esta es la historia oficial que el boca a boca generacional reconvirtió en oscuro mito urbano de la Ciudad Condal. Hasta que, hace unos años, algunas voces comenzaron a alzarse entre el ruido, señalando que las cosas podrían no haber sido de la forma en que se contaron. Pusieron en duda la investigación, la calidad de las pruebas y el verdadero rol que jugó Enriqueta en el secuestro y las desapariciones. Echaron luz sobre los poderosos intereses en juego; y al animarse a postular conclusiones divergentes, terminaron haciéndose otras preguntas.


La vampira de Barcelona, el film de Lluís Danés, se inscribe dentro de este movimiento revisionista. Y lo hace con una potencia estética pocas veces vista. Apelando a un barroco blanco y negro que, en escasas ocasiones, muta al color que mejor exprese la carga dramática de los acontecimientos. Y una imaginería visual brillante, que conjuga equilibradamente las características identitarias de una puesta en escena principalmente teatral, pero que sabe capitalizar sus acertadas modulaciones derivadas del cine animado y las sombras chinescas. Un combo explosivo que potencia la carga atmosférica de la trama, los entornos y las siluetas góticas de burdeles y silencios.


Pero más allá de estos méritos formales, la película aprovecha la hibridación de géneros para construir un perfil que incluye y supere al de la asesina serial. Con la figura del periodista Sebastià Comas (un Roger Casamajor de lujo) estancado entre los ecos con que el caso reverbera en su historia personal, La vampira de Barcelona abre el juego tanto al terror como al policial negro, pasando por el thriller psicológico, el costumbrismo y la denuncia social. Porque en realidad lo que Danés monta ante nuestros ojos es el fresco de una moral degradada y degradante, anclada en la marginación, el analfabetismo, la explotación, la violencia contra las mujeres y los abusos infantiles. Vicios privados de una élite que enmascaraba su sordidez tras la fachada burguesa de la modernidad. Delitos públicos que se continúan cometiendo (y cubriendo) con la misma impunidad que hace un siglo. Privilegios de una casta de vampiros que no vive sólo en Barcelona.
Fernando Ariel García

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