martes, 13 de diciembre de 2016

STAR WARS - ROGUE ONE: UNA NUEVA ESPERANZA

Rogue One. Una historia de Star Wars. Director: Gareth Edwards. Protagonistas: Felicity Jones (Jyn Erso), Diego Luna (Cassian Andor), Alan Tudyk (K-2SO), Donnie Yen (Chirrut Îmwe), Wen Jiang (Baze Malbus), Ben Mendelsohn (Director Orson Krennic), Forest Whitaker (Saw Gerrera), Riz Ahmed (Bodhi Rook), Mads Mikkelsen (Galen Erso), Jimmy Smits (Senador Bail Organa), Alistair Petrie (General Draven), Genevieve O'Reilly (Senadora Mon Mothma), Ben Daniels (General Merrick), Spencer Wilding (Darth Vader), James Earl Jones (voz de Darth Vader) y Peter Cushing (Grand Moff Tarkin), entre otros. Guionistas: Chris Weitz, Tony Gilroy, John Knoll, Gary Whitta, basado en personajes y situaciones creados por George Lucas. Lucasfilms. EE.UU., 2016. Estreno en la Argentina: 15 de diciembre de 2016. 

Desde hace mucho ya que Star Wars devino cuestión de fe. No por nada, en algunos rincones de este planeta se la celebra como tal. Un conjunto de creencias, de pautas de comportamiento y de liturgias que hacen de cada una de las nuevas películas que van llegando una ceremonia donde la emoción prima sobre la razón. Después del anodino Episodio VII, Gareth Edwards decidió abrazar el estado de ánimo inicial de la saga y convertir a Rogue One: Una historia de Star Wars (Rogue One. A Star Wars Story, 2016) en un épico canto a la Esperanza.


Esperanza en sus dos acepciones principales. Una, aquella que entronca con el mito cultural en que se ha convertido la licencia. De ahí, se me ocurre, tal nivel de dependencia con el primer filme, hoy conocido como Episodio IV. Planteada como precuela de Una nueva esperanza, este Rogue One sabe sacar provecho de los personajes icónicos (Darth Vader sobre todo, pero no sólo Darth Vader), escamoteándolos lo justo y necesario para que sus pulsiones vitales funcionen más allá de la nostalgia (la inclusión electrónica del fallecido Peter Cushing) y el fanatismo continuista (la incorporación de Saw Guerrera, originado en el dibujo animado The Clone Wars), por poner un par de ejemplos. 


Y dos, la referencia filosófico-religiosa, en donde la esperanza puede ser aprehendida como una virtud, la gracia que provee de certezas al hombre en el momento de pararse frente a la posibilidad de la vida eterna, llenándolo de confianza ciega para aprovechar los medios, naturales y sobrenaturales, que Dios (o la Fuerza) le ponga en su camino ascendente. Sobre todo, al trabajar la idea del martirologio del pueblo frente al Imperio. 


Porque, a diferencia de las anteriores entregas, el protagonismo colectivo de Rogue One recae sobre los hombros de gente ordinaria enfrentada a elementos extraordinarios. Del lado de la Rebelión, esta vez, no hay jedis ni sables láser, sólo seres sufridos, sobrevivientes, habitados por las pérdidas y habituados al sacrificio. Un grupo de descastados con los cojones y la decisión de revertir el curso de la Historia, lanzados en misión suicida a robar los planos de la Estrella de la Muerte que le permitirán a Luke Skywalker hacer estallar el arma genocida sobre el final del Episodio IV


Sabiendo cómo va a terminar todo, el drama shakesperano de Rogue One viene dado por el destino que le espera a los nuevos personajes, huérfanos de futuro conocido de antemano y por ello, unidos empáticamente a la incerteza del espectador: Los británicos Felicity Jones y Riz Ahmed, el mexicano Diego Luna, el estadounidense Alan Tudyk, el hongkonés Donnie Yen, el chino Wen Jiang y el dinamarqués Mads Mikkelsen, expresión de una multiculturalidad que Star Wars siempre predicó en sus contenidos pero nunca había ejemplificado desde el casting. 


El juego de espejos entre las películas de 1977 y 2016 pone a dialogar, también, el pathos traumático de la saga: Las complejas relaciones entre padres e hijos. Y si tomamos por cierto que, para forjar y asumir su propia identidad, el hijo necesita “matar” al padre a fin de devenir una entidad autónoma e independiente, Rogue One consigue (con creces) su cometido. El primer desprendimiento fílmico (hagamos de cuenta que La aventura de los Ewoks nunca existió, por favor), un relato bélico con excluyente protagonismo femenino, triunfa al generar una nueva esperanza para la licencia cinematográfica más admirada y seguida del mundo. Algo más que una buena película. 
Fernando Ariel García 

Links: 
Star Wars Nº 1 (Dark Horse)

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