martes, 26 de junio de 2012

HITLER TENÍA RAZÓN

Logros de la comunicación. Mientras estaba en el poder, Adolf Hitler impuso la idea de que el nazismo era un fenómeno universal y eterno, superador hasta de su figura céntrica y omnipresente. Cuando ya había sido derrotado, los EE.UU. y sus aliados impusieron la idea de que el nazismo había sido un fenómeno local (exclusivamente alemán), acotado en el tiempo y circunscripto al grupo de poder político más grande o más chico. La ideología nazi pasó a ser sinónimo del Holocausto, como si el exterminio programado de judíos (y gitanos y homosexuales y opositores al régimen) hubiera sido el único móvil perseguido por el Tercer Reich y los enfermos que aún hoy marcan el paso de ganso, se rapan el pelo y se tatúan la esvástica.
 

La imagen del Hitler megalómano también se terminó de construir en la posguerra. Siempre es más conveniente concentrar el mal en un sólo punto, no tener que andar dando explicaciones de procesos, actores e intereses económicos, políticos y sociales que le sirven de andamiaje a la cara visible que servirá a sus propósitos. Quedarse en la atrocidad de las formas antes que en la impiedad estructural de fondo. Separar las elecciones estéticas de las posiciones éticas comunes a cada decisión tomada. A esta idea le es funcional la historia del Hitler artista frustrado, porque permite entrever que, de haber sido distinta su historia personal, otra hubiera sido la Historia del mundo. Muerto el perro, ¿se habría acabado la rabia?
Esta capacidad especulativa es la base característica de la ucronía como género narrativo. Manipulando algunos hechos puntuales, el resto del discurso histórico empieza a divergir del conocido y uno puede imaginar cómo hubieran sido las cosas si, en lugar de A, hubiera ocurrido B. Por ejemplo, ¿qué habría sido del nazismo si Hitler hubiera seguido su vocación artística? Una posible respuesta se encuentra en la abrumadora carga profética que Carlos Trillo y Domingo Mandrafina concentraron en las (relativamente) pocas páginas de Peter Kampf lo sabía, obra maestra absoluta que el tándem creativo firmó en 1987 y publicó por entregas en Fierro un año después. Si son de quienes no la leyeron en su momento, no se hagan problemas, la edición 2011 de ojodepez! deja bien en claro que esta historieta sigue tan vigente ahora como hace casi un cuarto de siglo, interpelando con inteligencia y creatividad a la naturaleza dependiente entre los medios masivos de comunicación y los centros de poder concentrados.


Peter Kampf lo sabía parte de una explícita premisa nazi: La gestión de masas mediante imágenes. El Tercer Reich sostenía que la sociedad de consumo era el eslabón imprescindible para la reproducción continua y sistemática del orden establecido. En ese marco, la ciencia de la comunicación y las prácticas publicitarias debían convertirse en el vehículo que hiciera de la masa humana del pueblo la materia prima (tanto física como simbólica) necesaria para que el Conductor pudiera dar forma a su obra artística, el Estado. Y en vez de operar sobre la pintura, la fotografía, el cine y la arquitectura, como sí lo hizo el nazismo, Trillo y Mandrafina decidieron canalizar esa energía en los macartistas EE.UU. de los ’50, a través del creciente poderío de los mass media en general y de las historietas para la prensa en particular, elaborando en el camino una profunda reflexión hipertextual sobre la responsabilidad del arte (y de las industrias culturales en su conjunto) a la hora de construir e instalar una sensación de realidad mediante los mecanismos de la ficción.


Peter Kampf lo sabía se publicó, originariamente, por entregas en la revista Fierro


Articulada bajo una estructura policial, Peter Kampf lo sabía (título que juega con las fonéticas del serial de radio argentino Peter Fox lo sabía, de los años ’50; y el Mein Kampf hitleriano) construye un universo retrofuturista que, obviamente, habla del presente. De unos EE.UU. totalitarios y racistas, que ven en John Wayne al candidato ideal para llevar adelante la presidencia de un país que haga bandera de la supremacía anglo, algo que Ronald Reagan estaba haciendo por esos días en el mundo que quedaba fuera de las viñetas. Expresión exacerbada de la burocracia kafkiana, este suelo americano paga bien a sus colaboracionistas y no tiene misericordia con los habitantes del patio trasero que han anexado.
Pareciera ser que Hitler, al final tenía razón. El nazismo es un fenómeno eterno y universal, superador hasta de su figura céntrica y omnipresente. Pero el Tercer Reich perdió la guerra; y entonces nadie se fija en la continuidad actual de su ideario no exclusivamente antisemita: El éxito como valor simbólico y real, la valoración de los trabajadores de acuerdo con sus niveles de productividad, una cultura consumista, la invasión de países libres y soberanos apelando a la teoría de la guerra preventiva… Aunque, ¿a qué mente enferma se le ocurriría pensar que, en sus propias entrañas, el capitalismo alberga, sostiene y hasta promueve esas abyectas prácticas nazis?

Fernando Ariel García


Peter Kampf lo sabía. Guión: Carlos Trillo. Dibujos: Domingo Mandrafina. Portada: Domingo Mandrafina, 64 páginas en blanco y negro. ojodepez! ISBN: 978-987-23518-1-6. Argentina, septiembre de 2011.

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