jueves, 1 de octubre de 2026

DIGGER: CREER Y REVENTAR

Digger. Director: Alejandro G. Iñárritu. Protagonistas: Tom Cruise, Riz Ahmed, John Goodman, Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg, Jesse Plemons, Robert John Burke, Emma D'Arcy y Burn Gorman, entre otros. Guionistas: Alejandro G. Iñárritu, Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone, Sabina Berman. Sobre una historia original de Sabina Berman, Alejandro G. Iñárritu y Jez Butterworth. Legendary Pictures. EE.UU. / Reino Unido / México, 2026. Estreno en la Argentina: 1º de octubre de 2026.


Capitalismo salvaje, cambio climático e inoperancia (cuando no connivencia) gubernamental. Las tres patas en las que se apoyan Alejandro G. Iñárritu y un oscarizable Tom Cruise en Digger, la sátira política con toques de ciencia-ficción que, en más de una ocasión, entabla jugosos diálogos con el siempre vigente Dr. Insólito de Kubrick. Principalmente, porque tanto acá como allí, de lo que se habla, en realidad, es de cómo se distribuyen tres de los componentes básicos de la condición humana: Codicia, Poder y Responsabilidad.


Digger Rockwell es un magnate petrolero, pero podría ser un magnate tecnológico o de cualquier otro rubro omnipresente en el mundo cotidiano. Tan seductor como desquiciado, tan revulsivo como egocéntrico, tan megalómano como desinteresado del destino del resto de la humanidad. Amigo, confidente y cómplice del desequilibrado Presidente de los EE.UU. (brillante John Goodman, dicho sea de paso), que podría ser el desequilibrado Presidente de cualquier otro país fascinado con el recorte de derechos civiles y la redistribución de ingresos desde los sectores populares hacia las grandes fortunas concentradas.


El tema es que, de la noche a la mañana, Digger se ha vuelto la única persona en el mundo que puede evitar la destrucción de la Tierra. Una destrucción que, por supuesto, él mismo se ha encargado de ir construyendo de manera metódica, constante y brutalmente efectiva. Edificando una comedia negra, que también amerita verse como tragedia grotesca, la película retrata la explosión de una catástrofe incalculable y absurda, apocalíptica por sus proporciones globales y temporales. El fin de la humanidad tal como la conocemos, sin ir más lejos y sin escaparle a las contradicciones.


Estilizada, barroca y excesiva, como buena obra de G. Iñárritu, Digger se regodea en una historia compleja (no confundir con difícil o hermética) y visualmente deslumbrante. Sacando chapa de artificiosidad manierista, elabora un descomunal ejercicio metanarrativo sobre la instalación de narrativas políticas transmedia por parte de los poderes hegemónicos. Mediante un artefacto de ficción, desnuda el nuevo logro de esta vieja estrategia comunicacional que organiza hechos, valores, actores y conflictos para persuadir a la ciudadanía e instalar una interpretación interesada de la realidad. Al manejar hasta las válvulas de escape, ya no se trata sólo de creer o reventar, ahora es creer y reventar. Lo estamos viendo (viviendo) fuera de la pantalla.
Fernando Ariel García

No hay comentarios:

Publicar un comentario