Tres
adioses.
Directora:
Isabel
Coixet.
Protagonistas: Alba
Rohrwacher, Elio Germano, Sarita Choudhury, Silvia D’Amico, Lorenzo
Terenzi, Galatéa Bellugi, Francesco Carril, Sofia D’Elia, Aisha
Meki, Vera Gemma.
Guionistas:
Enrico
Audenino, Isabel Coixet. Basado
en el libro Tres cuencos (Tre ciotole, 2023), de Michela Murgia. Cattleya
/ Ruvido Produzioni / Bartlebyfilm / Vision Distribution / Sky
Italia. Italia / España, 2025. Estreno
en la Argentina: 17
de septiembre
de 2026.
¿Qué
pasa cuando pasa el amor? De manera imperceptible y cada vez más
molesta, la rutina va reconfigurando los pequeños rituales que
unían, daban sentido y llenaban de felicidad a cada una de las
partes de la pareja. La cena pasa a ser comida; la intimidad, una
cama fría y enorme; las calles que caminaban de la mano, un
territorio de nadie minado de recuerdos; los tiempos juntos, pesados
tiempos muertos. Despedirse de la cotidianeidad que llevábamos puede ser
complicado, pero quedarse detenido en aquello que nos lastima es algo
peor. Una decisión que se vuelve imponderable y que, en algún
momento, habrá que tomar. Más vale tarde que nunca.
¿Qué
le pasa a una persona con miedo a la vida cuando se entera que se va
a morir? Al conocer la fecha de caducidad que todos portamos desde el
nacimiento, sobreviene la angustia, la bronca, el desencanto, los
miedos, el llanto, las preguntas. La conciencia sobre los deseos que
quedarán en el tintero, las memorias que nunca llegaremos a
construir, los vínculos que seguirán más allá de nosotros, sin
nosotros. Despedirnos de nosotros mismos es algo traumático y
devastador, pero quedarnos detenidos a esperar que la muerte llame a
nuestra puerta, es la renuncia al bienestar que late en el tiempo que
nos queda. Una decisión que se vuelve imponderable y que, en algún
momento, habrá que tomar. Más vale tarde que nunca.
¿Qué
nos pasa cuando debemos empezar a reinventarnos? Superar el quiebre
que nos lleve de la destrucción a la reconstrucción es una especie
de exorcismo en el que aprendemos a cambiar la piel sin modificar la
esencia. Tomar un camino que nos reconcilie con el pasado o nos
empuje hacia el futuro. O que alcance ambos proyectos a la vez. Un
mapa que vamos dibujando mientras lo transitamos. Viejos y nuevos
puntos de anclaje, amigos, entornos, costumbres, ocupaciones,
devaneos. Despedir aquello que conocimos es adentrarnos en la
incertidumbre para recibir lo desconocido. Una decisión que se
vuelve imponderable y que, en algún momento, habrá que tomar. Más
vale tarde que nunca.
Tres
instancias determinantes. Tres puntos y aparte que Isabel Coixet hace
coincidir en Tres adioses (Tre ciotole), circunvalando la complicada
psicología humana mientras atraviesa las calles y la gastronomía de
una Roma bellísima y alejada de la postal turística. Tres adioses
que, en realidad, son tres cuencos (los tre ciotole del título
original de la película y del libro de cuentos de Michela Murgia que
toma de base) que obtiene la protagonista al principio del film, en
una de las escenas (aparentemente) más intrascendentes y banales del
metraje. Tres
cuencos que, tratados como una mamushka que se expande y se repliega
sobre sí misma, simbolizan a la perfección la naturaleza
identitaria del relato. El arte de la despedida, o la elección de abandonar nuestra zona de
confort para animarnos a transitar aquello que nos nutre y nos
lacera. Característica tremenda y hermosa de la vida (y la película)
que, en algún momento, tendremos que aceptar. Más vale tarde que
nunca.
Fernando
Ariel García
