miércoles, 12 de agosto de 2026

LE TANGO DU DISPARU: QUEJAS DE BANDONEÓN

Le tango du disparu. Guion: Pierre Christin. Dibujos y portada: Annie Goetzinger. Flammarion. Francia, diciembre de 1998.


El tango, Perón y los Desaparecidos. Desde que supe que el maestro Pierre Christin, guionista de Partida de caza entre tantas otras glorias, había escrito una historieta sobre estos tres tópicos argentinos, me puse en campaña para conseguirla. Años después, al enterarme de que la parte gráfica había recaído en Annie Goetzinger, mis ganas se multiplicaron. Y hace un par de días, cuando Le tango du disparu recaló providencialmente en mis manos, lo único que pude hacer fue devorármelo de un tirón.


Borgeana historia cíclica de amor y tragedia, la novela gráfica va entrelazando los destinos de Enrique Practánico, bandoneonista rosarino y peronista; y Armando Bähler, militar de abolengo y furioso antiperonista. Entre los dos, alternando camas y promesas de amor eterno, Elba Eva Lapuente disparará el drama clasista que late entre su segundo nombre y su aristocrático presente, entre el pueblo trabajador y los terratenientes represores, entre el bandoneón marca doble A (el mejor de todos) y la organización paramilitar de ultraderecha Triple A. Estigma rabioso que, aun sin quererlo, transmitirá a su oculto hijo de dos padres, que terminará pariendo en silencio y a escondidas.


Entre los años ‘50 y fines de los ‘90, con una parada decisiva en la última Dictadura militar, las páginas van enhebrando los cambios políticos, sociales y culturales que fundaron la pasión popular por Evita; el bombardeo a Plaza de Mayo, los golpes de Estado contra Perón, Frondizi, Illia y Perón, el programado plan de exterminio, los festejos del Jockey Club, Montoneros y los vuelos de la muerte. El tango configura el oprobio y la vida, el sexo y la sangre derramada. Un corte, una quebrada y estamos en la esquina arrabalera que oficia de frontera entre el campo y la ciudad, entre el pasado desdeñado (oligarca y cruel) y el futuro anhelado (diáfano y peronista). Cruzando las piernas para dibujar un ocho imaginario sobre el piso de baldosas, los bailarines trazan el infinito camino que mezcla una población con acceso a educación, salud y derechos socio-laborales, con una democracia interrumpida por el asesinato a mansalva, el robo y la entrega organizada.


Abundan los detalles que, como lector argentino, no puedo dejar de reconocer con emoción y dolor arraigado. Las orquestas de Maffia, Laurenz, Troilo, Pugliese y Piazzola. los peinados con Glostora. El Tigre Hotel y el Abasto. Radio El Mundo, Clarín y La Prensa. Caño 14 y el Tibidabo. Las fábricas de Quilmes. Las recovas de Once. El empedrado de Flores. Las callecitas de Palermo Chico y el brillo de la mítica avenida Corrientes. Los colores de La Boca y las sombras de San Telmo. El colectivo 45 y los tacheros que siguen girando. La memoria de los descamisados. La ominosa presencia del Falcon verde. El exilio en Mar Chiquita, los mataderos de Mataderos, el Centro de Detención Albergue Warnes.


La metáfora máxima se desvelará en una pensión de la calle Sarmiento, recámara de descanso y cámara de tortura en donde reside el argentino descendiente de un desaparecido y un desaparecedor. En esa síntesis de la Nación entregada por el menemismo, el hombre en busca de una identidad llorará sus últimas lágrimas de bandoneón, mientras decide hacia dónde rumbeará su futuro. Una decisión que nosotros seguimos habitando.
Fernando Ariel García
En el año de los 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976

No hay comentarios:

Publicar un comentario