El
partido.
Directores: Juan
Cabral
y Santiago
Franco.
Protagonistas: John
Barnes, Jorge Burruchaga, Ricardo Giusti, Gary Lineker, Julio
Olarticoechea, Oscar Ruggeri, Peter Shilton, Jorge Valdano.
Narradores: Gary Lineker y Jorge Valdano. Guionistas:
Juan
Cabral y Santiago Franco, con la colaboración de Lucas Coppolecchia
Damiani y Sebastián Fasanelli. Basado en el libro El partido (2016),
de Andrés Burgo. Archivo e investigación: Andrés Levinson.
Industria del Milagro / Labhouse / Blurr Stories. Argentina
/ España,
2026. Estreno en la Argentina: 21
de mayo de 2026.
Si
viste este documental antes del 15 de julio pasado, tratá de mirarlo
de vuelta. Yo lo hice y, la verdad, me parecieron dos películas
distintas e igual de excepcionales. La diferencia vino dada, claro,
por la perspectiva acumulada sobre el Argentina-Inglaterra de 1986,
después del Argentina-Inglaterra de 2026. Cuarenta años de una
continuidad pasmosa e inevitable, que El partido entabla (aunque no
lo hubiera querido) entre el genio de Maradona y el genio de Messi,
impulsados por el fantasma de Rattín. El fútbol elevado a la
categoría de arte y el arte elevado a la categoría de fútbol. Y el
Estadio Azteca y el Atlanta Stadium transformados en teatro de
operaciones (simbólico y real) de la última batalla de la Guerra de
Malvinas.
Porque
está claro que Argentina-Inglaterra nunca fue (y nunca lo será)
sólo un partido de fútbol. No importa lo que digan Bilardo y
Maradona en el ‘86, no importa lo que diga Scaloni en el 2026. Para
nosotros fue (y siempre lo seguirá siendo) un acto de reivindicación
soberana, de reafirmación de nuestra Memoria. Un soplo de Justicia
divina, impartida por el D10S y el Messías argentos, aunque nuestros
muertos no vuelvan y las islas sigan estando ilegalmente ocupadas.
En
sólo 91 minutos (la misma duración que tuvo el partido del ‘86),
la película analiza y desagrega el antes, el durante y el después
de la Mano de Dios y el mejor gol de la historia del fútbol. Arranca
en el remoto 1873, con el navegante inglés John Byron robando las
Malvinas para la Corona Británica; y llega hasta el presente, donde
ocho de los jugadores que estuvieron en el Azteca echan una revisión
social, histórica, política y deportiva sobre los hechos acaecidos
en esa mítica tarde mexicana del 22 de junio de 1986, con los ecos
de la guerra todavía sangrando en los corazones.
Y
lo que queda claro (por si alguien tenía alguna duda) es que ambos
partidos los ganamos como los teníamos que ganar: Un 2 a 1
alcanzados con huevos y con fútbol, con el Barrilete Cósmico
armando un lío bárbaro entre los ingleses antes del segundo; y una
gambeta maradoniana de Lionel que merecía haber terminado en gol.
Con pierna fuerte, los pies en el barro y la frente siempre en alto.
Con espíritu rebelde e insumiso, tocándole el culo a los poderosos
que hundieron el Belgrano y a sus súbditos miserables, que acordaron
prohibir el ingreso a las canchas con banderas, camisetas o consignas
que afirmaran nuestra soberanía sobre las Malvinas.
Porque
no se trata (nunca se trató) de deportistas argentinos venciendo a
deportistas ingleses, de ciudadanos argentinos venciendo a ciudadanos
ingleses, de la cultura argentina venciendo a la cultura inglesa.
Siempre se trató del enfrentamiento entre valores definidos y
representados con meridiana claridad por el cantito más famoso de la
cancha. El triunfo de los que saltan, embanderados en las alas
prodigiosas del Diego y el Toro. La derrota de los que no saltan,
escondidos bajo las faldas de la Thatcher que manda o el pañal
cagado del Thatcher que obedece.
Fernando
Ariel García



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