lunes, 23 de enero de 2023

ARGENTINA, 1985: ACUERDOS BÁSICOS PARA CONSTRUIR FUTURO

Argentina, 1985. Director: Santiago Mitre. Protagonistas: Ricardo Darín (Julio Strassera), Peter Lanzani (Luis Moreno Ocampo), Alejandra Flechner (Silvia Strassera), Gina Mastronicola (Verónica Strassera), Santiago Armas Estevarena (Javier Strassera), Norman Briski (Ruso), Laura Paredes (Adriana Calvo), Susana Pampín (Magda), Claudio da Passano (Somi), Héctor Díaz (Basile), Gabriel Fernández (Bruzzo); Carlos Portaluppi, Alejo García Pintos, Mariano Speratti, Pablo Caramelo, Pablo Moseinco y Walter Jakob (jueces); Almudena González (Judith König), Antonia Bengoechea (María Eugenia), Félix Santamaría (Maco Somigliana), Santiago Rovito (Eduardo), Manuel Caponi (Lucas Palacios), Leyla Bechara (Isabel), Brian Sichel (Federico Corrales), Paula Ransenberg (Susana), Guillermo Jacubowicz (Hormiga), Marcelo Pozzi (Jorge Rafael Videla), Joselo Bella (Emilio Eduardo Massera), Jorge Gregorio (Orlando Ramón Agosti), Sergio Sánchez (Jorge Isaac Anaya), Marcelo López (Basilio Lami Dozo), Jorge Luis Couto (Omar Graffigna), Carlos Ihler (Leopoldo Fortunato Galtieri), Héctor Balcone (Roberto Eduardo Viola), Jorge Varas (Armando Lambruschini), Nacho Miguens (Ítalo Argentino Luder), Fernando Contigiani (Pablo Díaz), Pepe Arias (Bernardo Neustadt), Adrián Mampel (voz de Raúl Alfonsín). Locución: Ariel Tarico. Guionistas: Santiago Mitre y Mariano Llinás, con la colaboración de Martín Mauregui. Basado en hechos reales. Investigación: Martín Rodríguez y Federico Scigliano. Productores: Axel Kuschevatzky, Federico Posternak, Agustina Llambí Campbell, Ricardo Darín, Santiago Mitre, Santiago Carabante, Chino Darín, Victoria Alonso. Amazon Studios / La unión de los ríos / Kenya Films / Infinity Hill. Argentina, 2022. Estreno en la Argentina: 29 de septiembre de 2022. Disponible en Amazon Prime Video desde el 21 de octubre de 2022.


Nací en el ’65, con Kennedy muerto y enterrado. Y cumplí 20 años en medio de los ardientes días de abril a diciembre de 1985, cuando en la Argentina se llevó a cabo el histórico Juicio a las Juntas. Histórico, entre otras cosas, por ser la primera vez, en la historia de la humanidad, que la Justicia civil sentaba en el banquillo de los acusados a los máximos responsables de una dictadura militar, cuando todavía tenían poder y poder de fuego. Por ponerle el cuerpo a esa iniciativa, el mandato más importante que encargaba el pueblo argentino a la recuperada democracia, el radical Raúl Alfonsín había ganado las elecciones de 1983. Y por comprometerse a convalidar la Ley de Autoamnistía dictada por la Dictadura, el candidato peronista Ítalo Argentino Luder las había perdido.


Tengo emociones y sensaciones muy vívidas del Mundial ’78, de la Guerra de Malvinas y del proceso de apertura democrática que se abrió después de 1982, aunque mis recuerdos de la última dictadura están conformados, en su mayoría, por lecturas y relecturas, historias y comentarios a los que fui accediendo con el tiempo. Pero me acuerdo muy bien de los meses del Juicio, de los nervios y la excitación; del compromiso cívico, el coraje de las Madres y las Abuelas, el trabajo a destajo de la Conadep; la decisión de un país y la inestabilidad de un Gobierno que asomaba la cabeza de la Libertad en un tablero continental dominado por dictaduras genocidas. El miedo de que todo se fuera, otra vez, a la mierda. La esperanza puesta en ese cuerpo de fiscales y jueces, capaces de encarnar el trascendental momento histórico que nos tocaba protagonizar.


Lo más impresionante de una película tan impresionante como Argentina, 1985, al menos para mí, es la capacidad para captar la complejidad de ese vertiginoso entramado y reconvertirlo en sensible material cinematográfico. Sin caer en golpes bajos, escapándole a la retórica militante y a la distancia documentalista, la película de Santiago Mitre va enhebrando el drama histórico con el registro cotidiano e intimista, el thriller policial con el cine de juicios, la comedia de enredos con el retrato costumbrista. Contando con actuaciones excepcionales y una admirable reconstrucción de época, dosifica la emoción para que podamos estallar en ese desahogo final tan silencioso como estentóreo.


Tuve la suerte de ver la película en cine, sentado al lado de mi esposa y nuestra hija de 14 años, que llegó a la butaca atraída por la presencia de Peter Lanzani y salió de la sala preguntando cómo podía haber pasado aquello que pasó en la Argentina. Y agradezco la posibilidad de haber transitado esta experiencia de la misma manera en que transitamos esos ardientes días de 1985. Llorando, riendo, gritando, aplaudiendo. Acompañado y contenido, acompañando y conteniendo. Reconociéndome en el otro y siendo reconocido por el otro. En comunidad con mis pares. Celebrando de la única manera válida, como partes indisolubles de un colectivo capaz de construir futuro desde algunos acuerdos básicos, sin renunciar a las diferencias que nos enriquecen. Como personas y como país.
Fernando Ariel García

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