viernes, 6 de marzo de 2026

BE NOT AFRAID: PARÁBOLA SOBRE LA SUERTE FUTURA DE LOS MALVADOS Y LOS JUSTOS

Be Not Afraid Nº 1-6. Guionista: Jude Ellison S. Doyle. Dibujante: Lisandro Estherren. Colorista: Francesco Segala, con la asistencia de Gloria Martinelli. Letrista: Simon Bowland. Portadistas: Reiko Murakami (regular y alternativa), Abigail Jill Harding, Ariel Olivetti, Javier Pulido, Jae Lee y June Chung, Tyler Boss, Jenna Cha, Becca Carey, Megan Hutchison, Jules Mamone, Ariela Kristantina, Miguel Mercado, Zu Orzu, Evangeline Gallagher, Alex Eckman-Lawn (alternativas). Editores: Allyson Gronowitz, Elizabeth Brei, Caroline Butler, Kwanza Osajyefo. Boom Studios! EE.UU., junio de 2025 a febrero de 2026.


Gótico sureño. Así se suele definir al género literario surgido en el sur de los EE.UU. entre finales del siglo XIX y principios del XX. Sigue la tradición del terror gótico, por supuesto, con la elección de un naturalismo decadente, oscuro y depresivo como materia prima. Y la íntima conjunción entre la raíz sobrenatural de los hechos y el escenario de una sociedad violenta, racista, represora y paternalista. Caldo de cultivo ideal para que la fe desborde en relaciones tóxicas y enfermizas, definidas por la angustia y la soledad.


Abrazando estos parámetros, Jude Ellison S. Doyle y Lisandro Estherren nos llevan de viaje hasta el imaginario pueblo estadounidense de Enoch. Nombre que remite a una figura bíblica antediluviana, tataranieto de Adán y bisabuelo de Noé, famoso por ascender al cielo sin cumplimentar el obligado paso previo de la muerte. A él se le atribuye, también, un evangelio apócrifo dedicado a los ángeles caídos, las visiones celestiales y el inevitable juicio final.


De más está decir que la miniserie Be Not Afraid funciona (y muy bien) como una profunda relectura de ese apócrifo evangelio, estableciendo al (no tan) idílico terruño como laboratorio místico de un experimento cruel y desalmado. La operación descarnada de un Dios impiadoso sobre su rebaño indefenso. El campo donde el Padre se encargó de sembrar el pecado para que sus hijos cosechen la culpa. Y el lugar en donde (de alguna manera) deberá resolverse el duelo definitivo entre aquel que tiene la consciencia del abismo y quien carga la percepción del vacío existencial.


Tamaña tarea nunca podría haber llegado a buen puerto sin el excelso hacer de Estherren, uno de los (para mí) nuevos y más interesantes dibujantes argentinos. Las comparaciones son siempre odiosas e injustas, pero (me) sirven para explicar el punto de vista de manera rápida y fácil. El arte de Estherren amalgama la síntesis expresiva de Alex Toth con la capacidad inmersiva de Alberto Breccia. Suyas son las heridas del miedo que los personajes hacen nuestras, la paciente maldición que habremos de heredar y la desesperación que nos llevará de la mano. El rezo impío que decidirá la suerte futura de los malvados y los justos.
Yo que ustedes, no me la perdería.
Fernando Ariel García

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