miércoles, 22 de abril de 2026

CONCRETE CELEBRATES EARTH DAY: QUÉ BIEN ESTÁBAMOS CUANDO ESTÁBAMOS MAL

Concrete Celebrates Earth Day. Autores: Paul Chadwick, Charles Vess, Moebius, Jed Hotchkiss, Lovern Kindziersky. Bill Spicer. Portadista: Paul Chadwick. Editor: Randy Stradley. Dark Horse Comics. EE.UU., abril de 1990.


Polución medioambiental. Pureza del aire, la tierra y las aguas. Protección de la biodiversidad. Conservación de los recursos naturales. Control de sustancias tóxicas. Eliminación del plomo en la nafta. Regulación de agroquímicos. Disminución del consumo de plástico. Transición hacia energías limpias y renovables. Plantado masivo de árboles. Erradicación de los basurales a cielo abierto. Reducción, reutilización, reciclaje y recuperación de los residuos sólidos urbanos. Moda circular y sostenible. Calentamiento global. Disminución de las emisiones de carbono. Educación ecológica en las escuelas. Cambio de hábitos individuales y colectivos, hogareños y empresariales.


Algunas de las premisas que, desde 1969, los grupos conservacionistas y ecologistas vienen batallando en desigualdad política y económica contra los profetas del capitalismo salvaje. Aún así, de a poco, horadando la piedra como el agua, han logrado instalar el tema en la agenda global, concientizar a gran parte de la población y sancionar leyes específicas, mayoritariamente denominadas “verdes” en referencia al color dominante en la naturaleza. En 1970, uno de los popes publicitarios de Madison Avenue, Julian Koenig, elaboró la síntesis perfecta para esta necesidad de armonía entre el accionar del ser humano y su impacto en el entorno. Lo llamó Día de la Tierra; y la organización no gubernamental que adoptó su nombre estableció el 22 de abril como la fecha indicada para la conmemoración internacional.

Charles Vess

Historietas ecologistas hubo, hay y (por suerte) habrá en abundancia cada vez mayor. Pero, en lo particular, la que más me gusta es Concrete. Creada por el estadounidense Paul Chadwick y publicada a partir de 1986 por Dark Horse, Concrete desarrolla la historia de un hombre atrapado en un indestructible cuerpo de concreto, que lo mantiene sensorialmente aislado del exterior. Y es desde esa obligada carencia que Chadwick comunica la importancia de todo aquello que, como especie, parecemos estar empeñados en arruinar y destruir.


Sumándose a las celebraciones del Día de la Tierra de 1990 (19 años antes de que la ONU adoptara al 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra), Chadwick produjo este sensible y directo Concrete Celebrates Earth Day, dedicado a abordar la mayoría de los tópicos que listé en el primer párrafo. Y lo hizo contando con la extraordinaria colaboración de Charles Vess y Moebius. El primero, ilustrando de manera bella y bucólica unos pensamientos del filósofo Henry David Thoreau. El segundo, regalándonos un metafórico episodio mudo de la saga que terminaría siendo conocida como El mundo de Edena.

Moebius

A casi cuatro décadas de su publicación, el cómic mantiene (lamentablemente) la visceral relevancia de su lectura, urgido sobremanera por los falsos dilemas que ahora mismo esgrimen los distintos gobiernos de ultraderecha, dirigidos por la inagotable avaricia del Mercado. En esas pocas páginas del ayer, Chadwick, Vess y Moebius desarticulan, con contundencia sólida y (chiste obvio) concreta, las actuales falacias discursivas destinadas a deslegitimar la lucha ecologista. Maridando la militancia política con la narrativa secuencial, el cómic denuncia el negacionismo climático, el saqueo extractivista, el desmantelamiento de las regulaciones, la prioridad dada a los combustibles fósiles, el fomento de la cultura consumista, la intervención estadounidense en otros países.


Con tanta agua pasada por debajo del puente, duele (mucho) darse cuenta de lo bien que estábamos cuando estábamos mal, comparado con lo mal que estamos y lo peor que vamos a estar si no frenamos esta locura demencial, en las calles y en las urnas. Un día como hoy, viene bien recordar la frase nacida en el seno de la población indígena norteamericana, reproducida por Concrete en boca de Thoreau: “No heredamos la Tierra de nuestros antepasados, la tomamos prestada de nuestros hijos”.
Fernando Ariel García

miércoles, 15 de abril de 2026

CASO 137: JE SUIS GRILLO

Caso 137. Director: Dominik Moll. Protagonistas: Léa Drucker, Jonathan Turnbull, Mathilde Roehrich, Guslagie Malanda, Stanislas Merhar, Sandra Colombo, Valentin Campagne, Mathilde Riu, Côme Peronnet, Solàn Machado-Graner, Théo Costa-Marini, Théo Navarro-Mussy y Florence Viala, entre otros. Guionistas: Dominik Moll, Gilles Marchand. Haut et Court / France 2 Cinéma. Francia, 2025. Estreno en la Argentina: 16 de abril de 2026.


Uso excesivo o innecesario de la fuerza. Empleo indebido del provisto armamento reglamentario o de armas portadas de manera irregular o clandestina. Abuso de autoridad. Acoso e intimidación físicos y verbales. Detenciones arbitrarias. Incumplimiento de los protocolos de actuación. Violación de los Derechos Humanos. Gatillo fácil. Podría seguir, pero creo que con estos ejemplos alcanza (y sobra) para entender que la violencia policial es un delito. Un crimen que, cuando cuenta con el aval (o la tolerancia) institucional, evidencia el sesgo antidemocrático de un Gobierno autoritario.


Y en este tiempo de renacer ultraderechista, la violencia policial se está transformando en moneda bastante corriente, situación estructural que afecta mayormente a trabajadores, estudiantes, jubilados, inmigrantes y cualquier otro sector movilizado por la protesta social. En el París de diciembre de 2018, como sucede en Caso 137 (Dossier 137), durante la álgida y masiva marcha de los Chalecos Amarillos sobre la Ciudad Luz; o en la Buenos Aires de marzo de 2025, en medio de la brutal represión a los manifestantes frente al Congreso de la Nación.


Los puntos de contacto entre la ficción y la realidad son bastante apabullantes. En la película de Dominik Moll, que unifica distintos hechos ocurridos en Francia entre 2018 y 2020, el joven Guillaume Girard recibe un disparo de bala de goma policial que le fractura la cabeza. En la Argentina libertaria, el fotoperiodista Pablo Grillo fue impactado en la cabeza por un cartucho de gas lacrimógeno, disparado de manera prohibida y letal por un miembro de la Gendarmería. A ambos lados de la pantalla, las víctimas inocentes deberán enfrentar un largo proceso de recuperación, mientras se llevan a cabo las investigaciones de rigor para castigar a los culpables y delimitar las responsabilidades jerárquicas y políticas que correspondan.


Avanzando sobre los postulados éticos y estéticos de Costa-Gavras y Sidney Lumet, Moll firma un riguroso thriller político en su versión administrativa. Atrapante por la articulación narrativa de sus contenidos, deslumbrante por el andamiaje narrativo que despliega sin perder el ritmo y elevando la tensión a pasos firmes y contenidos. Enfocado en la investigación interna de la IGPN, real organismo disciplinario interno de la Policía francesa, permite el lucimiento de Léa Drucker como la agente encargada de dilucidar (y probar) si se trata de un caso de violencia policial.


Cabalgando entre las exigencias externas y las resistencias internas, el film expone la resolución del incidente como un territorio en permanente tensión entre la búsqueda de la verdad (en una época donde la verdad dejó de existir como valor absoluto) y la opaca lealtad entre pares. Poniendo en primer plano las zonas grises que evidencian las reglas procedimentales, que pueden facilitar o entorpecer las indagaciones y condicionar sus futuros resultados.


¿Legítima defensa? ¿Exceso? ¿Corrupción? ¿Desligitimación y eliminación violenta de toda disidencia ideológica y política? ¿Imposición forzosa del discurso único elaborado por el Poder, obedecido por el Gobierno y defendido (con liberada saña y crueldad) por las fuerzas de seguridad? Discusiones de fondo que aparecen cruzadas e intervenidas por el discurso autojustificatorio de “Protección de la República”. Máscara estratégica que hace de la administración de Justicia una entelequia discursiva que protege a los victimarios y expulsa a las víctimas. Principalmente, cuando se trata de trabajadores, estudiantes, jubilados, inmigrantes y cualquier otro sector movilizado por la protesta social. Je suis Grillo.
Fernando Ariel García

martes, 14 de abril de 2026

TENIENTE LINYERA: NO LOS HEMOS DE OLVIDAR

Teniente Linyera. Director: Fabián Benítez. Protagonistas: Gonzalo Giménez, Marianella Baratucci, Lautaro Aguilar, Loren Acuña, Enrique Bogado, Mauricio Paniagua, Cristian Salguero, Flavio Franco, Fabián Benítez, Daniel Ramírez, Andrés Dutra, Mariano Silva. Guionista: Jonathan Del Giorgio. Sobre una idea original de Fabián Benítez. La Cuna Producciones / Blasé / Actores de Villa. Argentina, 2025. Estreno en la Argentina: 2 de abril de 2026.


Coincidiendo con el 44º aniversario del inicio de la Guerra de Malvinas,Teniente Linyera al fin se pudo estrenar comercialmente en la cartelera local. Más allá de lo que piense sobre la película de Fabián Benítez, celebro que la obra pueda llegar al público con su propuesta concientizadora, su mensaje reivindicatorio de los colimbas que fueron a pelear y a morir en el frío distante del Atlántico Sur. Por una causa justa. Y por una criminal apuesta política de la última Dictadura, jugada con tanta negligencia como desaprensión por la vida de sus ciudadanos.


Basada en hechos reales que el propio Benítez fue recabando en su Misiones natal, el film va y viene en el tiempo, alternando el presente y el pasado de un joven como tantos que, a sus 18 años, fue llevado a las islas. Hay acciones en el campo de combate, pocas pero definitorias, porque lo importante pasa por su experiencia en la posguerra. Durante la larga desmalvinización que imposibilitó la reinserción de muchos (muchísimos) veteranos excombatientes en sus previos entornos familiares cotidianos, que determinó el injusto abandono social al que fueron sometidos durante demasiado tiempo. No los hemos de olvidar, sostiene la película. Y me permito sumarme a ese imperativo moral y ético.


Dejando lo importante de lado; y metiéndome estrictamente en lo cinematográfico, Teniente Linyera está hecha con un presupuesto acotado pero capitalizado con excelencia. Está filmado y actuado con carnadura real, con conocimiento de causa y mucho respeto. Denuncia con altura y sin golpes bajos, enuncia realidades conocidas y difíciles de tragar, por el estrago que ya causó el desamparo y la larga falta de atención institucional. Tiene una carga emocional tan potente como empática, pero que queda encapsulada dentro de la pantalla.


Al menos en mi experiencia personal, porque nada de todo lo que pasa en la trama me llegó a conmover. Supongo que por el ruido que me generaron la concatenación de algunos hechos, demasiado forzados a mi entender. Y la poca naturalidad de gran parte de los diálogos, más cercanos a la sentencia discursiva que a la sinceridad narrativa. Pude ver la verdad detrás de cada fotograma, sólo no me funcionó el verosímil.
Fernando Ariel García