jueves, 26 de abril de 2012

LAS MÁS GRANDES HISTORIAS DE SUPERMAN JAMÁS CONTADAS

Si no fuera por un pequeño detalle, el faltante arte de Curt Swan, esta historieta sería perfecta. Para quien no esté al tanto de la historia editorial de Superman, basta con saber que Swan fue el dibujante icónico del Hombre de Acero durante la década del ’70, definiendo el tono y el estilo de las aventuras en cuatricromía del máximo superhéroe de todos los tiempos. Y como Swan está muerto, no hay forma de que este cómic de Alan Moore (guión) y Erik Larsen (dibujos) haya podido salir mejor de lo que salió.
Sí, ya sé. El muchachote de blanco y capa roja que está en el dibujo de arriba parece Superman pero no lo es. Eso es lo que piensan ustedes. El muchachote de blanco y capa roja que está en el dibujo de arriba es Superman, aunque no lo parece. Hagamos de cuenta que se llama Supreme, una copia berreta del Último Hijo de Kryptón que Rob Liefeld patentó en Youngblood cuando Image Comics era el sello independiente que salía a pelearle los primeros puestos (creativos y comerciales) a Marvel y DC, a principios de los ’90. Convengamos que a nivel comercial, la batalla fue muy dura y pareja; pero a escala creativa, el Universo Liefeld (primero bajo el sello Image, después como Maximum Press, después como Awesome Entertaiment y ahora, otra vez, como Image) no se bancó ni un round. Salvo cuando el británico Alan Moore se hizo cargo de un par de series; y sobre todo cuando esa serie fue Supreme.
Al tomar la colección, Moore hizo lo único viable que podía hacerse: Prescindir de todo lo anterior, cuarenta números durante los cuales no había pasado nada interesante. Y haciéndose cargo de lo obvio, que Supreme es Superman, se puso a escribir algunas de las mejores metaficciones que se hayan publicado en este planeta. Porque además de una aventura superheroica de Supreme, cada una de las revistas de Supreme podía (y hasta debía) leerse como un estudio sobre la naturaleza de la narración secuencial, un ensayo sobre la historia de los cómics superheroicos estadounidenses; y una deconstrucción-reconstrucción de los mitos supermanianos básicos y claves de la llamada Edad de Plata. O sea, las aventuras de Superman mayormente dibujadas por Curt Swan, que los argentinos de más de cuarenta supimos leer en las ediciones mexicanas de la Supermán (así, con acento en la a) de Novaro.
Respetando los clichés setentistas, Superman/Clark Kent pasó a ser Supreme/Ethan Crane, dibujante del personaje Omniman para la editorial Dazzle Comics; Lois Lane pasó a Diane Dane; Jimmy Olsen a Billy Friday; el archienemigo Lex Luthor a Darius Dax; Lana Lang a Judy Jordan; Superchica a Suprema; el superperro Krypto a Radar, el Sabueso Supremo; y las kryptonitas de todos los colores al supremium de todos los colores. Con estas herramientas, Moore hizo de las revisiones periódicas de las continuidades internas de los cómics, material filosófico desde donde abordar temas como la existencia y la identidad. Pero, tras veintiún números (15 de la serie regular y 6 de la miniserie Supreme: The Return), debido al cierre de la editorial Awesome, la saga quedó sin su final publicado. Publicado, porque Moore sí lo había dejado por escrito.
Haciendo corto lo largo, ese final acaba de ver la luz; y se trata del Supreme Nº 63 que aborda esta reseña. Si ya leyeron todos los números anteriores, mejor, esta aventura cierra abriendo las puertas para el relanzamiento de la nueva serie regular de Supreme, a cargo de Erik Larsen. Si no leyeron todos los números anteriores, no importa. Como siempre en las metaficciones de Moore, el botón de muestra se sostiene por sí solo y, al mismo tiempo, exhibe la compleja trama de ramificaciones que ha ido consolidando. Eso sí, si no les gusta el Superman de los ’70, síganle de largo, porque en las relaciones de ida y vuelta entre los materiales descansa el mayor atractivo de los territorios conocidos como Supremacía y Daxia, manifestación física de los limbos a dónde han ido a parar las distintas versiones de Supreme y Darius Dax, dispuestas a entrar en conflicto bélico masivo.
Sabia conviviencia entre las perspectivas de los ’70 y el nuevo milenio, experimentación en base al intersticio en dónde se influyen y modifican la materia y la imaginación, historietas autoconcientes de su condición de historietas, en tanto creación artística y producto industrial. Las historias de Supreme son las mejores historias de Superman jamás contadas. DC podría tomar nota de esto; y hacer del original algo más que una mera copia.
Fernando Ariel García
Supreme Nº 63. Guión: Alan Moore. Dibujos: Erik Larsen y Cory Hamscher. Color: Steve Oliff. Portadas: Erik Larsen, Cory Hamscher y Rob Liefeld. Editor: Eric Stephenson. 32 páginas a todo color. Image Comics. ISSN: 70985301179806311. EE.UU., abril de 2012.

martes, 24 de abril de 2012

HEROE DE DOS MUNDOS

Nápoles, 2 de mayo del año pasado. Antes de la presentación de Memorie dell’Eternauta en la Scuola Italiana di Comix (http://www.scuolacomix.net), su director, el enorme Mario Punzo, me lleva a recorrer las instalaciones de la escuela en donde se están formando los nuevos y futuros valores de la historieta italiana. En uno de los ambientes de la institución, nos detuvimos frente a la muestra del Garibaldi de Tuono Pettinato (nombre artístico de Andrea Paggiaro), revolucionaria mirada sobre el militar y político que fuera figura protagónica del proceso histórico que culminó con la Unificación de Italia en 1861, cuyo cientocincuentenario se festejaba ese 2011 por toda la península, uno de los motivos que llevaron a Rizzoli Lizard a editar el Garibaldi que mis ojos no alcanzan a contemplar en toda su dimensión artística.
Buenos Aires, septiembre de 2011. El correo me trae el paquete que mi amigo Loris Tassi despachara desde Nápoles. Junto con las memorias de esos días y esos aires, me llega un ejemplar de Garibaldi. Resoconto veritiero delle sue valorose impresse, ad uso delle giovini menti, el libro que vi en todas las librerías que recorrí de Italia, salvo en la última a la que entré, en Milán, antes de abordar el avión que me traería de regreso a casa. ¿Por qué había esperado hasta último momento para hacerme de un Garibaldi? Por necedad humana, supongo. Para no andar cargando algo que siempre estuvo a la mano, salvo cuando quise comprarlo. No viene al caso, pero ya aprendí la lección. De ahora en más, la primera es la vencida.
Casi un año más tarde de haberlo visto en las paredes de la Scuola, termino la lectura de Garibaldi en la nocturna comodidad de mi hogar. Y tengo que decir que Mario Punzo se había quedado corto en sus loas hacia esta historieta. Garibaldi es irónico, surrealista, satírico, políticamente incorrecto. Pero estos calificativos no alcanzan para definir una obra que pasa por arriba de los canones conocidos, un grotesco pop que abreva en las aguas de Los Simpsons y Mel Brooks, el sentido del humor de la revista Mad y el tempo de la clásica comedia italiana, poblada de arquetipos prejuiciosos (y de prejuicios arquetípicos) que encarnan más de lo que simbolizan, cocidos a punto en un caldero gráfico que apunta a la gestualidad mínima (la necesaria para alcanzar el mayor efecto cómico), la expresividad desbordada y la paleta cromática de un universo creativo y personal, tan simple como anárquico, prácticamente inabarcable.
Relectura de la literatura escolar falsamente enaltecida, Garibaldi le falta el respeto a la Historia establecida. Aquí no hay lugar para hechos heroicos o altruistas, sino para las  ambiciones egocéntricas, los intereses personales, aquellas obsesiones privadas que buscan capitalizarse. Como si los personajes no estuvieran preocupados por hacer Historia, sino por ir viviendo de acuerdo a sus convicciones, como si la historia de la Unificación italiana no hubiera sido posible gracias a Garibaldi, sino más bien a pesar de Garibaldi. Algo que aparenta ser mucho más realista que la letra muerta de un manual.
Entre la leyenda improbable y el hecho documentado, sin preocuparse por la lógica del discurso histórico, Garibaldi muestra la utilización populista de las gestas independentistas, la intencionalidad con que se cuenta la Historia, con que se va construyendo el Relato. La necesidad ideológica de transformar al Hombre en prócer y al prócer en mito. Garibaldi aparece entonces como la perspectiva desde donde abordar las tensiones inherentes a todo proceso, sus marchas y contramarchas, las distintas visiones coexistentes sobre la misma revolución (la unificación a cualquier costo de Garibaldi, la estructura aristocrática liberal que promovía Cavour, la independencia de los Estados Pontificios defendida por el Papa Pio IX), la distribución de los viejos y nuevos privilegios que sobrevendrán cuando se modifique el status quo.
Especie de demente algo descerebrado y alegre, con tanto coraje como suerte, Garibaldi sólo sabe ir para adelante, sin mucha conciencia de lo que va dejando atrás. El héroe de dos mundos (así denominado por su participación activa en las luchas independentistas de Italia y la América del Sur, particularmente en el Brasil, el Uruguay y la Argentina) está lejos de la altura moral que se pretende para los Padres de la Patria, porque en realidad nadie la tiene. Al mostrarlos como hombres, Pettinato vuelve mucho más meritoria cada una de sus acciones, revalorizando aquello que los hizo excepcionales en su tiempo y su lugar, las ideas que los definieron, los valores que los identificaron, los por qué y para qué fueron haciendo lo que hicieron, dejando en segundo plano el qué y el cómo. Lo más notable es el natural entramado que logra al ensamblar la Historia como fue y la Historia como debería haber sido, generando sentido desde el imaginario estandarizado por la cultura de masas internacional, desde la más masiva (el spaghetti western de Sergio Leone y la saga de La guerra de las galaxias) hasta la más intelectual y específica (la tira diaria The Wizard of Id).
En su momento, dejé por escrito mi temor a que el Garibaldi de Tuono Pettinato quedara injustamente desconocido en la Argentina. Si estas líneas sirven para evitar que ello suceda, entonces esta Bitácora habrá servido para algo.
Fernando Ariel García
Garibaldi. Resoconto veritiero delle sue valorose impresse, ad uso delle giovini menti. Autor: Tuono Pettinato. Portada: Tuono Pettinato. 120 páginas a todo color. Rizzoli Lizard. ISBN: 978-88-17-04377-9. Italia, 2010.

LA SOMBRA SABE

Después de mucho, mucho tiempo, vuelven a aparecer esos ojos de llamas heladas, capaces de ver el mal que acecha en el corazón de los hombres. El sombrero de ala ancha que esconde el abismo que apenas podemos intuir. El abrigo que lo envuelve todo con las brumas de lo desconocido. La bufanda que prologa su risa demoníaca. Las dos automáticas que escupen balas de Muerte, balas de Justicia. Estamos en la Nueva York de 1938, una época de romanticismo y criminalidad, bisagra histórica que aguanta sobre sus espaldas todo lo que pasó mientras se apura por escribir los infiernos que vendrán, más rápido que tarde. A este mundo Art-Deco pertenece, por naturaleza, The Shadow (La Sombra), el héroe pulp que supo pasearse por la radio (personificado por Orson Welles), los cómics y el cine, con sensibilidad policíaca y/o superheroica, con mejores y peores resultados. Por lo poco que puede verse en este número debut de la serie regular editada por Dynamite, el irlandés Garth Ennis y el dibujante Aaron Campbell han dado en el clavo. Han vuelto a las fuentes. Y las han radicalizado lo necesario.

Ennis se ha hecho reconocido por la violencia extrema de sus ficciones, irreverentes, irrespetuosas y profanas, antagónicas a cualquier tipo de orden dogmático y establecido. Abordadas principalmente desde el humor negro, con ingeniosos diálogos que hacen avanzar la trama y delinean quirúrgicamente la psicología de los personajes y las relaciones interpersonales que entablan entre ellos. En este sentido, el universo de La Sombra pareciera caerle como anillo al dedo. La Sombra es una figura misteriosa y amoral, con una misión autoimpuesta por cumplir. Figura hegemónica en su concepción del poder, en el ejercicio desalmado de su posición dominante sobre el resto de los mortales. Frío y letal, inflexible con los enemigos y más inflexible aún con los amigos. Quizás porque no reconoce amistades, sino relaciones utilitarias con personas que, por distintos motivos, le están en deuda perpetua. Heroico y despreciable a la vez, es un hombre que no se permite la jactancia de los intelectuales, tal vez porque está al tanto de su destino.

Primera parte de una larga saga (se intuye), este relato sanguinario y grandguignolesco apunta a transitar las peligrosas calles del thriller de época, con enemigos japoneses y chinos (y, por qué no, alemanes) que, mientras representan la inhumanidad del horizonte bélico mundial, sirven para capitalizar las ramificaciones orientales que La Sombra guarda en relación con sus poderes y su conocimiento de lo oculto. Se explica poco, aunque se lo ve venir a pasos agigantados, la trama que arranca en las noches portuarias derivará (veremos cómo) en alguna misteriosa conspiración que pondrá al mundo en el puño de los nazis; y le tocará al héroe desmontarla a tiempo. O no. Lo que puede verse (palparse) en estas cortas páginas iniciales, es el clima. Y el clima está muy bien construido. Se percibe el peligro, se adivinan las lealtades y traiciones futuras entre espías y asesinos. Se sospecha de todo y de todos; y ahí reside gran parte de la gracia, del impulso que nos lleva a querer leer más. 
Fernando Ariel García
The Shadow Nº 1. Guión: Garth Ennis. Dibujos: Aaron Campbell. Color: Carlos López. Portadas: Alex Ross, Howard Chaykin, John Cassaday y Jae Lee. Editor: Joe Rybandt. 32 páginas a todo color. Dynamite Entertainment. ISSN: 72513018928800111. EE.UU., abril de 2012.

COMPENDIO DE SECRETOS SOMBRÍOS Y HECHOS ESPELUZNANTES

(Información de prensa) El nuevo libro de David Soares, Compêndio de segredos sombrios e factos arrepientes (publicado por Saída da Emergência), será presentado en la 82º Feria del Libro de Portugal, el sábado 12 de mayo a las 16:30 horas, en el auditorio de APEL. La presentación será realizada por el cineasta y escritor António de Macedo.
Compêndio de segredos sombrios e factos arrepientes es un libro de no-fición sobre el lado negro de la Historia, la Ciencia, lo Oculto y el Bestiario: un viaje erudito y sorprendente.


Pueden leer un extracto (en portugués) aquí:
Están todos invitados.

lunes, 23 de abril de 2012

UN HONOR

Desde hace casi 20 años, la Scuola Italiana di Comix de Nápoles, dirigida por Mario Punzo (http://www.scuolacomix.net/), viene marcando el ritmo en lo que a formación académica se refiere: Guión, dibujo, ilustración, coloreado, animación, diseño gráfico y un largo etcétera, a cargo de los mejores profesores, profesionales de la industria y colaboradores de prestigiosas editoriales como Bonelli y Soleil.


Además de los cursos, las aulas de la Scuola han servido de base para workshops, talleres y charlas con diversas personalidades del quehacer historietístico. Primeras figuras de la talla de Enrique Breccia, David Lloyd, Paolo Barbieri, Simone Rea, C.B. Cebulski, Stefano Argentero y Yoshiko Watanabe, entre otras, compartieron conocimientos y experiencias con un alumnado siempre activo y curioso. El año pasado, durante la presentación italiana de Memorie dell’Eternauta (http://labitacorademaneco.blogspot.com.ar/2011/06/memorie-delleternauta-tour-primera.html), tuve el privilegio de sentarme frente a ellos; y puedo dar fe esa actitud.
Y ahora, mientras paseo por internet buscando corroborar una información, me encuentro con este afiche de la Scuola Italiana di Comix, en donde han tenido la enorme generosidad de incluirme junto con las otras figuras mencionadas.
Un honor que, realmente, engalana mi ego.
Muchas gracias.

RETRATO DE BRIAN THE BRAIN COMO ADOLESCENTE

(Información de prensa) Ya está disponible Motor Lab Monqui. Retrato de Brian The Brain como adolescente, la nueva obra de Miguel Ángel Martín, a cargo de Rey Lear Editores.
Brian the Brain, el niño telépata y telequinésico con el cerebro a flor de piel, ha crecido. Ahora ya es un adolescente que, tras la muerte de su madre, vive en Biolab, el laboratorio de investigación donde sirve como cobaya junto al simpático mono Monqi. Su última y única amiga es Sinan, una chica que perdió los brazos y las piernas en una explosión y goza de unas sofisticadas prótesis de última generación.


Miguel Ángel Martín retoma de nuevo su personaje más popular, con el que consiguió en 2007 el premio al mejor cómic editado ese año en Italia. El solitario Brian, siempre marginado por sus compañeros de clase, se enfrenta ahora a la amenaza de ver mermados sus poderes mentales, como si la edad se convirtiera en otro enemigo más al que enfrentarse.



Brian The Brain

En palabras de Luis Alberto de Cuenca, prologuista de este volumen, Martín sigue la estrella moralista del “despiadado y, a la vez, entrañable Marqués de Sade de una forma dolorosa y cruel, pero también poética y tierna. De su obra se desprende una salutífera y refrescante enmienda a la totalidad que nos reconcilia con los despojos de nuestra propia miseria”.


Monqui

La esperada última aventura de Brian the Brain vuelve a mostrar el inquietante universo de su autor, narrado con la brillante calidad gráfica y literaria de Martín, uno de los creadores más interesantes y sorprendentes del cómic actual.


Sinan

En Vidas de Papel (http://www.vidasdepapel.com/es/especial/brian-the-brain/) podrás adquirir, por 99 euros, los bocetos originales de los personajes realizados por Martín para la edición publicada por Rey Lear. Junto a la ilustración original recibirás un ejemplar del libro Motor Lab Monqui. Retrato de Brian The Brain como adolescente.

Dr. Biolab


Para después de leer el libro, Miguel Ángel Martín les recomienda que vean y escuchen la canción que canta Brian aquí:
http://www.youtube.com/watch?v=DPNaa0Q2cdg&feature=related


Más información en:
http://www.martincomic.com/

jueves, 19 de abril de 2012

LEVANTATE, PONTE DE PIE

La primera vez que escuché a Bob Marley fue en octubre de 1988, mientras presenciaba el concierto por los derechos humanos de Amnesty International en Buenos Aires. En la apertura y el cierre del megarecital, Peter Gabriel, Sting, Bruce Springsteen, Youssou N’Dour, Tracy Chapman y los locales Charly García y León Gieco, entonaron, a coro, su Get Up, Stand Up como himno. Y remarco lo de la primera vez porque, si bien con anterioridad había oído algunas de sus canciones más exitosas, nunca antes les había prestado la debida atención, detenido en las formas del rockstar comercializado, hueco y frívolo exponente del “paz y amor” mercantilizado (las palmeras de la playa, el sol saliendo o poniéndose sobre las olas del mar, un ritmo pegadizo que invitaba a mover el cuerpo en el paraíso de la marihuana libre) quedando fuera del alcance de su esencia revolucionaria (una militancia activa en favor de la libertad y los derechos humanos; y la lucha que hay que dar para ganarlos). Esa noche, saltando en el césped de la cancha de River, conmovido y consustanciado con el clima de época, entendí de qué hablaba Marley.



Al encarar este No Reggae, No Cry (tercera entrega de la colección Tragedias del Rock), Diego Agrimbau y Dante Ginevra escogieron, acertadamente, la lectura politizada, la única valida para retratar una figura como la de Bob Marley. Y lo hicieron articulando el discurso del artista con los alcances simbólicos de sus acciones, yendo de las ideas panafricanas de una Etiopía capaz de galvanizar a todo el continente negro en una unidad religiosa, política y social.; hasta un estadío en donde el fin de los prejuicios y la opresión, de la segregación y la intolerancia, configuren una instancia superadora del color de piel de cada cual.



Particularmente, me atraen las biografías que, contando la vida del protagonista, logran articular hechos y circunstancias personales con la cosmovisión ideológica del tiempo y los espacios que a ese personaje le tocaron habitar, conformar y/o modificar. Que echen algo de luz sobre el feedback entre el Hombre y la Historia. La vida de Bob Marley, en ese sentido, pareciera ser ejemplar. Hijo de una relación interracial donde y cuando algo así era un sacrilegio. Descendiente de una raza esclavizada que conoció la ilusión de la libertad y el colonialismo como una continuidad difícil de romper. Miembro de una fe, la rastafari, que al conquistar el centro desde las periferias entronó al reggae como una experiencia filosófica antes que un fenómeno musical, una visión existencialista antes que un ritmo de moda. Hombre que cargó con la representación de las masas oprimidas, que hizo suya la lucha independentista, que le puso música a las palabras de los sin voz, abriendo las puertas de la percepción al perseguir nuevos niveles de sabiduría, buscando quebrar las cadenas físicas y espirituales que cercenan la libertad del cuerpo y la libertad del espíritu.


Por momentos específicos, cuando va desgranando los datos duros de la biografía, esta historieta se me hizo demasiado discursiva, limitada por el distanciamiento frío contagiado desde una visión enciclopedista. Por el contrario, al abordar los valores puestos a rodar por Marley, el cómic alcanza su máximo potencial, despliega sus alas y levanta vuelo. Traspasa el discurso, pone en evidencia aquello que resulta trascendente. El misticismo redentor, los lazos sociales y políticos que hermanan geografías alejadas, momentos distantes, rostros y esperanzas que hablan distintos idiomas pero expresan una misma voluntad. La de cambiar al mundo, paso a paso, canción por canción. Sin importar el peso o el tamaño del enemigo.
Sólo hace falta levantarse, ponerse en pie. Y nunca abandonar la lucha.
Fernando Ariel García


Bob Marley: No Reggae, No Cry (Colección Tragedias del Rock Vol. 3). Guión: Diego Agrimbau. Dibujos: Dante Ginevra. Portada: Dante Ginevra. Idea y producción editorial: Depeapá Contenidos Editoriales. 64 páginas a todo color. V&R Editoras. ISBN: 978-987-612-382-2. Argentina, marzo de 2012.

miércoles, 18 de abril de 2012

VIVIENDO EN LA FRONTERA

Hice la colimba en 1984, como uno más de los conscriptos de la primera camada de la recién retornada democracia. Por esas cosas del sorteo, me tocó Fuerza Aérea. Y después de tres meses de instrucción en la base aérea de Morón, mi destino final quedó afincado en la zona porteña del Bajo, muy cerquita de la Casa Rosada, en el Estado Mayor Conjunto, único organismo (al menos, en ese momento) con representación de las tres armas: Ejército, Marina y Aeronáutica. Inútil para toda tarea, caí en el equipo de Guardia, rotando cada dos horas (un día sí, otro no) por los puestos específicos que hacían a la seguridad del edificio: La garita de la puerta, el tanque de agua del techo y la puerta de los baños del personal civil.


Ilustración de Quique Alcatena (izquierda) y un recorrido gráfico por la historia del Cabo Savino (derecha)

Tanto en la instrucción como en el destino, la mayor parte de las horas las pasábamos en compañía de cabos, el grado más bajo que reconozca la jerarquía militar. No sé cómo será ahora, pero en ese entonces, en el reducido grupo en el cual me tocó moverme, el encono existente entre oficiales y suboficiales era notorio y público. La diferencia no sólo era jerárquica, sino que era (sobre todo) de clase. La mayoría de los oficiales eran descendientes de familias tradicionales y hasta patricias. La mayoría de los suboficiales no, por lo general se trataba de hijos de familias pobres y numerosas, que habían encontrado en la milicia una cama y un par de comidas diarias que aliviaran los gastos de la casa. Los cabos eran, por supuesto, suboficiales; y por ello, supongo, los oficiales solían tratarlos peor que a nosotros, basureándolos cada vez que tenían la ocasión, dejando en claro que valían menos que la mierda que pisaban sus borcegos.


En la historieta de Masaroli (izquierda), Savino se cruza con el Corto Maltés y Butch Cassidy; en la de Chelo Candia (derecha), con su destino

Será por eso que los cabos nos caían bien. Porque una vez perdido el miedo inicial al cuco del servicio militar, inmersos ya en el ritmo cotidiano de las tareas, los cabos se nos hacían uno más, nos volvíamos compinches y hasta confidentes. Muchas tardes muertas las pasábamos tomando mate, contándonos viejas historias familiares que hablaban de amores, de pérdidas, de ilusiones, de sueños postergados, de esperanzas por alcanzar, de opciones en la vida y de una vida de imposiciones.


En el libro, Savino se cruza con diversos personajes de la historieta argentina: Paja Brava, Nekrodamus, Lindor Covas, Capitán Camacho, El Huinca, Fabián Leyes, Martín Toro, Inodoro Pereyra y Pehuén Curá, entre otros

Estas experiencias me ayudaron a descubrir (y disfrutar) de los distintos niveles de lectura que presenta El Cabo Savino, creación de Carlos Casalla que era el principal referente de la historieta gauchesco-militar de la Editorial Columba (El Tony, D’artagnan, Fantasía, Intervalo, Nippur Magnum). Más allá de la diferencia que marcaba el trazo de Casalla, Savino era distinto al resto también por una cuestión ideológica. El indio no era el malo a derrotar. Podía ser un antagonista, en el peor de los casos, pero nunca una criatura inhumana que mereciera ser aplastada. De hecho, más de una vez, Savino no tenía muy en claro de qué lado estaba parado. O lo tenía demasiado claro; y por eso iba de un lado al otro de la frontera. No era veleta, defendía sus convicciones con el cuero antes que con la espada.


Cabo por siempre también incluye una semblanza de su creador; y un episodio inédito de la tira diaria Cabo Savino que Casalla viene realizando desde 1992 para el diario Río Negro

Y esta idea de frontera como zona gris, como punto de unión en dónde se disuelven las diferencias, está permanentemente presente en Cabo por siempre, el libro homenaje al Cabo Savino y a Casalla que, en realidad, es un número especial de La Duendes. Gran número, dicho sea de paso, que recupera ese complejo entramado de sentidos que supo tejer Casalla, solo o acompañado por otros guionistas. Todo lo que cuentan las historias incluidas, además de las variaciones del relato propiamente dicho, van construyendo un discurso metalinguístico que refiere al personaje icónico del noveno arte argentino, al autor mítico y al género gauchesco en el que se inscribe gran parte de su obra. Y lo hace, además, con una poderosa visión territorial patagónica, región en dónde transcurren las aventuras, terruño en donde vive y habita Casalla; y hogar de la mayor parte de los autores que componen el colectivo de La Duendes, acompañados aquí por el propio Casalla, luminarias de la talla de Domingo Mandrafina, Quique Alcatena, Horacio Lalia, Alfredo Grondona White y Osvaldo Laino; y referentes savineros como Jorge Morhain y Ray Collins.


Realidad y ficción: El encuentro con Savino llevará al escritor Eduardo Gutiérrez a encarar su obra más famosa, Juan Moreira

Las historietas y las ilustraciones entablan diálogos entre la realidad y la ficción, lo épico y lo cotidiano, lo artístico y lo industrial, lo elitista y lo popular, la tradición y la modernidad. Se revisita la gauchesca desde el humor, el horror, el drama, el misterio. Al cerrar el libro, el lector habrá transitado un proceso de revalorización cualitativa que, prácticamente, despega al Cabo Savino de la impronta industrial asociada a Columba hasta incorporarlo al canon artístico de la producción cultural. El ascenso que el personaje nunca vivió en el papel, hecho realidad en el plano simbólico.
Y está bien. Después de todo, la dignidad nunca fue cuestión de charreteras.
Fernando Ariel García


Cabo por siempre (La Duendes Nº 11). Autores: Fer Gris, Fernando Damián Bravo, Osvaldo Laino, Héctor Reinna, Camilo Triana, Guillermo Ortiz, Toto, Alfredo Grondona White, Oenlao, Kewois, Daniel Varela, Alejandro Aguado, Carlos Martínez, Santiago K, Nehuen Defossé, Taro Defossé, Gaspar, Germán Cáceres, Marcelo Pont, Edmundo, Pablo Barbieri, Henry Díaz, Serafín, Jorge Morhain, Omar Hirsig, Mariano Antonelli, Ray Collins, Sergio Castro, Horacio Lalia, Felipe Ricardo Avila, José Masaroli, Chelo Candia, Matías Santillán, Daniel Mendoza, William Gezzio, Pablo Barbieri, NRG, Quique Alcatena, Taro, Mandrafina y Carlos Casalla. Portada: Serafín. Editor: Alejandro Aguado. 106 páginas en blanco y negro. La Duendes. ISSN: 1851-0639. Argentina, febrero de 2012.

HOMENAJES A MOEBIUS


Jason


Dave Taylor



Thierry Martin



Rubén Pellejero



Enrico Marini



Cameron Stewart



Chris Weston



Rafael Albuquerque



Todas las ilustraciones fueron tomadas del sitio web http://www.humano.com/
Más imágenes en:
http://labitacorademaneco.blogspot.com.ar/2012/03/in-memoriam-moebius-1938-2012.html

lunes, 16 de abril de 2012

CIEN AÑOS NO ES NADA

Ayer se cumplieron cien años del hundimiento del Titanic. Un siglo desde que el más grande transatlántico en servicio del mundo llenara sus entrañas de agua helada, tragándose a más de 1.500 personas, ahogando los sueños de llegar a Nueva York en su viaje inaugural. Grande, tonto y desalmado, el Titanic devino metáfora notable de un modelo que ahora mismo pareciera estar yéndose a pique. Una soberbia historia de la soberbia humana, perfumada con gotas de honor y gloria que el tiempo terminó marchitando. Momento ideal, entonces, para la relectura de Titanic, fenomenal recreación de época que Attilio Micheluzzi (1930-1990) firmó en 1988 para las páginas de la prestigiosa revista Comic Art. Una obra a color que la italiana Lizard Edizioni recopiló diez años después; y que la francesa Mosquito acaba de recuperar en glorioso blanco y negro, aprovechando la efemérides para potenciar la belleza de esos trazos moldeados bajo el canon del Arte Decorativo.


Nueve años antes que James Cameron, Micheluzzi se dio cuenta de que lo más notorio de la historia del Titanic era materia conocida y reconocida por el mundo todo, que los fantasmas del mastodóntico buque sólo cobrarían la importancia del sentido dramático si una trama atractiva y atrapante venía montada sobre su cubierta. Y a diferencia de Cameron, que optó por volcarse a una historia romántica de proporciones épicas, el historietista italiano dotó a la tragedia de contenidos sociales al afrontar la lucha de clases, haciendo del Titanic la síntesis de una concepción política, la representación de un interesado orden instaurado, la expresión andante de un mundo dividido en primera, segunda y tercera clase.


Recorriendo el camino que va del propietario al proletario, el Titanic de Micheluzzi habla de lo cierto y lo falso como un juego de espejos donde la impunidad del dinero opera como idea corporativa de inmunidad, la apariencia cobra valor moral, la extorsión se impone como moneda de cambio, el dinero devine enfermedad social al promover el sentido financiero de la existencia. La política aparece ocupando el centro de la escena, elevada a la categoría de articuladora de la gran farsa capitalista. Y en el extremo opuesto, apoyado en el voluntarismo surgido del compromiso ideológico, el anarquismo como último bastión de la dignidad humana, como referente de la lucha contra las injusticias del mundo, haciendo volar los símbolos del enemigo con bombas reales, con atentados terroristas que deben ser leídos como proclamas políticas.


Historia policial con desolados apuntes amorosos, el cómic sigue los pasos de varios tripulantes con diversos (y encontrados) intereses. Entre ellos, los de un anarquista sobreviviente de las huelgas y revueltas populares de la Semana Trágica catalana de 1909, que había dejado un saldo de 78 muertos, medio millar de heridos, la represión y detención arbitraria de (al menos) 2 mil personas, la clausura de los sindicatos y el cierre de las escuelas laicas. Pero lo más importante recae en los sentidos cargados sobre el Titanic, fruto de una innecesaria carrera empresarial que sólo cree en el valor de las posiciones dominantes, excéntrico símbolo de un prostituido progreso científico y tecnológico que privilegia los privilegios de clase por sobre la igualdad social, el precio del lujo cobrado en vidas humanas, las vidas que el modelo aún considera descartables.
En el fondo del mar, cien años después, la lucha continúa.
Fernando Ariel García



Titanic. Autor: Attilio Micheluzzi. Portada: Attilio Micheluzzi. 80 páginas a todo color. Lizard Edizioni. ISBN: 88-86456-51-4. Italia, 1998.


Titanic. Autor: Attilio Micheluzzi. Portada: Attilio Micheluzzi. 84 páginas en blanco y negro. Mosquito. ISBN: 2-35283-076-1. Francia, abril de 2012.